Aunque este escrito se hace días antes del primero de mayo de 2022, me atrevo a asegurar que una vez más los trabajadores han sido estafados y engañados en sus expectativas de un incremento en sus ingresos y mejora en sus condiciones de vida. Sin embargo, la principal exigencia de los trabajadores y pensionados en reiteradas protestas recientes, días previos a la conmemoración de la lucha de los mártires de Chicago, había sido la de elevar el salario mínimo a lo establecido en el artículo 91 de la Constitución nacional. Muy seguramente esta expectativa no se cumplió, por lo que deberán arreciar las luchas por la sobrevivencia.

Esta exigencia consiste en llevar el salario mínimo nacional, tanto en la empresa privada como en la contratación del Estado, al costo de la cesta básica. Sin embargo, nadie ha definido cuánto es ese monto, algo que elementalmente ha debido definir previamente la propia clase trabajadora como exigencia única y unitaria. Esto no se cumplió y por supuesto, la exigencia se disipa en la bruma de la dispersión. Y aunque no lo ha hecho ni siquiera la CTV ¿es posible definir de cuánto es este monto? ¿al menos, aproximadamente? Sí.

Es necesario detallar además que el artículo 91 supone por principio jurídico, la indexación, toda vez que si el salario está atado al costo de la cesta básica para una familia promedio de 4 a 5 integrantes, el salario tendrá la variación correspondiente en el tiempo, de acuerdo a las variaciones de costo de dicha cesta. Pero otro asunto es que esa cesta tampoco está definida. Es responsabilidad legal del BCV y del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) su aproximación y ajuste regular. Pero la cifra está vedada en el régimen chavista, porque ha sido la única forma de saltarse la Constitución bajo la confusión que induce y que hoy se expresa justamente en la falta absoluta de una definición.

Hay confusión, sobre todo y lamentablemente en el mundo sindical (quizás combinación de ignorancia, desideologización y propaganda desinformativa), que confunde la categoría de cesta básica con la de cesta alimentaria. De hecho, existen dos instituciones que regularmente definen este costo y que han recibido el reconocimiento de la sociedad y la dirigencia sindical, y que los medios de comunicación y periodistas, de forma muy equivocada y atentatoria contra la misma sociedad, se han encargado de legitimar.

La cesta básica del Cendas (Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros) y la del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF) dan cuenta solo de los alimentos, visto que el Instituto Nacional de Estadísticas no publica el costo de la canasta alimentaria desde el año 2014. Otras instituciones y medios limitan igualmente la cesta básica a los alimentos. Pero aquello de que “no solo de pan vive el hombre” no es un chiste ni refrán caliche. Se trata de un principio elemental de existencia y de la relación de trabajo universalmente aceptada en el capitalismo. Son las condiciones mínimas de existencia (o de reproducción), según definen autores clásicos de la economía política.

La cesta o canasta básica, en su definición mundialmente aceptada, es un conjunto de bienes y servicios comprendido de un número de productos indispensables para que una familia pueda satisfacer sus necesidades básicas de consumo, no solo de alimentos. Servicios, recreación y otros gastos deben estar incluidos. Esta es la correcta definición y sin duda la CRBV se refiere a esto y no a la cesta alimentaria. Definir los productos y servicios que la componen es responsabilidad principalmente del Estado, pero esencialmente es tarea de la organización sindical y de los trabajadores.

El Cendas y el OVF han definido, para marzo de 2022, montos que oscilan entre los $471,16 y $353 respectivamente. Esto, repetimos, es solo alimentos. Pudiéramos promediar que, para alimentar a su familia, un trabajador debe percibir al menos $400/mes. A este monto habrá que sumarle obligatoriamente los precios promedio de ropa, calzado y accesorios; vivienda, muebles, aparatos y accesorios domésticos, salud y cuidado personal, transporte, educación y esparcimiento; así como otros servicios.

Esta definición, la temporalidad y su cifra resultante, es el monto que han debido exigir los trabajadores este 1ero de mayo. Pero el chavismo los ha engañado nuevamente. La sociedad, y sobre todo los trabajadores, esperan de su dirigencia sindical el monto exacto y las luchas para conquistar, al menos, esas mínimas condiciones de existencia llamadas salario mínimo. Pero el reto no solo es salario. Venezuela espera de sus trabajadores liderar el cambio radical en las condiciones de vida y esto requiere un cambio total. Se debe definir ese monto y exigirlo de forma conjunta, pero el cambio de Venezuela requerirá algo más que una canasta básica.

Tomado de El Pitazo

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