Esta situación en la que nos encontramos es bastante angustiante para todos. Estamos en una circunstancia tan difícil que el avance de cualquier asunto es casi nulo.

La parálisis de la economía de nuestro país es palpable en cualquier nivel y es muy preocupante en el nivel más bajo, en el que nos encontramos un alto porcentaje de venezolanos. Esto no es es casual porque está paralizada la industria, el comercio y los servicios, pese al espejismo de los bodegones.

Tal asfixia no es más que las consecuencias de desiciones económicas equivocadas y que se combina con la desmedida importación, la paralización del aparato productivo del país que nos condenó a ser improductivos y a subsistir con dádivas y con el asistencialismo gubernamental. Luego de esto, viene la burbuja, espejismo perverso que se genera por la recepción de divisas que envían los inmigrantes a los familiares que quedan en el país y el dinero que los enchufados invierten en bodegones repletos de importaciones. En el caso de los primeros, tales ayudas fueron en su momento sustanciales pero se fueron esfumando con los altos niveles de inflación, especulación y parálisis. Esto que vivimos no es más que algo inevitable.

Durante mucho tiempo las políticas gubernamentales se inclinaron hacia la importación y la anuencia para el saqueo de recursos que pudieron fácilmente ser empleados en levantar la industria la producción y por ende el salario para una mejor calidad de vida. Esto pudo dar pasos para apalancar la producción nacional, el comercio y el turismo.

Pero nada de esto fue tomado en cuenta y por el contrario, se afianzó el saqueo de recursos minerales, se abrió la importación desmedida y se hizo de la corrupción una institución en la que una cúpula entrelazada con el gobierno despilfarra recursos y se apodera de los centros de comercio y áreas productivas en un monopolio que condena a la improductividad y hace a los pobres, más pobres.

Una realidad de la que los pobres no tienen escapatoria ya que muchos apuestan al trabajo duro y extenuante, a la ubicación de varias tareas o empleos que le permitan mayores ingresos, la venta de algún bien, de enseres, la venta de alimentos crudos o preparados se popularizó pero ya dejó de ser rentable. Y a duras penas el comercio al detal, subsiste. Pero no hay bolívares que paguen ya sus mercancías, esto debido a que no hay empleo ni trabajo que haga producir ingresos que sostengan la demanda.

La estrategia del gobierno sigue siendo en parte la misma: generar un espejismo mediante la inyección de dinero a la banca, lo que permite de algún modo mantener el referente dólar a raya y algo de capacidad de importación para los enchufados.

La incorporación de capital a distintos sectores económicos se desvanece en la corrupción y lo poco que se produce, se exporta en busca de rentabilidad, garantizado con una mano de obra muy barata como la nuestra, en la que los obreros son capaces de trabajar hasta por el 10% del salario de un obrero de cualquier país vecino.

Este panorama nos lleva a buscar alternativas que, durante todos estos años, han sido infructuosas. Las acciones opositoras han llevado a que los venezolanos se hayan desmoralizado y se haya perdido la esperanza para un cambio, que es y debe ser inexorable.

El ímpetu de la población ha sido conducido a la derrota y la dirigencia opositora afianzó su presión en las ayudas internacionales o en la ilusión de que el régimen se entregaría, dando paso a un nuevo gobierno. Pero tal ilusión no se concretó.

Los venezolanos sobreviven y aún en tal condición, anhelan salir de este desastre, buscan un viraje que les dé sosiego.

Muchos se preguntan la fórmula, escépticos de la Unidad con el potencial para derrotar al régimen. No visualizan que la protesta de calle pueda debilitar al gobierno. Alguien con quién conversamos, decía que era «imposible enfrentar con piedras a quien dispara balas».

Creo que la respuesta a esta afirmación, que vendría siendo equivocada y entreguista, sería que nunca antes habíamos estado en un momento tan difícil como ahora. Las dificultades que enfrenta el régimen se generalizaron y la población está en la misma condición. El gobierno nos colocó a todos en la misma situación de miseria, hambre y angustia, e hizo crecer la pobreza, pero a la par hizo crecer también el descontento, que en ecuación simple amplió e hizo crecer al movimiento opositor, tal situación consolida una mayoría que incluso, con piedras, sería capaz de conquistar la libertad. Somos mayoría y solo nos hace falta la decisión. A luchar.

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