La Comisión para la Estrategia de la Mesa de la Unidad Democrática (2012), concluyó en un informe presentado ante la plenaria de esa instancia unitaria que el régimen chavista “…no es una democracia entendida como un estado de justicia social y de derecho. Se trata de un régimen autoritario y despótico en el que las prácticas propias de las democracias modernas (incluyendo las elecciones) sólo se llevan a cabo para concentrar el poder y no para distribuirlo, traicionando la esencia de la democracia.” A esto agrega que “… se trata de un proyecto hegemónico que no admite pluralismo político.” El contenido de este informe fue aprobado por unanimidad por todos los partidos que conformaban entonces la MUD. Es preciso recordar para esa fecha aún Chávez vivía y dos meses antes participó en un proceso electoral muy cuestionado por la sociedad venezolana.

Este informe fue uno de los intentos más serios por caracterizar al régimen, por definir su naturaleza y comportamiento con base en sus actuaciones en el campo político y económico y no en su narrativa propagandística, cuestión fundamental para allanar el camino de una estrategia unitaria.

Desde entonces, no ha habido mayores esfuerzos por debatir y acordar una caracterización unitaria del régimen luego de la muerte de Hugo Chávez, por lo que las estrategias que se han empleado para confrontar al régimen son el resultado de la visión particular que tienen los actores políticos, fundadas en sus posturas ideológicas o doctrinas. Desde la MUD y más recientemente desde el FAVL, los factores hegemónicos han impuesto una visión particular del régimen, al que califican como socialista y comunista, colocando lo electoral como la estrategia única para salir del régimen.

Los más estridentes son el conglomerado de actores políticos liberales, ultraderechistas y conservadores que califican al régimen de comunista y su estrategia se centra en pedir, irracionalmente, la intervención militar estadounidense y en acusar al resto de opositores de socialistas (?).

Los factores progresistas y dirigentes medios de partidos que hegemonizan el FAVL, así como dirigentes sindicales y gremiales, califican, predominantemente, al régimen como una dictadura fascista del que hay que salir por intermedio de una rebelión democrática.

Entre estas posiciones hay variantes diversas, entre dirigentes y organizaciones, así como entre académicos e  investigadores que califican al régimen desde comunista hasta ultraderechista, pasando por revisionista y capitalista de Estado, entre otras.

Como quiera que algunos osaran incluir a otros actores entre los opositores, por ejemplo a los de la llamada mesita, solo me remitiré a decir que los mismos son instrumento de la dictadura para sus propósitos, en consecuencia son parte de ella, a pesar de lo que digan de esta.

Caracterizar a un régimen pasa por actuar lejos de dogmas ideológicos o doctrinarios, por desprenderse de creencias y hacer uso de la ciencia para analizar tendencias, determinaciones, no solo en el contexto nacional sino internacional. Este método permitirá determinar, partiendo de los hechos, la naturaleza de un régimen, especialmente con base en las actuaciones en materia de política económica que, más allá de los discursos, es lo que tiene una real incidencia en el bienestar nacional y en la calidad de vida de los venezolanos.

La historia está llena de casos de regímenes dictatoriales que, precedidos por el ascenso al poder de partidos “demócratas”, devinieron en dantescas dictaduras, tan cuestionables como aquellas que hayan podido hacerlo en nombre de la revolución. Pero, en definitiva a los regímenes no se les califica por lo que dicen que son, ni por las siglas de sus partidos, sino por la política que ejecutan, sobre todo por su política económica.

Nadie, en su más sano juicio y con base en los hechos, puede hoy decir que Rusia y China son comunistas. Sobre Rusia, González (2017), en un trabajo de investigación para la Universidad Nacional de La Plata, concluye que “El nacionalismo es un elemento importante para entender las acciones del régimen de Putin. Este nacionalismo tiene tres variables: excepcionalismo, mesianismo y externalismo, que se ha manifestado a través de la historia, y que ahora es una política de Estado.” A ello se agrega que Putin (2018), señaló que “Rusia puede continuar su desarrollo hacia la socialización, incrementando el gasto en el ámbito social, pero no volver al socialismo».

Sobre China, Smink (2019), precisa que “El modelo económico introducido por Deng, basado en una economía de mercado, se bautizó oficialmente como Socialismo con características chinas”. A ello se suma la opinión de Broderick (2020), quien sostiene que: «Económicamente China hoy está más cerca del capitalismo que del comunismo. Es una sociedad de consumo, lo que es totalmente opuesto al comunismo.»

Aun con todo ello, sigue importando más las siglas de quien dirige que sus actuaciones. La retórica que las realizaciones en materia de política económica. En el fondo, lo que sigue importando, para buena parte de los actores políticos, es el afán de liquidar, anticipadamente, a cualquier adversario ideológico que, no obstante estar del mismo lado en la trinchera de lucha, pueda erigirse en vanguardia en la lucha contra la dictadura.

Lo cierto es que en la trinchera de quienes adversan al régimen hay desde liberales hasta comunistas, pasando por socialdemócratas, socialcristianos, socialistas, progresistas, entre otros. Lo cierto es que cada día hay más desprendimientos entre quienes acompañaron al régimen desde sus inicios. Estos desprendimientos requieren un espacio de lucha por la restitución de la democracia en Venezuela. Su presencia en la oposición fortalecerá la unidad, aspecto fundamental para lograr el objetivo final: la salida del poder de las mafias gobernantes. Lo cierto es que estamos en presencia de un régimen dictatorial de claros rasgos fascistas del que todos queremos salir.

Si desde diversas posiciones se adversa al régimen, es tiempo de caracterizarlo de forma conjunta y de definir, a partir de ello, una estrategia unitaria que allane el camino de la victoria de la democracia. La madurez política de la dirigencia socialdemócrata, socialcristiana y comunista que derrotó a la anterior dictadura en Venezuela, se hace muy necesaria en las actuales circunstancias. Es un ingrediente de mucho peso para dotar de nuevas esperanzas al pueblo y mostrarle con claridad una ruta victoriosa para lograr el tan anhelado cambio político.

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