Los sectores asalariados en el mundo, en especial en América Latina, vienen sufriendo la consecuencia de la crisis mundial.  En Estados Unidos y Europa luce más aguda. Es que la crisis general y la crisis cíclica, se han agudizado en extremo por el Covid 19 y, más adelante, por la guerra en Ucrania. De allí la elevación de los precios del petróleo, del gas y de los alimentos. Hace días, la nación norteamericana anuncio la caída en 0,2 del PIB por su segundo trimestre consecutivo, que la ubica en una recesión técnica,   en el contexto de una inflación de 9,1% que tiene este país.

Frente a este hecho la Reserva Federal (FED), Banco Central,  ha elevado las tasas de interés. Esto significa que deja de ser barata la divisa norteamericana ya que  la FED había mantenido el costo del dinero casi en cero desde el inicio de la pandemia de covid-19 y con ello busca realizar una política económica antiinflacionaria.

Este aumento de las tasas incide en el encarecimiento del crédito, en especial en los países con deuda externa en esa divisa. Además encarece el valor de las exportaciones al hacer más caro este signo monetario, que lleva a la vez, a la devaluación de las monedas nacionales tal como ha sucedido en Europa con el Euro y en América Latina en países como Colombia, Chile y con mayor intensidad en Argentina. Luego, se agrava el problema de su deuda externa y el cumplimiento de los acuerdos frente al Fondo Monetario Internacional. Lo que, a su vez, repercute en los profundos problemas que tiene actualmente Panamá por la protesta generalizada de los sectores obreros y sindicales. Asi como las condiciones de esclavitud moderna que sufre, con salarios paupérrimos con el fin de favorecer los intereses del imperialismo chino.

En el capitalismo, la política anticrisis se orienta hacia la reducción de la caída de la tasa de la ganancia. De allí orientaciones fundamentales como: reducción del salario real, incremento de la sobre explotación, precarización  del empleo,  aumento de la tasa de desempleo. Todo lo cual se traduce en que el peso de la crisis cae sobre los hombros de los trabajadores. Lo cual se afianza con el aumento y deterioro de los servicios, de la comida y la negación de los derechos a la salud, educación, entre otros. Esta es la causa de las protestas en todo el mundo, parejo al aumento de la pobreza.

El caso  de la inflación que padecen las naciones bajo la hegemonía del capital financiero, empobrece a los trabajadores y al pueblo en general. Es un mecanismo expedito para extraer más plusvalía, lo que aunado con las proyecciones de una caída de la economía mundial, al pasar de un 5,7%  en el año 2021 a un crecimiento de 2,9% en el presente año, de acuerdo con el Banco Mundial con posibilidades de una estanflación, es decir estancamiento económico con inflación, llevara a deteriorar cada vez más las condiciones de los trabajadores a escala mundial.

Esta crisis conduce a un incremento de las contradicciones interimperialistas por el control de los mercados y las fuentes de materias primas. Estados Unidos viene mostrando una mayor agresividad frente a China, desafiándola en el plano político, económico y militar. Apoyándose en una política proteccionista, por lo que aprueba una ambiciosa legislación para fortalecer la industria de EE UU para reducir la dependencia estratégica frente a China.

En este sentido, el Senado estadounidense  aprobó  en el  mes de Julio de 2020 una ley de política industrial, la más importante en décadas, con medidas por valor de 280.000 millones de dólares (unos 274.000 millones de euros) para frenar la competencia de Pekín y dotar de autonomía estratégica a su industria, que responde a la necesidad de desarrollar una ventaja tecnológica frente al rival asiático. En la fabricación de microprocesadores, por ejemplo, cuya escasez ha retrasado repetidamente la producción en sectores como el automovilístico.

Asimismo, este plan estratégico se centra en invertir fondos federales en I+D+i, para impulsar la industria (incluyendo la militar) y la economía interna. También se plantea  el plan gubernamental crear miles de puestos de trabajo en sectores punteros, toda vez que, si bien, en comparación con años anteriores ha habido un aumento del empleo en general en este año, en el sector industrial viene en caída.

A la vez este plan contempla 52.000 millones de dólares en subsidios y créditos fiscales adicionales a las empresas que fabrican microprocesadores en Estados Unidos. Evidencia clara de la política proteccionista y de que la globalización para el imperialismo estadounidense es cosa superada.

Sin embargo, los chinos no se quedan atrás y han reactivado  el BRICS conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica como parte de la estrategia de proteger a uno de sus integrantes: Rusia, frente a las sanciones y el bloqueo financiero, lo cual sirve, además, para ratificar la hegemonía china en el mundo.

Frente al sistema financiero mundial liderado por Estados Unidos se ha planteado en su última reunión de este año 2022 la integración de más países en el sistema financiero del BRICS, teniendo en el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), un importante promovltor de la reactivación económica y el desarrollo global.

Cómo vemos, esta crisis del capitalismo mundial atiza las contradicciones interimperialistas, lo que lleva a una lucha por el control de los mercados y la disputa de territorios, con consecuencias de mayor inflación, miseria y desempleo para los trabajadores y asalariados del mundo. Por lo que cobra más vigencia la consigna: “proletarios del mundo unios”, para enfrentar la sobreexplotacion y levantar la lucha por una nueva sociedad que beneficie a  las mayorías explotadas y en función del desarrollo nacional donde los trabajadores sean el eje conductor de la transformación.

 

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