Este asunto del imperialismo y la cuestión venezolana, copa la escena planetaria. Estamos frente a un evento en el cual se desarrollan de manera clara las políticas imperialistas. La tesis de cobijarse con un imperialismo para enfrentar otros, cobijarse bajo un bloque para enfrentar otros, ha salido cara. Pero sigue subyaciendo. De lado y lado.

Siempre ha sido así. El chavismo, para salir airoso frente a la presión estadounidense, se entregó al proyecto chino. Además, la relación con Rusia, coronada con la compra de equipo militar que supone el cambio de buena parte del parque, es una señal de que se cambia de dependencia.

Brics, bloque que se convirtió en su oportunidad como el más ambicioso del mundo. Se ha ido debilitando a raíz de las contradicciones entre China e India a propósito de la ruta y la franja china, que favorece e integra a Pakistán, nación enfrentada a India en asuntos diversos. También, la salida del PT de la conducción de Brasil debilita al bloque en cuestión. Inicialmente con el golpe de Estado institucional contra Dilma Rousef, seguido el presidio al que fue sometido Lula, que trajo como corolario el triunfo de Bolsonaro, claramente identificado con los intereses estadounidenses, desplazan a Brasil al lado estadounidense. Lo que conduce a China y Rusia a aferrarse a los espacios conquistados. Así, coincide la necesidad imperiosa chavista de mantenerse en el poder con la aspiración del bloque liderado por China.

Son varios los episodios en los cuales se presenta la contradicción que se realiza hoy en Venezuela. Siria ciertamente fue intervenida por fuerzas apadrinadas y financiadas por EEUU. Asesores estadounidenses se encargaron de la formación de grupos armados. Junto a determinaciones políticas y económicas diversas, la cosa derivo en una devastadora guerra. Pero no se pueden negar las luchas del pueblo sirio contra la dictadura de Bashar Al Assad. Antes, los libios luchaban contra el despotismo de Mohamar Ghadafi. El bombardeo estadounidense y europeo, impusieron una salida que permite el reparto de ese país entre las potencias que participan en el derrocamiento de Gadafi. Todavía no se logra la unificación del Estado libio. La tragedia humana resultó mayor a la “ayuda” prestada para el derrocamiento del tirano.

Vale el escrito de Ruben Blades del 1 de febrero a tales efectos. Sin pérdida alguna da cuenta de la situación venezolana reivindicando el asunto de la soberanía, rechazando la injerencia estadounidense.

“Toda mi vida he expresado mi posición de no apoyar intervenciones en los asuntos internos de otro país. Por años he expresado abiertamente mis críticas a los Estados Unidos, por sus actos fariseos y sus contradicciones, y por el daño que ha causado a terceros históricamente, amparado en la supuesta búsqueda de la satisfacción de miopes intereses nacionales. Su actual presidente es el mejor exponente posible de lo peor que esa gran nación tiene para ofrecer al mundo e, igual que muchos, lo considero la mediocridad más grande y peligrosa que jamás haya sido vista en la historia de la política norteamericana, por no decir mundial. Nadie puede acusarme de ser un partidario de Donald Trump y sus estupideces. No estoy de acuerdo, no apoyo, no aplaudiré ni justificaré una invasión de Trump a Venezuela. Mi Panamá ya experimentó la horrible experiencia de una invasión, acto que dejo profundas heridas en la Nación, que aun no cicatrizan.

“El problema de Venezuela debe ser resuelto por Venezolanos, no por “marines”, ni “cosacos”, ni cubanos.

“No caigan en la trampa de pillos que se disfrazan de socialistas. Lo que hacen no es socialismo: es corrupción sustentada por un populismo insostenible, para satisfacer sus propios intereses egoístas. El escenario no es muy diferente al de los anteriores, cuando Adecos o Copeyanos corruptos saqueaban al país en nombre de una democracia ficticia y se hacían pasar por defensores del interés nacional”.

Es una historia muy vieja. En nuestro continente podemos remontarnos a Hernán Cortez, quien aprovechó las contradicciones internas del imperio azteca. Las comunidades sometidas por los aztecas con justa razón deseaban la abolición de quienes los exprimían. Igual hizo Pizarro contra los incas. Aprovechando la debilidad que supone para una fortaleza, las contradicciones en su seno, son aprovechadas por el invasor para luego someterlos a todos.

Estas experiencias, sin embargo, no suponen la negación de un hecho objetivo, prevalece la coincidencia de derrocar a Maduro.

La cuestión es cómo atender ese tipo de circunstancia con sentido nacional y popular. Cómo sacar provecho de la contradicción imperialista sin quedar atenazados por un imperialismo que busca sacar provecho. Más cuando la presión internacional luce en los actuales momentos como la determinación principal para la salida de Maduro y sus mafias. Mientras, el movimiento popular no cuenta con una dirección política que parece no estar ganada a adelantar la rebelión.

La crisis, la dirección

La fractura del bloque de poder, que no es dualidad del poder, es el fruto de una crisis política derivada de un proceso cuyas determinaciones en última instancia son de naturaleza económica. La coincidencia que se produce entre la ambición de Chávez por afianzarse en el poder y la aspiración china por penetrar el área de influencia estadounidense, el patio trasero del entonces imperialismo hegemónico, derivó en la implantación de un régimen despótico hoy agotado.

Así, definitivamente, la crisis política venezolana evidencia aquello que los de arriba no pueden seguir gobernando a la vieja manera. Los de abajo tampoco quieren seguir siendo gobernados así. Evidencia pues que se trata de una crisis revolucionaria. Es una crisis que deja a Maduro sin la fuerza como para desconocer a Guaidó.

El presidente interino, por su parte, es reconocido por una cantidad importante de países. Por dos bloques imperialistas y algunos de los países bajo su influencia en América Latina. Cuenta con la fuerza que brinda la movilización de millones de venezolanos enfrentados al régimen. Protagonismo ganado por la fuerza, contundencia, espíritu de lucha y con la sangre regada por cientos de venezolanos caídos en desigual combate, que parece no ser reconocido por quienes han asumido la conducción en el terreno político.

Sin embargo, la eficacia política parece centrada en la presión internacional. Lo que da pie a dejar subalterna la participación popular que apenas sirve como telón de fondo de un camino estratégico centrado en lo anterior. Lo que anuncia el perfil dominante del cambio alcanzado ante la salida de Maduro.

La ayuda humanitaria

Es un hecho objetivo que buena parte de los venezolanos tienen carencias diversas. Mucha gente pasa hambre, literalmente hablando. Han cambiado los hábitos alimenticios al punto de que casi toda la población come dos veces al día. La delgadez es generalizada. Qué decir de la falta de medicamentos. Luego, cómo negarse a la ayuda humanitaria. Es un derecho humano elemental a ser atendido por esta vía. Debemos apoyarlo sin más. Es inhumano no hacerlo. Aunque es bueno reivindicar la letra establecida en la resolución al respecto de la Organización de las Naciones Unidas.

Debemos trabajar por crear instancias en función de atender el asunto a la hora de que se haga efectiva. Las Asambleas de Ciudadanos que se vienen realizando en todo el país bien pueden jugar un papel al respecto.

Ahora bien, dejar descansar en la ayuda humanitaria y la cuestión internacional la política opositora resulta un riesgo que puede resultar caro a los venezolanos. En primer lugar, puede conducir la “ayuda” humanitaria a una intervención más directa por parte del imperialismo estadounidense. Su eficacia política, así vista, puede perderse toda vez que puede reunificar fuerzas chavistas en torno de Maduro.

A pesar de que la “ayuda humanitaria” debilita a Maduro, apuntala el camino de su derrumbe, no deja de ser un mecanismo de intervención dentro de la estrategia de recuperar un área de influencia perdida. Es una manera de intervenir. Son muchas las experiencias al respecto. Es un asunto a ser atendido en perspectiva.

Es objetivo que contribuye con la caída del usurpador, pero de igual manera es objetivo el hecho de que puede conducir a una intervención. Ese es un asunto a ser atendido por quienes aspiran un cambio para el progreso y bienestar de las mayorías nacionales. En cualquier caso, es una experiencia que permite poner en práctica aquello de aprovechamiento de las contradicciones interimperialistas.

Las cuestiones políticas de la monta venezolana, no se atienden enarbolando los principios. La cosa es más compleja. Además, cuenta el cálculo político para poner el acento en una cuestión u otra. Incluso, en un principio u otro. Es el caso que nos ocupa en relación con la ayuda internacional y la intervención militar. Una puede suponer la otra. La “ayuda” encomillada puede ser minimizada en tanto que prevalezca el sentido nacional. Además, debe estar articulada a una estrategia general en la cual los preparativos de la rebelión sean lo principal.

Aparece un nuevo elemento a tomar en consideración en este contexto que enturbia aún más este asunto. Se propaga la especie de que estamos en presencia de una posible intervención. Eso encrespa la tensión y debilita al chavismo al llenarlo de miedo. Pero de igual manera lo fortalece en tanto que son muchos los sectores de verdad antiimperialistas en Venezuela que no ven con buenos ojos esta salida.

La idea programática

Otro asunto controvertible en grado sumo, es la oferta del tal plan país. Lo aprobado y presentado hasta ahora, no supone ningún cambio para el desarrollo y el bienestar. Comprometer al país a una deuda sin siquiera calcular el ahorro nacional, luce la lógica diseñada por la banca internacional. El Fondo Monetario Internacional, ahora con más influencia china, por cierto, se inscribe en esa perversa tendencia de incrementar la deuda externa mundial, hoy calculada en más de 64 billones de dólares. En el plan, siquiera se plantea el cálculo del ahorro nacional para ver cuánto se requiere de deuda. La deuda pública, tan dada a la socialización, nos obligará a usar nueva parte del Producto Bruto Interno para honrarla. Luego, cómo desarrollarnos si la debemos pagar. Los griegos ya llevan un tiempo y todavía no ven luz…

A cambio de quitarnos a Maduro de encima, no debemos perder más soberanía de la ya conculcada. Saludamos la presión internacional, entendemos su naturaleza. Coincidimos en el objetivo. Empujemos en esa dirección. Mientras, hagamos buena la idea de que vendrá un cambio para alcanzar una nueva democracia, desarrollo y bienestar.

Al final, serán los nuevos realineamientos políticos los que marcarán el curso de los acontecimientos. Fuera Maduro, de no cubrirse las expectativas de los venezolanos, vendrán nuevos episodios en muy breve tiempo, en los que la lucha por el desarrollo y la soberanía nos aproximarán a una nueva Venezuela.


Tomado de Efecto Cocuyo

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