Todo indica que el régimen de Maduro, fiel a la herencia de Chávez, busca escudarse, como nunca antes, en un imperialismo para dar cuenta de las exigencias de otro. Busca entregar aún más nuestras riquezas a cambio de obtener las “bondades” del imperialismo emergente más importante de la historia moderna. Entrega la muy mentada y menguada soberanía a cambio de algunos recursos para preservarse en el poder.
Es por ello que somos de la idea de que la propuesta titulada “Contribución para el salto económico”, presentada por Rodolfo Sanz el 11 de enero de 2016, días antes de ser designado como integrante de la Comisión Presidencial para la Economía Productiva, le brinda protagonismo en la perspectiva dominante. Luce coherente en relación con las ideas del vicepresidente Luis Salas de las que dimos cuenta en su oportunidad. También resultan coherentes en relación con lo esencial de la política económica imperante en Venezuela desde 1989 a la fecha. Aunque en esta última etapa el protagonismo chino entra en escena de manera tan amplia que logra desplazar la importancia que para aquel entonces tenían los estadounidenses y el FMI.
Resalta, en primer lugar, la idea posmoderna de Sanz en el sentido de que el asunto no es resolver los grandes problemas nacionales. Apenas deben producir una percepción en la gente. Afirma el alcalde que: “Debemos efectuar algunos movimientos que puedan producir la siguiente percepción: A) Que el Gobierno Bolivariano está dispuesto a preservar las conquistas sociales de estos 16 años de Revolución. Vale decir el estado de bienestar bolivariano”. Aparte de otras percepciones que debe crear el gobierno, no plantea cambios, políticas, sino movimientos.
Además, plantea el también exministro de Industrias Básicas, mentiras propias del chavismo en esta etapa tales como la tan mentada guerra económica, que busca esconder la responsabilidad gubernamental en la catástrofe nacional. En tal sentido, una de las percepciones que deben crear es que pueden derrotar ese fantasma mientras siembran esperanzas.
Lo más importante del escrito se resume en la propuesta de la incorporación de Venezuela en el Brics y su banco para solicitar créditos y financiamiento para proyectos mineros. Entregaríamos a los Brics —a China obviamente—, y en menor medida al resto de socios, riquezas mineras para ser explotadas con capitales provenientes de ese bloque que se disputa la hegemonía planetaria. Lo que se expresaría en la “Industrialización minera con inversión privada extranjera y nacional para aprovechar todas las reservas de minerales: oro; diamante; carbón; coltan; granito; caolín, entre otros”.
Otra propuesta de Sanz es la de salirnos de la Opep mientras propiciamos una nueva organización. Así, 
— Anunciar la creación de la Organización de países con las Mayores Reservas de Petróleo del Planeta, Rusia, y otras naciones.
— Revisar nuestra permanencia en la OPEP. Calcular el efecto de un anuncio como este, para la recuperación de los precios del crudo.
Propuesta que, articulada con la anterior, metería a Venezuela dentro del bloque chino-ruso. Formaríamos parte, de manera más clara, de la cadena imperialista que gira en torno de quienes buscan, como bloque y como potencia -en el caso chino y ruso-, convertirse en hegemón planetario.
La tercera idea importante que nos presenta el autor es la del impulso de las Zonas Económicas Especiales. Uno de los decretos con rango, valor y fuerza de ley dictado por el presidente Maduro de inspiración china. Se remonta esta fórmula a la década de los 80 en Shanghai. A decir de Clodosvaldo Hernández:
Las zonas especiales son regiones en las que no se aplican las leyes laborales, tributarias ni ambientales vigentes a escala nacional. Pisando el terreno de la provocación, puede decirse que no se aplica ninguna ley, ni siquiera la Constitución. Son paraísos capitalistas sin sindicatos, sin impuestos y sin restricciones para contaminar el aire, el suelo, las aguas y, por tanto, a la gente. ¿Exageraciones? ¿Cuentos chinos? Quien así lo crea que lea cuidadosamente la ley y que escudriñe en internet sobre estos enclaves en el gigante asiático. Después hablamos…
El objetivo es atraer capitales a punta de entreguismo y de condiciones para la sobreexplotación cuya diferencia con la que se practicó en la llamada IV República es la retórica que la respalda. Solo que el capital —chino, europeo o estadounidense— se asienta con base en las mismas leyes de la economía burguesa, principalmente la búsqueda de la máxima ganancia, aunque vengan revestidos de una u otra retórica.
La cuarta idea que nos brinda el alcalde es la referente a la monetarización (sic), monetización más bien, de una parte de las reservas de petróleo. En dos partes del escrito alude esta tesis. La monetización solo sirve para subastar nuestras riquezas. Es otra manera de comprometer el futuro. A cambio de la entrega de riquezas se recibe financiamiento. A estas alturas, nadie puede pensar que una potencia imperialista esté dispuesta a sacrificar un ápice a cambio de nada. La economía burguesa en condiciones del imperialismo es aún más rapaz. Cabe aquella expresión del Che Guevara según la cual: “No se puede confiar en el imperialismo ni un tantito así, nada!”. China es una nación imperialista que pugna por hacerse de la hegemonía mundial, cuenta con aliados importantes como Rusia e India y se disputa mercados y materias primas bajo la égida de las leyes del capital. No confiar en EEUU pero sí en una supuesta ayuda China es, para no sonar groseros, una ingenuidad. China, dada su condición imperialista tan igual como la de aquél, merece la misma sentencia del Che.
Para esconder la naturaleza de clase de la propuesta, mientras brinda clara evidencia de la incomprensión del problema en términos marxistas, remata el autor este escrito con dos citas del gran revolucionario y teórico del proletariado Federico Engels, referidas a la oferta y la demanda y la determinación del precio en torno del valor. Ciertamente la acción de las leyes del capitalismo, como las que se cumplen en cualquier expresión de la materia, resultan inexorables. Pretender determinar los precios con controles, a la postre, conduce a su fracaso, si ello no es acompañado de una política que reduzca el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de bienes, mientras se protege el mercado frente a la importación. De allí la afirmación de Engels. 
Pero, en el caso que nos ocupa (Venezuela), se ha buscado frenar la acción de la ley del valor y la determinación de las oscilaciones del precio en torno de él, no por utopismo, sino como mecanismos que permiten brindarle más espacios al producto importado, que desplaza al nativo, para solo centrarnos en el principal aspecto que determina esta orientación. A su vez, el gran negocio de la mafia chavista ubicó el mejor nicho para hacerse de superganancias en la importación a dólar preferencial. Circunstancia que termina por quebrar buena parte de la producción venezolana. Sumemos que la producción interna demanda de bienes importados para su funcionamiento, resultado de la dependencia económica del país afianzada en los últimos tres lustros. Una política que, en general, ha profundizado el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo.
Por lo que las citas de Engels, válidas y vigentes en abstracto, así como el comentario referido a la ingenuidad utopista, no caben en nuestro caso. Parece buscar el autor legitimar mediante la teoría marxista una mayor liberación de precios que se avecina, sin tomar en cuenta que el tiempo de trabajo socialmente necesario de la producción nativa, en general, se ha ido incrementando. Hemos perdido competitividad, producimos caro y malo. Salvo el grupo Polar y alguna que otra empresa vinculada a la oligarquía financiera, receptoras de las bondades chavistas, en general, esa es la realidad de la industria venezolana: ha rezagado su composición técnica y orgánica de capitales frente al resto de buena parte de los países del mundo.
No estamos frente a ingenuos, estamos frente a estafadores que para nada les interesa la acción del mercado y su determinación en las oscilaciones del precio en torno del valor, y menos aún las repercusiones que tiene en las inversiones productivas y su incidencia en el valor de las mercancías; en los desarrollos desiguales de las ramas de la producción. Lo que les interesa a quienes han usufructuado de esta política es la ganancia pura y simple y casi sin riesgos. Para nada les interesa el interés nacional y mucho menos del pueblo. Es por ello que muchos dueños de medios de producción se convirtieron en importadores aliados al gobierno o de sus agentes. No desplazaron sus capitales a la producción en otra rama más gananciosa. Se metieron en el mercado especulativo que brinda la política chavista. Importan a 6,30 y venden a precios de mercado, teniendo superganancias. Ese es el problema.
Aunque una realidad que si algo levanta en los venezolanos es la rabia por el drama que sufren, pretender atenderla con la misma política, aunque más claramente definida, resulta una aventura. Esa parece ser la intención del régimen y sus nuevos aliados. No ven otra opción. Para muestras, este escrito de Rodolfo Sanz.
Desde nuestra perspectiva, que una y otra vez nos ha permitido dar cuenta de la naturaleza de la política y las perspectivas que dibuja, nuevamente debemos hacer buena la vigencia del marxismo-leninismo para desenmascarar ambas cuestiones. Ubicamos que las nuevas perspectivas políticas y económicas que brinda la retorcida estrategia chavista, harán más aguda la confrontación entre el pueblo venezolano y quienes se han beneficiado de este régimen, así como la lucha contra el imperialismo en general, destacando la que se producirá contra el imperialismo chino en particular.

Carlos Hermoso

Caracas, 16 enero / 10 de febrero

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