Los sucesos en Palestina y su impacto planetario adquieren un nuevo carácter. La ofensiva del lado palestino es la nota que resalta en las primeras de cambio. La contraofensiva israelí cuenta con la avanzada de su artillería pesada de los medios de comunicación, que tergiversan los hechos hasta donde puedan. Ya recibido el impacto, la respuesta sionista adelanta la nueva etapa desproporcionada, como era de esperarse. Muestran su saña de manera virulenta, clara y desbocada contra el pueblo palestino. Aprovecha la acción de los grupos armados palestinos, para producir crímenes de lesa humanidad como lo fue el bombardeo de un hospital que deja más de 500 muertos, una iglesia con cientos de muertos. A la fecha más de 6 mil muertos.

Durante décadas, Israel viene cometiendo ese tipo de atrocidades sin ser cuestionado por el imperialismo mundial. Particularmente los bloques occidentales apañan a Israel. El imperialismo ruso, por lo pronto, se hace de la vista gorda. Algo parecido hacen los chinos, lo que no supone que apoyen a Israel.

El primer capítulo —sobre la mediática en favor de Israel— fue de tal magnitud que conduce a que incluso gente avisada diga cosas que ve que no son ciertas. La gráfica o el video, acompañadas de afirmaciones intencionadas, conducen a que se confirman cuestiones nada corroboradas. De eso saben los sionistas y los medios a su favor. De Hollywood tienen bastante apoyo. Desde siempre.

Además, se entroniza la idea de que el ataque fue a Israel. Aunque se trató, principalmente, de zonas palestinas ocupadas por colonos. Se pone en evidencia que se le asignan a Israel las zonas colonizadas. Es que desde hace décadas Israel viene usando la política de colonización para expulsar a los palestinos de sus tierras. Apoyados por el ejército y bien armados, cometiendo muchas atrocidades, los colonos derriban las viviendas a las familias palestinas y edifican urbanizaciones amuralladas. Muchos de los colonos fueron financiados por el grupo Rothschild, que les permite asentarse en esas tierras ajenas.

Los medios de comunicación han querido entronizar la victimización de los israelitas. Pasados los efectos de la primera ofensiva y ya adelantada la criminal ofensiva militar, las manifestaciones en el mundo entero, en favor de Palestina y en contra del terrorismo israelí, se hacen sentir. Opinar respecto de un hecho histórico tan controversial obliga a analizar algunas cosas de manera rigurosa.

Se remacha la idea de que el asunto comienza con el terrorismo de Hamas. Quienes así afirman no se detienen en ubicar el interés israelita de colocar a Hamas como el contrincante. En realidad, son varias organizaciones las que se coaligan para esta ofensiva desde Gaza. Una acción con sentido unitario en defensa de la patria y el pueblo palestinos cobra todo el sentido, luego de décadas de terror sionista por borrarlos de su tierra prometida. O se van, o mueren. En las últimas semanas anteriores al 7 de octubre, habían sido asesinados cerca de 200 palestinos por fuerzas israelitas, en la realización de la política de colonización de las tierras palestinas.

Acerca del Estado de Israel

Más allá del espíritu judío, existe el propio del sionista. Ambas cuestiones están emparentadas. Sin embargo, son un tanto excluyentes. Por ejemplo, los judíos ultraortodoxos (principalmente) no comulgan con la idea del Estado israelí. Pero el espíritu que se nutre de los usureros —de los judíos europeos, particularmente de los asquenazíes, de quienes están emparentados los Rothschild— se impone. Con ello, el sionismo, en tanto fundamento del Estado de Israel, le brinda el carácter racista, a partir de la idea dominante de no cruzar la sangre con gentiles. Lo que explica que la mayoría parlamentaria y de integrantes del aparato de Estado pertenezcan a esta corriente. Los fundadores del Estado de Israel eran asquenazíes, comenzando por Ben Gurion.

Ésa es la perspectiva que se brinda a la construcción del Estado de Israel y que explica cuál es el objetivo manifiesto del espíritu sionista: ¡apropiarse del territorio palestino! Eso explica las posiciones entre las distintas sectas judías. Desde la perspectiva de los asquenazíes, el Estado republicano totalmente laico es adverso a sus intereses. Durante siglos se realizaron, de manera más plena, bajo el cristianismo, que permitió al usurero un mayor mercado. Como indica Marx: “El cristianismo es el pensamiento sublime del judaísmo, el judaísmo la aplicación práctica vulgar del cristianismo, pero esta aplicación sólo podía llegar a ser general una vez que el cristianismo, como la religión ya terminada, llevase a términos teóricamente la autoenajenación del hombre de sí mismo y de la naturaleza”. Los asquenazíes, por ejemplo, resumen buena parte de ese espíritu que plasma Shakespeare en El mercader de Venecia, en el personaje de Shylock.

Los judíos, por diversas circunstancias históricas, se fueron dedicando a la usura, el comercio, las artes y las ciencias. A pesar del rechazo de siglos, siempre fueron los acreedores y comerciantes de las clases dominantes en territorios cristianos. Se va labrando un espíritu alimentado por las flexibilidades de la Tora, en relación con la usura, por ejemplo. Además de ese principio de preservación de la vida a costa de lo que sea.

Por eso, el Estado de Israel no se ha emancipado de la religión judía. Lo que explica que no cuenten con una Constitución desde su fundación como Estado. Predomina la tendencia teológica sionista. No podía ser de otra manera. Por eso priva la idea de que no requieren de Constitución porque “la máxima ley nunca debe ser terrenal”. Privan las leyes básicas de la Torá, el Tanaj, el Talmud y el Shulján Aruj. De allí que el Estado de Israel debe ser sionista, racista, terrófago y fascista.

Todo se desprende de un espíritu que termina por hacerse carne con la fundación del Estado de Israel. El Estado de una religión. No de un pueblo. Más que de una religión, de un espíritu. El Estado erigido así tiende, como expresión de ese espíritu, a esconder en la religión y sus mitos una política al servicio del capital. De las relaciones capitalistas de producción.  Como dijera Marx: “¿Cuál es el culto secular practicado por el judío? La usura. ¿Cuál su dios secular? El dinero. Pues, bien, la emancipación de la usura y del dinero, es decir, del judaísmo práctico, real, sería la autoemancipación de nuestra época. Una organización de la sociedad que acabase con las premisas de la usura y, por tanto, con la posibilidad de ésta, haría imposible el judío. Su conciencia religiosa se despejaría como un vapor turbio que flotara en la atmósfera real de la sociedad (…) Nosotros reconocemos, pues, en el judaísmo un elemento antisocial presente de carácter general, que el desarrollo histórico en que los judíos colaboran celosamente en este aspecto malo se ha encargado de exaltar hasta su apogeo actual, llegado al cual tiene que llegar a disolverse necesariamente. La emancipación de los judíos es, en última instancia, la emancipación de la humanidad del judaísmo. El judío se ha emancipado ya, a la manera judía. ‘El judío que vive en Viena, por ejemplo, sólo es tolerado, determina con su poder monetario la suerte de todo el imperio’. Un judío que tal vez carece de derechos en el más pequeño de los Estados alemanes, decide la suerte de Europa (…) El judío se ha emancipado a la manera judaica, no sólo al apropiarse del poder del dinero, sino por cuanto que el dinero se ha convertido, a través de él y sin él, en una potencia universal, y el espíritu práctico de los judíos en el espíritu práctico de los pueblos cristianos. Los judíos se han emancipado en la medida en que los cristianos se han hecho judíos (negritas del autor del artículo)”.

Mucho de esto lo podemos apreciar en escritos en los que autores marxistas han estudiado el asunto. Importante, por siempre, es analizar estas cuestiones, lo que supone las religiones, desde la perspectiva del materialismo dialéctico e histórico, para sacar las conclusiones de rigor.

El problema religioso hace el asunto más complejo. En el caso del judaísmo más aún. Es una historia muy compleja. Pero, en ningún caso, el análisis, para ser científico, debe partir de la idea errónea de que el conflicto obedece a cuestiones religiosas. La religión se convierte en determinación en la medida en que se convierte en fuerza material que emerge de una forma de conciencia que canaliza la contradicción. Que se erige a partir de determinadas condiciones de reproducción social. El espíritu judío se forja, principalmente, en la esfera de la circulación, del préstamo y el comercio. O sea, de la usura y la estafa.

Lo innegable es que Israel, además de ser un Estado terrorista y racista, se ha convertido en un enclave del imperialismo estadounidense. Aumenta su significación cuando el bloque imperialista liderado por China sigue tendiendo sus tentáculos en todo el mundo y en particular en esa región: Etiopía, Egipto, Irán y Arabia Saudita se integran a BRICS en 2023. Países que rodean en buena medida a Israel y Palestina. Esto supone que los bloques imperialistas tienen sus manos metidas, como es lógico suponer.

Entretanto, el imperialismo estadounidense certifica a Israel para que siga cometiendo las tropelías de décadas, aunque buscando morigerar un tanto la ofensiva israelí, para que los precios del crudo no desarrollen una nueva escalada.

Esos son los asuntos fundamentales a la hora de analizar la guerra de Israel contra el pueblo palestino. De allí se desprenden las determinaciones fundamentales. Abordar cuestiones subalternas nos desvían. No permiten rigurosidad en las conclusiones.

 

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.