Este Primero de Mayo se cumplen 135 años de aquel grandioso acontecimiento histórico que tuvo como protagonista a la clase obrera en la ciudad de Chicago en 1886. Un aguerrido grupo de trabajadores —valientes, arrojados y en abierto desafío a la dominación de la patronal norteamericana— libró una batalla decisiva para conquistar la jornada laboral de 8 horas. Este acto tiene una invaluable significación para la historia, no solamente para los trabajadores del mundo sino para toda la humanidad. He allí una página gloriosa de la historia rubricada con la sangre proletaria martirizada por el poder capitalista, que muy a pesar de su saña cruel y represiva fue obligado a ceder más tarde, cuando la marcha firme de los hombres progresistas resultó triunfante en el Congreso de los Trabajadores de 1889, al ordenar a todos los trabajadores del mundo defender la reivindicación de la jornada de 8 horas.

Este es un ejemplo contundente del triunfo de la humanidad contra la opresión y la barbarie del sistema de explotación que aún en nuestros días se mantiene controlando la existencia de la civilización humana. El capitalismo se halla marcado por los inocultables signos de una crisis internacional, y las pugnas y hostilidades entre los grandes centros imperialistas amenazan con nuevas conflagraciones por la disputa del control sobre territorios y países, peligros que solo podrán superarse si la humanidad, las personas de buena voluntad, resisten con mayor energía y entusiasmo frente a estas ínfulas belicistas, bajo el liderazgo de una avanzada progresista en la cual esté presente el poder transformador y humanista de la clase obrera.

Desde la incipiente producción manufacturera de principios del siglo pasado, desde las plataformas petroleras de las concesionarias norteamericanas, desde las minas de estado Bolívar, con el brazo e intelecto laborioso en importantes construcciones de madera y concreto, en todos los espacios públicos y todos los espacios de trabajo para brindar servicios diversos, la clase obrera venezolana forjó una infraestructura valiosa e impulsó el progreso, la producción de riquezas y el bienestar de la nación venezolana durante todo el siglo XX. También fue un siglo de luchas, de conquista y defensa de derechos despojados o negados por las patronales privadas y pública. En mucha jornadas nos vencieron, pero en otras logramos triunfar y avanzar.

La cúpula del actual régimen tiránico —junta de conserjería al servicio de la estrategia del bloque chino-ruso— profundiza, al principio con disimulos seudomoralistas pero ya hoy en ofensiva abierta, su ejecutoria para someter, destruir y domesticar a la clase trabajadora venezolana, en sus planes de convertir a nuestro país en un enclave absolutamente rendido a los intereses foráneos, un espacio para extraer materias primas de última generación y para vender sus mercaderías, con la destrucción de nuestras capacidades industriales y agrícolas mediante. La cúpula del régimen recibe a cambio protección internacional y amparo diplomático para los grupos e individuales mafiosos, que permiten a ese reducido séquito de burócratas vivir como “jeques”, administrando a su conveniencia politiquera sus programas populistas y asistencialistas, verdadero reparto de limosnas al pueblo.

El resultado está a la vista: los trabajadores productivos han sido reducidos a lo mínimo, la pujante infraestructura forjada en un siglo de trabajo fue convertida en chatarra. Un importante contingente de jóvenes trabajadores, cuadros preparados técnicamente, ha sido empujado al destierro. La nación ha sido destruida para favorecer a los chinos, a los rusos y a las mafias de diversa calaña. Venezuela ha dejado de ser una república, los procederes institucionales han desaparecido, somos un nicho para la comisión de crímenes de toda índole. La dictadura navega en la nave de la anarquía delincuencial.

El espléndido y hospitalario territorio venezolano —de ubicación geopolítica clave, reservorio natural de inmensas riquezas de diverso tipo, con una magnífica infraestructura industrial aún rescatable para la producción, con millones de hectáreas cultivables— constituye un patrimonio de la nación entera, con la cual perfectamente podemos levantar una perspectiva de desarrollo capaz de brindar bienestar a las generaciones de venezolanos en el presente y el futuro. Solo un obstáculo se interpone en ese objetivo: el régimen de farsantes y mafiosos que tiene controlado a fuerza de terror policial y parapolicial al pueblo venezolano.

La nación clama por su reivindicación. No llegarán salvadores mesiánicos. Hoy la clase obrera venezolana tiene la tarea más estelar de este siglo: sumar su poder organizado, aguerrido y decidido para abolir la dictadura de mafias que pisotea su dignidad y condena sus hijos a la miseria y el destierro.

No podemos cesar de protestar, cada día es un nuevo momento para organizar y unir la clase obrera. Cada lamento de hambre de nuestros hijos debe llegar a oídos de los farsantes en grito de rebeldía. Cada momento será necesario levantar un pliego que sirva para arrebatar una conquista que reivindique la paga y los beneficios para quien trabaja. Pero hoy necesitamos más, necesitamos un país y un futuro para millones de venezolanos en destierro y los otros tantos que resistimos la calamidad dentro de sus fronteras.

Este Primero de Mayo será buen día para conmemorar aquella gesta cívica y valiente de nuestros hermanos obreros norteamericanos. Que sea también un día de debate y preparación a un combate obligatorio, un día de exigencia para la dirigencia que no puede fallar esta vez, un día para repasar cada lección de la historia de los obreros del mundo y los obreros venezolanos. Un día para comprometernos a expulsar los mafiosos, farsantes y esquiroles. Un día para ratificar nuestra decisión de movilizarnos y de actuar al riesgo que sea para una jornada definitiva, para derrocar la tiranía y poner fin a la tragedia que sufren los trabajadores y que insurja una nación de trabajo, riqueza y libertad que nuestro pueblo reclama.

¡Que viva la clase obrera del mundo y la clase obrera venezolana!
Frente a esquiroles y esbirros, ¡el pueblo mandará a sus obreros!
¡A preparar la Huelga General!
¡Abajo la dictadura!

 

UNIÓN DE TRABAJADORES REVOLUCIONARIOS (UTR)
Primero de Mayo 2021

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