Quiero referirme a la discusión o disyuntiva entre “paro” o “no paro”, de cuál es la ruta, de cuál es la política, de si tenemos o no estrategia, si “vamos” o “no vamos”, de cómo combinamos las distintas luchas, interrogantes que en definitiva terminan por ahogarnos en discusiones que no tienen sentido y que no son importantes en estos momentos.

Desde luego que hay que hacer luchas reivindicativas, ya que tenemos muchos problemas que nos agobian y debemos aupar la movilización de la gente para que haga sus reclamos; pero también tenemos que elevar su conciencia política para que la gente comprenda que esos problemas, en definitiva, van a ser resueltos cuando aquí se instaure una nueva dirección política, un nuevo gobierno que de verdad garantice sacar el país de este atolladero donde se encuentra y enrumbarlo por la vía del progreso, del bienestar y de la amplitud de la participación democrática, que es lo que nos va a garantizar unidad, paz y desarrollo, y acabar con esta hambruna y esta miseria que se han generalizado en el país.

Cuando planteamos la necesidad de definiciones, cuando hablamos de ruptura, de perfilar con claridad una política, decimos algo a lo que a duras penas hemos venido llegando como acuerdo: hay que producir el cambio de gobierno, hay que salir de este régimen, hay que plantearse claramente la realización de lo planteado constitucionalmente en los artículos 333 y 350, lo que equivale a un derrocamiento del gobierno usurpador, estemos o no investidos de autoridad, uniformados o no. Todos debemos contribuir al rescate de la vigencia de la Constitución Nacional, del estado de derecho y del ejercicio de las libertades democráticas. Y, repetimos, se trata de DERROCAR, no derrotar, al gobierno, bajo el amparo de la norma constitucional que te lo ofrece y te da el mandato, pero no te lo convierte en realidad, pues eso necesita una fuerza material que haga realidad el derecho. La invocación de los artículos mencionados, como si eso solo tuviese la fuerza de transformación, es un gran error que cometen muchos opositores que se duermen en los laureles bajo la égida de un fetichismo jurídico o constitucional y que se ponen a la espera de que los cambios políticos se produzcan por generación espontánea, que el mandatario se asuste y renuncie, o que salga corriendo dejándoles las puertas abiertas de Miraflores, o cualquier otra esperanza mágica o fortuita. Así no son las cosas en la realidad, así no es la política.

Con el ejemplo de Pérez Jiménez hay que recordar que él se va, no renuncia, cuando los militares lo presionan… pero los militares hicieron eso cuando vieron que una bandada de muchachos había salido a retarlo e irrespetarlo. En ese momento fue cuando vieron que la dictadura no tenía vida. Aparte de que tenía conflictos internacionales, el apoyo de EEUU no era el mismo de años anteriores, había problemas económicos —enormemente pequeños comparados con los actuales—, una mínima deuda interna con los constructores, el avance de la producción de petróleo liviano a flor de tierra en el Medio Oriente, asuntos manejables por el propio régimen dictatorial, el problema fundamental era de carácter político: Venezuela no podía seguir viviendo bajo el atraso de una dictadura militar, necesitaba abrirse camino a su desarrollo. Desde luego que ello en su conjunto hizo que la gente comprendiera la urgencia del cambio político. Dentro de la dictadura perezjimenista había un criterio de ejercicio de la política que mostraba o sostenía algún proyecto, aun siendo un gobierno de militares, muy distinto al control del poder por unas mafias a quienes simplemente lo que les preocupa es su confrontación con tribunales internacionales y nacionales, por la cantidad de delitos y atrocidades que han cometido y están cometiendo, que son juzgables y no prescriptibles muchos de ellos.

El ejercicio de la fuerza del pueblo es necesario, imprescindible, pues allí está el grave problema: mientras el pueblo no se organice, no haga conciencia ni muestre una clara disposición a la lucha, y mientras las direcciones políticas no se pongan a tono con las exigencias de este momento, NO los vas a asustar, no hay amenazas creíbles frente a los que son y actúan como unas mafias. Hay que mostrar la voluntad, la fuerza y la disposición, y esto solo podemos lograrlo organizándonos, creando poder de base, creando conciencia de lucha, creando conciencia sobre cuáles son los cambios que urgen en Venezuela; es decir, formulando un programa político de grandes líneas que muestren al país que todos los sectores van a salir beneficiados, que no solo vamos a superar la crisis sino a darle rumbo al país hacia la Venezuela de prosperidad que todos deseamos. En esto no podemos seguir patinando más, ni dándole vueltas y largas al asunto principal.

Si se discute lo de un paro, es si tenemos o no músculo, cuando en verdad la gente está montando los paros sin esperar el apoyo de los partidos pero sí con la participación de la propia gente afectada y el respaldo de dirigentes medios y de base de muchas esas organizaciones partidistas, y uniéndose con los sectores que se están desprendiendo del chavismo, del madurismo, e incluso con la anuencia de muchos que estando en esa acera de enfrente no están de acuerdo con las políticas concretas que se aplican en sus áreas, como por ejemplo el sector eléctrico (Corpoelec), petróleo (Pdvsa), comunicaciones (Cantv) y un largo etcétera.

Algunos se han decidido a luchar y otros se han ido buscando mejor suerte fuera del país o en otras empresas u otros emprendimientos, pero lo cierto es que hay un debilitamiento de lo que antes fue el respaldo que esos trabajadores le daban al régimen, lo que era una limitación cierta para la unidad del pueblo trabajador en lucha.

Recordemos que las acciones iniciales contra Chávez comenzaron con huelgas muy importantes de los maestros, los profesores universitarios, los petroleros, los transportistas, amenazas de los médicos y de diversidad de sectores, que iban dándose en simultáneo pues había un apoyo de las bases, de los trabajadores. Ese músculo está allí; lo que no tenemos es una dirección política clara que oriente a la gente y le diga que ése es un camino. Todos coincidimos en que hay que empezar por las luchas sociales, cosa muy elemental y que no necesita descubridores del agua tibia, y también que habrá muchas luchas espontáneas y una combinación con las que promueven las organizaciones naturales de las masas, gremiales, las organizaciones empresariales y de los productores del campo… Ése es el camino, pero se queda trunco si no tiene una organización política que se consolide, que se convierta en fuerza que reclama el poder, en este caso que lo reclama desde abajo y en todos los niveles de la estructura de la sociedad venezolana: los militares, los empresarios, las iglesias, los trabajadores del campo y de la ciudad, los estudiantes, las academias, las amas de casa…

Y eso ahora lo tenemos, pues no erramos si decimos que 85% de los venezolanos están descontentos y no apoyan este gobierno, y que están pidiendo a gritos una dirección que enfile los fuegos hacia un mismo objetivo. No podemos seguir ofreciendo recoger firmas, o hacer una simbólica votación, o elegir un líder de la oposición. Ahora no estamos para esos juegos, ya ese tiempo pasó y ya eso se ha hecho también. Ahora lo que hay que hacer, simple y llanamente, es construir a velocidad esa fuerza social con una alta conciencia política. Y, cuando se pregunta de cuánto tiempo disponemos, la gente considera una eternidad eso de hacer asambleas de ciudadanos, de montar conversatorios de formación y análisis, de instruir y organizar las diversas luchas, de prepararnos eficazmente para el combate político, entre otras urgencias, e incluso la gente puede creer que no se hará nunca en situaciones de paz o de calma, y efectivamente puede tardarse muchísimo tiempo el lograrlo… Pero, cuando se viven situaciones de crisis, cuando el conflicto llega a los niveles en que estamos hoy en día, nosotros podemos hacer en poquísimo tiempo lo que no pudimos hacer en años, lo que no pudimos hacer en estos 20 años. Fundamentalmente, es un problema de disposición, de claridad y de conciencia, y sobre todo es un asunto de confianza en el pueblo, de confianza en la gente, de confianza en los ciudadanos… Aquí debemos ser claros con la gente: así como hemos ido a dos rebeliones democráticas (2014 y 2017) reclamando un cambio político en el país, debemos prepararnos aceleradamente para la tercera rebelión democrática. Desde la dirección política opositora no podemos comportarnos con la indolencia con la que actúa el gobierno. No hay otro camino que la fuerza del pueblo liberándose a sí mismo y produciendo el cambio político en Venezuela.

Y no queda otra que luchar… hasta que la victoria nos sorprenda

3 Comentarios

  1. SEÑORES QUE PRACTICAN LA POLÍTICA EN EL PAÍS:O SE UNEN TODOS PARA SALVAR LA PATRIA QUE YA ESTÁ PERDIDA EN MANOS DE ESTE RÉGIMEN NEFASTO O NOS HUNDIMOS PARA SIEMPRE. PIENSENLO RÁPIDO. NO SE PERMITE ESPERAR MÁS. A ECHARLE BOLAS TODOS JUNTOS POR EL BIEN DE NIESTRO PUEBLO. !VAMOS TODOS!! ADELANTE!!!

  2. MUY BUEN ARTICULO, SOLO FALTA QUE EL PUEBLO APRENDA Y ENTIENDA CUALES CON SUS PRIORIDADES: HACER ALGO PARA SALIR DE ESTE REGIMEN O SEGUIR HACIENDO COLAS POR UN SIMPLE PAQUETE DE HARINA PAN. DEBEMOS HACERLO ENTRE TODOS NO ESPERAR QUE LOS POLITICOS NOS DIGAN CUANDO Y COMO DEFENDER NUESTROS DERECHOS. ESTO ES PROPIO DEL SER HUMANO.

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