Este sangriento momento es una evidencia más de que, en la fase de dominio de los monopolios, la tendencia guerrerista es dominante. La invasión de Rusia a Ucrania confirma la puja imperialista por el reparto de un mundo ya repartido, como le es inherente. Detrás de esta invasión está la preservación de las áreas de influencia, la conquista y disputa de nuevas áreas por mercados y fuentes de materias primas, en una división internacional del trabajo que, en el régimen capitalista en su fase monopolista, conduce a la confrontación.

Desde Bandera Roja hemos advertido la tendencia cada vez más acentuada a la guerra. Desde la invasión de Irak y Afganistán, pasando por la invasión a Libia y la guerra en Siria, las manifestaciones de deslizamiento de esta confrontación interimperialista hacia el terreno bélico, vienen en aumento. Pero en este como en cualquier caso, es fundamental ir al fondo del asunto.

En el caso de Ucrania los acontecimientos obedecen a cuestiones esenciales del desarrollo del capitalismo moderno. Se cumple nuevamente aquello de la ley del desarrollo desigual y la tendencia a la nivelación. El comportamiento natural de caída inevitable de la cuota media de la ganancia es el catalizador. De allí la urgencia de cada potencia por hacerse de materias primas baratas, ampliar sus mercados y alcanzar mayores desarrollos científico tecnológicos, junto a la disminución del salario de los obreros y el incremento de su explotación.

Es fundamental decir que, en esta circunstancia, Estados Unidos busca entonces y a toda costa, conquistar espacios que le permitan alcanzar y superar a los chinos, que vivieron un empuje histórico con capitales de buena parte de las economías industrializadas. Buscan al menos restarle espacios a los rivales del bloque liderado por China. Pierden, por ahora, a Venezuela, entre otros. Entonces van tras la conquista de Ucrania o, al menos, buscan restarle este espacio a Rusia. Alemania, por su parte, liderando una parte del bloque europeo, estaría en una circunstancia muy desfavorable. Aunque seguir a pie juntillas la política estadounidense llevaría a Europa a una situación extrema ya que, sin el gas ruso, las inclemencias no se harían esperar en la población e importantes afectaciones en la industria, la presión natural de las contradicciones los ha forzado a la confrontación.

Entonces, y visto que China y Rusia consolidan su condición de bloque hegemónico, mal pueden aceptar este paso que buscaba dar Ucrania, bajo presión del imperialismo estadounidense y alemán, de asociarse a la Otan e integrarse al bloque imperialista de Europa y EEUU. La existencia de un régimen con claros rasgos fascistas en Ucrania, promovido y apoyado por la alianza imperialista euro-estadounidense, ha sido una excusa ideal en esta operación político militar para Rusia, que busca prevalecer sobre su área de influencia, a toda costa.

Esbozo histórico

Es vital recordar que Ucrania fue un componente importante de la Unión Soviética (Urss). Resulta similar la raíz étnica del pueblo ucraniano y ruso, lo que se afianzó durante la era soviética. Además, en el proceso de restauración del capitalismo desde 1954 hasta la crisis del nuevo imperialismo impulsado por Kruschev y sus sucesores, en 1989, el país formó parte del gran mercado en torno del Consejo de ayuda mutua económica (Comecon), integrado por la Urss, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumania, Alemania Oriental, Albania, Mongolia, Cuba, Vietnam, así como más de una docena de países observadores, entre los que destacaban China y México.

A partir de 1991 Ucrania nuevamente alcanza su independencia como país, aunque se mantiene en la órbita rusa durante un tiempo, integrándose formalmente a la Comunidad de Estados Independientes luego de la disolución de la Urss.

Tras de haber padecido hambrunas inimaginables antes de la revolución bolchevique de 1917, Ucrania logra un desarrollo inusitado de la industria agroalimentaria bajo el régimen socialista de Lenin y el posteriormente heredado por Stalin, pese a transitar la segunda guerra mundial. Así, venidos del atraso y la hambruna, Ucrania pasó a garantizar a los rusos, durante décadas, el suministro de cereales y otros alimentos. Algo que se afianzó incluso en los tiempos de Kruschev y Brezhnev. Luego del derrumbe del bloque capitalista (enmascarado entonces con el mote de socialista), ese papel no cesó, pero alcanzó un destino más diversificado, teniendo como objetivo principal a Europa.

A partir de allí comienza un proceso de articulación de capitales de Ucrania con Europa. Alemania y otras naciones invierten en Ucrania y se afianzan nexos importantes dada la afluencia de productos de la agroindustria ucraniana hacia ese mercado. La deuda con el Banco Central Europeo, creció. Y de allí a la disputa, un paso.

La injerencia de Europa y Estados Unidos se hizo entonces creciente, hasta evidenciarse de manera clara en la llamada “revolución naranja”. Simultáneamente, estallan los movimientos separatistas en el Donbass que derivan en los tratados de Minsk y le brindan a Rusia poder de veto en relación con la eventual incorporación de Ucrania a la Otan. Fue alcanzado, conversaciones mediante, en el llamado Cuarteto de Normandía, integrado por Rusia, Ucrania, Francia y Alemania. Se alcanza así un alto al fuego ambiguo en 2014 y 2015, conocidos como el Protocolo de Minsk. Además, aprovechan los rusos para anexionarse la península de Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol, protegiendo así su influencia territorial y su mercado.

Donetsk cubre más de la mitad de la producción de carbón, acero y hierro fundido de Ucrania. Además, cuenta con buena parte de la industria metalúrgica ferrosa, producción de combustibles y energía. Es así como resulta inaceptable para el imperialismo ruso la integración de Ucrania a la Otan. En la pugna interimperialista, eso resulta una pérdida de ese “equilibrio” que demandan.

El presente es de guerra

Hoy, la crisis de 2014 sigue su curso. Media la presidencia del empresario Petró Poroshenko, partidario de la anexión de Ucrania a la Unión Europea y a la Otan. Así, se afianza la perspectiva integracionista, apuntalada hoy día por quien preside, el actor Volodímir Zelensky, quien apuesta hoy su permanencia en el poder a la guerra local, por lo que ha estado dispuesto a desconocer los acuerdos de Minsk.

En esta oportunidad, en la disputa con Rusia por Ucrania, el bloque europeo se ha inscrito en torno de la ofensiva estadounidense. Se confirma con la cancelación del proyecto Nord Stream 2, que habría permitido un incremento sustancial de las exportaciones de gas natural a Europa.

Sin embargo, sigue habiendo fracturas dentro de la Unión Europea y la OTAN. Es que las consecuencias pueden traer serios perjuicios a la economía de Europa y, por ende, a la ciudadanía. El freno al crecimiento económico puede agudizar tensiones sociales producto de distintos problemas como el de la escasez y el encarecimiento del gas.

Pero hay algo más. Son pocas las consecuencias que acarrearía a EEUU. Con esta guerra resultará sin duda favorecido el imperialismo estadounidense, ya que sustituiría la oferta de gas y petróleo ruso, tal como ya ha anunciado Biden de forma casi inmediata a la invasión. Aunque más caro, es la alternativa segura, junto a lo que brinde Noruega.

Por otra parte, ese retroceso iba a significar para Ucrania una pérdida de ingresos por el tránsito de gas ruso, que pondría en apuros la débil legitimidad de Zelenski. Aun así, el presidente había reiterado la paralización del proyecto, confiado en que la confrontación afianzaría su liderazgo, mediando el apoyo de Estados Unidos y Alemania. Pero ahora, de culminarse una invasión en toda regla, un eventual gobierno títere de los rusos hará renacer los acuerdos impuestos por ese imperialismo.

Son tiempos en los cuales el aprovechamiento de las contradicciones interimperialistas se hace ineludible para los países, hasta convertirlas en reservas estratégicas de las luchas de las naciones y los pueblos por un cambio para mejor. Esto requiere de talento y, fundamentalmente, de sentido nacional y popular. De no hacerlo así, los pueblos serán presa de uno u otro imperialismo, sin alcanzar la independencia, el desarrollo y el bienestar. Venezuela es un claro ejemplo de esa circunstancia. La política interna la dirigen los bloques imperialistas. El diktat de China y Rusia maneja los hilos de la dictadura chavista madurista. De otro, buena parte de la oposición en Venezuela, aunque no toda, se mueve bajo la orientación estadounidense y europea. Mientras, la dictadura ve con placer el incremento de precios del petróleo, que ya supera los 100 dólares el barril. Y es vital destacar que ha sido naturaleza del chavismo apoyar la guerra imperialista, como hizo Chávez cuando Rusia empujó el separatismo en Crimea como antesala del conflicto actual; y hoy Maduro apoya a Rusia en esta sangrienta y voraz invasión, mostrándose como lacayo de un imperialismo frente a otro.

Los comunistas y revolucionarios no podemos legitimar ninguna acción guerrerista del imperialismo ni mucho menos cobijarnos bajo un manto imperialista para enfrentar a otro. Es deber actuar con sentido nacional y popular por sobre cualquier interés de cualquier imperialismo. Así, el apoyo a los pueblos por su liberación siempre debe encontrar entre los comunistas y los revolucionarios el respaldo y la defensa a la autodeterminación y la soberanía, con plena comprensión de los asuntos que mueven al capital en su fase monopolista y en su fase de expansión, generalmente de carácter fascista como el que invade hoy a Ucrania en ambos sentidos, uno político y otro militar.

Todos los trabajadores y los pueblos del mundo debemos condenar la guerra y la invasión. El pueblo ruso es el primero que parece estar dando ejemplo de hidalguía. Crecen las manifestaciones de repudio a la guerra y la defensa de la paz en decenas de ciudades rusas pese a la censura y la represión. Desde Bandera Roja condenamos la invasión a Ucrania con el mismo tenor con el que condenamos toda la acción previa de provocación que hoy conduce a la guerra a un pueblo sufrido. Su origen está en la naturaleza del imperialismo y solo la revolución social y la liberación nacional, conducen a la paz.

#PazYLibertad para Ucrania

#UnidadYRebelión

#PuebloFuerzaYUnidad

Comisión Internacional de Bandera Roja
Caracas, 24 de febrero de 2021

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