La jornada celebrada el pasado 9 de marzo por los jubilados y pensionados, apoyada por distintos sectores sociales y políticos del país, se suma a la continua y tenaz cruzada de lucha de los trabajadores venezolanos, hoy sometidos a las peores condiciones de flexibilización y desregulación de las relaciones laborales.

La miseria atroz que vivimos es el resultado de las políticas económicas del régimen chavista-madurista, postrado cada día más a los intereses del bloque imperialista encabezado por China y Rusia. Estos imperialismos son expertos en el engaño, utilizan fraseología «revolucionaria» para confundir, engañar y sojuzgar los pueblos en beneficio de la ganancia y acumulación capitalista. La política económica del chavismo ha destruido el aparato productivo venezolano, ha incrementado aun más el endeudamiento externo, beneficiando así a chinos y rusos que solo buscan expandir sus dominios en América Latina. El bipartidismo se postró al imperialismo norteamericano. El chavismo hizo lo propio, pero ante los imperialismos chinos y ruso. Las víctimas: el pueblo y los trabajadores venezolanos.

La protesta nacional de los pensionados y jubilados, desde su anuncio, preparativo y celebración masiva en municipios y estados del país, era difícil que no fuera considerada por el régimen. Su servicio de sapos esquiroles, disfrazados de sindicalistas, debieron haber informado de la fortaleza que iba adquiriendo esta lucha. El hambre y la miseria no tienen color en los barrios y urbanizaciones de Venezuela. La situación de los asalariados se torna insoportable. Los programas de caridad pública, que reparte bonos y dádivas, no significan nada, apenas permiten que una población que registra 76 % de pobreza atroz logre llevarse algún bocado para no morir de hambre. Por ello el anuncio precipitado de incremento del salario mínimo cercano a los 28 dólares, que pretendía desactivar la acción convocada por gremios y sindicatos, fue infructuoso. La movilización se realizó y marca el inicio de una nueva etapa de lucha y combate del movimiento popular para defenderse de la agresión de la gestión económica del régimen, que somete a la miseria más terrible a la mayoría nacional, mientras continúa el saqueo, la entrega de riquezas nacionales y la acumulación de fortunas escandalosas de los grupos corruptos y mafiosos afines al régimen.

Maduro y su camarilla siguen violando impunemente la Carta Magna de la República. De hecho, sin ninguna justificación ni formalidad legal, está suspendida una de las principales garantías constitucionales contemplada en su artículo 91: la obligación de las patronales publica y privada de pagar un salario que tenga como referencia el costo de la canasta básica, cuyo monto, según técnicos especialistas, ronda los 600 dólares actualmente.

La destrucción de la estructura económica de nuestro país alcanza niveles históricos nunca vistos. La migración forzada de millones de venezolanos, que han salido huyendo del hambre y la miseria, constituye un crimen con secuelas sociales irreversibles. El levantamiento de una generación de niños que no conocen lo que es una alimentación nutritiva de calidad humana, y sometidos a una educación de ínfima calidad, es una realidad espantosa. La muerte temprana de miles de venezolanos de la tercera edad, imposibilitados de adquirir lo indispensable para vivir luego de la jubilación, se suma al prontuario criminal de la dictadura.

Ya comenzó una nueva etapa en la lucha. Es clara la determinación de los trabajadores activos y jubilados, de las nóminas pública y privada, de seguir luchando por un salario vital, que significa defender el derecho elemental a la vida. Hay que unir y coordinar la voluntad decidida de todo un pueblo, para rechazar sin titubeos las maniobras discursivas que contienen una burla descarada del régimen a los trabajadores venezolanos. Los programas populistas y asistencialistas forman parte de las tretas del régimen para seguir violando los derechos de los trabajadores. No más bonos y bolsas miserables. La Unión de Trabajadores Revolucionarios (UTR- Bandera Roja) llama a rechazar con contundencia la demagogia de la dictadura y organizar nuestra fuerza para enfrentar su gestión económica que favorece los intereses mafiosos capitalistas y obligarle a cumplir la justa reivindicación contemplada en la Constitución. Es nuestro derecho, es nuestra vida y la de nuestras familias lo que está en juego.

Buena parte del empresariado venezolano, hoy por conveniencia aliado del régimen, paga en dólares los inmuebles donde asientan sus empresas, pagan en dólares las materias primas e insumos, también pagan en dólares la flotas de transporte. Esto es consecuencia directa del desastroso manejo monetario del régimen que anuló el valor de la moneda venezolana y convirtió a la divisa norteamericana en moneda que representa el valor real para el intercambio comercial. Solo a los trabajadores se les obliga a salarios en bolívares devaluados, y los pocos que reciben divisas lo hacen como pago al destajo, lo que significa otra forma de abaratar la mano de obra y evadir las responsabilidades de indemnizaciones y ahorro hacia el futuro. Frente a esto, debemos exigir que se pague auténticamente el valor real de la capacidad intelectual y física de nuestra fuerza de trabajo: que se pague el salario vital. Que se cumpla lo que establece la Constitución de la República.

Como una paradoja cruel de la historia, la agresión bélica de Rusia contra el pueblo ucraniano repercutirá en un incremento de los precios del petróleo y en consecuencia podríamos ver una nueva etapa de auge económico impulsado por renta petrolera. Esos recursos estarán en manos de la dictadura. De nuestra lucha y la fortaleza de nuestras exigencias dependerá de que tales recursos extraordinarios de renta petrolera no vayan a los bolsillos de la banca usurera, china, gringa o rusa, dueños de la deuda que contrajo irresponsablemente el régimen, sin consulta alguna. Debemos luchar para que sirva a resarcir la abismal calamidad que sufren los trabajadores y todo el pueblo venezolano, propietario soberano de esas riquezas. Es nuestra decisión y es nuestro derecho.

La Unión de Trabajadores Revolucionarios (UTR- BR) nos sumamos a los nuevos preparativos de movilización y combate callejero, que no cesarán hasta que cese la impunidad y los abusos del régimen. Que se cumpla por parte de las patronales pública y privada, muchas de ellas hoy rendidas por intereses económicos a los designios de la dictadura, lo que contempla la carta fundamental de la República en su artículo 91. Llamamos también a la unidad, a la incorporación de todos los asalariados venezolanos a esta lucha. Así como el hambre no distingue militancias partidistas, así esta lucha exige la más férrea unidad como signo del carácter histórico de los trabajadores, contenido en ella desde tiempos remotos. Desalojemos al mismo tiempo a los esquiroles del movimiento y apartemos los mezquinos resabios de sectarismo y reivindicativismo ramplón que perviven en el movimiento de los trabajadores. Un gran coalición de todos los sectores gremiales, sindicatos de ramas de industria, sindicatos de trabajadores al servicio del Estado, en una sola instancia de coordinación, articulación: UNA COORDINADORA NACIONAL DE LUCHA. Que sirva para la unificación de los planes, de la propuesta de plataforma de lucha. Así la convocatoria a la movilización será garantía de que una vez más la clase trabajadora unida vencerá a los explotadores y al régimen mafioso a su servicio.

¡BASTA DE MISERIA Y DEMAGOGIA!

¡SALARIO VITAL YA!

Unión de Trabajadores Revolucionarios

BANDERA ROJA

16 de marzo de 2022.

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