A propósito de la internacionalización del precio de la gasolina, cobra pertinencia el debate acerca de la naturaleza de la política económica del chavismo y en particular la de Maduro. Se desprende de este debate, lo que debe ser una política económica alternativa.

Como es de esperarse, respecto de esta medida, los liberales quedan un tanto confundidos y muchos saltan a afirmar que se trata de una medida tardía, que debió de hacerse antes. Otros, sin embargo, se ven obligados a hacer maromas. En cualquier caso, Maduro ha sido consecuente con todas las medidas que venían recomendando los liberales. El resultado, mejor imposible, para darle un tinte cinematográfico.

Son muchas las evidencias de que se trata de una política contingente inscrita dentro de la perspectiva liberal, neolilberal como se ha dado en llamar. Cómo sacarle a la gente los dólares que les faltan al gobierno.

Algunas de las cuestiones que presionaron en esta dirección son las atinentes al destrozo que hicieron de la industria petrolera. Dejando a un lado la corrupción, según muchos, es el más grande desatino en la historia latinoamericana. La piratería y la ineficacia se llevan en buena medida este resultado destructivo. No podía ser otra la consecuencia con la colocación en cargos directivos de gente afecta a uno que otro capitoste del régimen. De Maduro, de Cilia, de Diosdado o de Padrino. Seguramente en sus áreas profesionales no serán tan malos, pero en petróleo parece que saben poco. Aunque en realidad estuvieron allí para otros fines: canalizar las riquezas y dineros hacia mejores manos. Realmente resultan sorprendentes estas cuestiones: corrupción, ineficacia y vandalismo, se unieron para destrozar la industria. No fue el bloqueo. Ahora es cuando en algo puede afectarlo. Pero el daño estaba hecho hace mucho.

Habiendo quedado desmantelada buena parte de la industria, dada la crisis para la producción de gasolina, no les queda de otra que recurrir a negocios en los cuales pierde mucho la República. Pagar con oro o recursos minerales en vez de colocarlos en el mercado, mientras producimos petróleo y gasolina, resulta mejor negocio. Pero no, la cosa la llevaron al extremo. En el ínterin, a más de uno le quedó algo, producto de la mordida. Por lo pronto muchos guardias nacionales se hacen de jugosos ingresos vendiendo gasolina subsidiada a precio internacional.

Habiendo ubicado la razón real del origen del problema, veamos lo del precio exorbitante en el que colocan el de la gasolina, y de allí la naturaleza de la medida. La política económica que la orienta. Absorber los dólares y cubrir buena parte del presupuesto de ingresos va a sumar a un hecho incontrovertible de cara a los números. Y es que el presupuesto de ingresos se configura mediante lo que le saca el gobierno a la gente por la vía del Impuesto al Valor Agregado y otros tributos. Es muy poco lo que percibe el fisco como resultado del impuesto sobre la renta. ¡Ahora el petróleo eres tú!

Además, ubiquemos que para este año el fisco no recibirá ingresos por concepto de la venta del crudo. La caída de los precios, de la producción y el pago de la deuda con China, conducen a que lo que se coloque en el mercado no redundará en ingresos al erario. Pero allí está la sabiduría del gobierno, sacarle aún más del bolsillo a los venezolanos, dada la debacle petrolera.

Necesario reiterar, se trata de una política y una medida que buscan sacar del bolsillo de la gente para cubrir en algo el presupuesto de ingresos. Eso debe quedar claro. Pero poco hacen para reactivar el aparato económico.

Los dólares que reciben los empleados y obreros de la empresa privada; los beneficios de los equipos gerenciales de las grandes empresas y sucursales de empresas extranjeras; los que perciben quienes ejercen libremente sus profesiones y oficios diversos, ya dolarizados, todos; las remesas, entre otros, en buena medida pueden ser absorbidos por la genial medida del gobierno. A los empleados públicos no les puede sacar nada porque ganan con base en el salario mínimo. 5, o 10 salarios mínimos deben dar para un tanque de gasolina al mes. Para nada le importa al gobierno el efecto que tendrá en la estructura de costos y sus consecuencias en los precios. Nada le importa que eso conducirá a que los más pobres sufrirán más.

La gasolina, entregada gratis a los transportistas les permitirá trasegarla al mejor postor. Para qué cargar pasajeros si más gana vendiendo la gasolina a un cuarto de dólar o a unos centavos de dólar. Precio de remate, pues. Ya sabemos de la ética de buena parte de los transportistas. Sabemos del talante moral de quienes no logran entender siquiera que prestan un servicio público. Aunque no es su exclusividad. Es la ética del mercado.

Que los chavistas no vean esto refleja su grado de irracionalidad. Mientras menos ven más irracionales son. Más oportunistas, también. Los hay cómplices, porque medran. Son diferentes tipos de chavistas que no ven la cosa. Repiten la especie de que es el resultado del bloqueo.

Por muchas maniobras que haya, la tendencia ya está dada. La gasolina va camino a precio internacional. La tendencia será la dolarización. El subsidio durará un tiempo, tal como insinúan Maduro y sus secuaces. Mientras, los pendejos, diría Don Arturo Úslar Pietri, tienen que hacer inmensas colas para obtener al final del día, luego de más de 12 horas, la noticia de que la gasolina se acabó. Esa es la tendencia.

El incremento de los precios en todos los bienes y servicios viene. Y viene con furia. Luego de lo cual, quedará buena parte de la ciudadanía en unas condiciones tales que bien pudieron haber servido de inspiración a Víctor Hugo, quien narrara de manera muy plástica la miseria del París de sus tiempos. O de Emile Zolá en Germinal. No es que antes no hubiese hambre. Pero vamos en camino de alcanzar una escala de miseria impensable en un país de tantas riquezas.

Política económica y corrupción

A ese cuadro nos ha llevado el chavismo. Queda claro que no ha sido solamente la política económica (PE). En su oportunidad se deberá hacer el ejercicio para determinar cuál de estos dos aspectos incidió más en este resultado, la PE o la corrupción. Difícil establecerlo. Para muchos ha sido la corrupción. Retumba la afirmación del profesor Héctor Malavé Mata, en su libro Los extravíos del poder, según la cual el cohecho se convirtió en un mecanismo de la acumulación capitalista en Venezuela. Pero se refería ese gran venezolano a la corrupción durante el bipartidismo. Ésta es mucho mayor y parece que si bien sirve a la acumulación también ha facilitado, como nunca, la ostentación y la vida en extremo suntuosa, mientras se destruye el aparato productivo. Aprenden rápido los chavistas. Les gusta la cosa buena. Debemos reconocer, además, que la democratización de la corrupción mina la sangre de todo el organismo social y sus instituciones. Con el aliciente que supone la unción desde el poder del acto delictivo.

En 2013 no había mayores sanciones. Pero sí había mucha corrupción. No había sanciones pero sí mucha ineficacia e ineficiencia. No había sanciones pero descuidaron el tendido eléctrico nacional. No había sanciones a las cuales achacar el desastre.

Ahora bien, la PE tiene un peso cuya ponderación es factible establecer. Organismos internacionales han señalado sus alcances. Han medido la caída de PIB, luego reconocida en buena medida por el gobierno, así como la inflación. Tiene Venezuela la primera posición en el mundo tanto en inflación como en decrecimiento. Según el FMI la caída entre 2013 y 2019 fue de 70%.

Por eso la PE no siempre construye un tantico mejor futuro. Eso de que la PE busca controlar la economía, en el caso venezolano ha sido un total fracaso. Además, hay políticas erosivas que conducen a un país a que se profundicen los problemas. Aunque, hay políticas que permiten fabricar fabricantes con sentido nacional, la de Venezuela que ha sido un continuo desde 1989, encontró en el chavismo otros elementos que llevaron a un país de tantos recursos a la ruina. Buena parte de los fabricantes, empresarios y trabajadores, fueron afectados sensiblemente. Al menos la inmensa mayoría de venezolanos fueron llevados a la ruina.

La política económica del gobierno profundizó lo iniciado por CAP II. Sustitución del producto nativo por la importación. Con eso llevaron a la quiebra a muchos empresarios y sectores de la producción. Otros se cambiaron. Suena el caso de los textileros que se pasaron a importadores. Afianzar la producción petrolera para nutrir las arcas con el negocio y el destino de buena parte de los recursos a importar. La inversa de aquello de sembrar el petróleo. Liberalismo en toda regla. Ninguna protección de la producción nacional. Mayores facilidades a los importadores.

Junto a lo cual una política social de dádivas para crear demanda interna para el producto importado. Además, la guinda, controles para derruir la producción nativa. Le resta competitividad a lo nacional mientras, hace más competitivo el producto importado. Muchos economistas, por ignorancia o por razones ideológicas llamaron esto comunismo. Pero no, es liberalismo puro.

La alternativa

La política económica alternativa, nada socialista, no puede ser otra que la del conjunto de medidas y orientaciones en función de producir fabricantes. Convertir a Venezuela en una gran fábrica de fabricantes. Así, los trabajadores bien formados, alimentados y con buenos servicios, junto con las empresas del Estado y privadas, resumen a los productores. Los principales fabricantes son los trabajadores, el empresario invierte sus capitales para revalorizarlos. Las empresas del Estado deberán ser reformuladas en función de incrementar la producción y la productividad.

Las empresas, todas, pueden encontrar todas las condiciones para recuperarse. Contar con un mercado interno en proceso de recuperación. Obreros y trabajadores, sectores profesionales, la gente toda, viendo incrementar su poder adquisitivo dado el crecimiento económico, estimulan la oferta. Estimulan la producción.

El sentido nacional es fundamental para alcanzar las metas en el corto y mediano plazo, en el que se irán echando las bases para la diversificación. En la primera etapa se producirá para atender lo más urgente en alimentos y servicios básicos. Todo, nueva ética mediante.

Una fábrica de fabricantes que, inscrita en las contradicciones entre las grandes potencias por hacerse de todas nuestras riquezas, sepa aprovecharlas y alcanzar las metas propuestas. De allí que un nuevo gobierno debe conducir a una nueva PE. Nacional y popular. Afortunadamente los dogmas liberales parecen estar de capa caída. A menos que, como sucede con los chavistas, prevalezca la irracionalidad y a algunos se les ocurra fórmulas neoliberales como eso de incrementar el sobreendeudamiento y la privatización de las empresas del Estado.

Publicado en El Pitazo, 8 junio 2020

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