Como todo cuento de terror, sucede precisamente un martes 13 del mes de junio. Venezuela y su rebelión democrática no se rinden a pesar de los esfuerzos del dictador y su camarilla de esbirros, centrando todo su poder en arreciar con represión, de la forma más salvaje y fascista posible, al pueblo que exige un nuevo rumbo de país, democracia verdaderamente popular, libertades plenas y trabajos dignos, que exige en resumen: salir de la Dictadura para salvar a la nación.

Para la #ResistenciaMérida, abandonar la calle no está en la agenda. A pesar de que algunos sectores han sufrido más que otros los duros golpes de la represión, desde hace ya dos semanas aproximadamente se sentía una calma incomoda en la que no hubo actividad significativa de los paramilitares y los organismos de represión del Estado. Esa calma avizoraba una temible niebla de incertidumbre y el va y ven de rumores sobre planes del gobernador y sus séquitos en contra de la resistencia organizada.

A pesar del verdadero campo de batalla que a diario se encontraban en nuestra vecina ciudad de Ejido, en Mérida se organizaban misas, clases magistrales, marchas y hasta campeonatos deportivos en las zonas de protestas. Hasta que un martes 13 lo peor se asomó desde las más oscuras pretensiones de quienes aspiran perpetuarse en el poder a costa de la miseria de nuestro pueblo, pisoteado y engañado por la más grande estafa, mal llamada “socialismo”.

Así como dicen: “piensa mal y acertarás”, las “coincidencias” de tiempo y reacciones de diferentes sucesos del martes 13 de junio no parecen ser tales coincidencias. El cielo fue testigo del rugir de lo que para muchos era una nave de guerra que buscaba aterrizar en la ciudad a elevadas horas de la tarde. El sonido estremecedor de la nave se combinaba con rumores de muchos haber visto una camioneta blanca sin placas en la que abordaban varios elementos encapuchados. Eran tantos que debían algunos “guindarse” de los bordes de dicha camioneta. Se anunciaba por redes sociales que “los colectivos andan en las suyas”, mientras que lo tardía de la llegada de dichos mensajes –debido a la muy mala recepción de las líneas telefónicas- no eran a tiempo a distintos puntos del plantón como el caso de la comunidad de La Vuelta de Lola, quienes fueron sorprendidos por los grupos paramilitares justo después de haber levantado la protesta y en el momento en donde quedaban pocas personas.

Como todo buen torturador cuando va por su víctima, llegaron contra algunos dirigentes plenamente identificados y en medio de golpes y amenazas los cobardes se sentían valientes empuñando sus armas contra los transeúntes y manifestantes desarmados. No tardaba en aparecer el carácter lumpen de los paramilitares que arremetieron ante la mirada cómplice de la policía nacional bolivariana, que apostada a pocos metros del escenario, se sentían fieles espectadores de tan brutal espectáculo. Robando y saqueando además de maltratar y manosear a mujeres que no les quedaba más que gritar y rogar que solo se llevaran celulares y carteras sin que el daño fuese mucho más de lamentar. Los locales sufrieron gran parte de los daños, saqueos y vidrios rotos al paso dentro centro comercial. Todo esto ante la mirada cómplice de funcionarios de la PNB apostados en la sede de lo que muchos merideños conocemos como Tránsito Terrestre de la Vuelta.

A pesar del muy mal momento vivido no hubo pérdidas que lamentar, “gracias a Dios” decían los vecinos con mucha preocupación, mientras otros hablaban de tomar las instalaciones de la PNB para exigir justicia en medio de la euforia y confusión de vivir en un Estado forajido.

Otras comunidades que tuvieron que vivir el mal rato del martes 13 de la Dictadura, corrieron con más suerte en no tener que enfrentar cara a cara los rostros encapuchados de la dictadura y sus métodos fascistas de represión. La resistencia, que intentaba protestar pacíficamente en Pie del Llano, se llevó la peor parte, ya que solo tuvieron tiempo de armarse de piedras para contrarrestar los perdigones y gases lacrimógenos de la PNB tuvieron que replegarse rápidamente al ver como detrás de los PNB, se enfrentaban efectivos de la GNB contra la comunidad de Santa Juana.

Sonaron muchas detonaciones que se cruzaban entre las que detonaban los PNB y la GNB. Pero en medio del enfrentamiento, cayó herido de muerte el funcionario Douglas Acevedo Sánchez. Otro policía y dos civiles de 20 años reciben heridas también por armas de fuego.

Minutos antes del suceso fatal, un profesor de la ULA conversaba con dos policías y un transeúnte. Uno de los policías le comentaba que solo salía a reprimir para poder llevar comida a su casa y que si por él fuese, pues estaría apoyando a los muchachos porque estaba arrecho con la situación crítica que vivimos. El otro funcionario no dijo palabra al respeto y su mirada de respuesta a dicho comentario mostraba, además de inquietud, mucha indiferencia a lo dicho. El profesor se sorprende al ver tiempo después en las noticias que la foto del funcionario muerto era con quien horas antes había tenido esa conversación. Uno de los muchachos que pasaba por la escena del hecho fatal, observó cómo funcionarios del CICPC realizaban levantamiento de planimetría y balística y en dicho proceso terminaron dentro de las instalaciones del Liceo de La Salle. Para quienes conocen el lugar, saben que los manifestantes estaban del otro lado del viaducto, por lo que dicho estudio –de presumir que el disparo provenía de los manifestantes- debería ser del otro lado y no del flanco contrario.

De donde haya venido la bala asesina y también las que hieren a las demás victimas, es repudiable en todos los sentidos el uso de armas de fuego en manifestaciones contra ciudadanos desarmados, pero de lo que sí estamos seguros es que grupos de paramilitares respaldados por el Estado lumpen encabezado por Alexis Ramírez, estaban armados y no dudaton en mostrarlas en distintas zonas de la ciudad con total impunidad.

La resistencia en Mérida continuará pese al terror. La organización se afianza. El pueblo se salvará a sí mismo desde la organización, las asambleas y las luchas en la calle. Abajo La Dictadura.

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    Por: René Daniel Enriquez

    Estudiante de Química ULA | Dirigente de Bandera Roja Mérida | Miembro del Comité Central de Bandera Roja | Comité Politico Regional Mérida

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