Son muchas las cosas que comparto con Humberto González Briceño, con quien venimos adelantando un debate acerca de cuestiones fundamentales del proceso unitario venezolano contra la dictadura. Ahora dando cuenta a su artículo publicado en el semanario La Razón el 10 de julio pasado, titulado: Propuestas para una unidad de propósito de la oposición venezolana.

Como es natural, hay muchas diferencias. En cualquier caso, debemos rescatar la altura del debate. Pocas veces visto en estos tiempos de chavismo. La diatriba entre los opositores al régimen ha sido tan infectada como la que encontramos en su enfrentamiento. Entre los chavistas la cosa es diferente. Cuando aparece entre ellos, es porque alguno ha salido del redil y debe ser acorralado y acallado, hasta la muerte si es preciso.

Reivindicamos entonces, una vez más, la altura del debate. Además, las coincidencias.

Pero vayamos a las diferencias, en primer lugar. Tratemos de ordenar las cosas. Comencemos con asuntos de táctica y estrategia. En principio, definamos el enemigo a vencer. No es otro que el régimen. En su conjunto. Sus instituciones y personalidades. Focalicemos al enemigo. De una parte, la categoría régimen debe estar bien adjetivada. Un régimen de mafias. El disfraz socialista cada vez se le hace más burdo. Personalizarlo supone darle nombres y apellidos. Las mafias encabezadas por Maduro, Cabello y Padrino, como principales capitostes.

Identificado el enemigo principal, centrar el ataque en su médula. No desperdiciar munición en cuestiones subalternas. Es una dictadura que debe ser atacada de manera también muy centralizada. De lo contrario estamos derrotados de antemano.

Ellos han logrado crear una dirección que se unifica de manera muy clara. Tienen diferencias, pero, al ver que la cosa es de vida o muerte, han logrado no mostrar sus grandes discrepancias. Además, siempre debemos tener presente que la cuestión internacional tiene un peso. Son orientados por potencias que se disputan la hegemonía planetaria.

Centralizada la dirección, de lograrse, debemos tratar de aislarlos. Debilitarlos en la medida que logramos quitarles aliados y las bases sociales. Si bien no es como para brindarle puente de plata, como al que huye, sí al menos hay que tenderle uno a quien abandona el bando contrario y pasa a engrosar las filas opositoras.

Así, resulta sencillo definir el objetivo: salir de la dictadura, derrocarla, tumbarla… varias expresiones caben. Se trata de un principio universal que ya hemos atendido.

De otra parte, algo elemental, la combinación de las diferentes formas de lucha, dentro de lo cual cabe aquello de las maniobras políticas para perturbarlo. Todo dentro de un plan estratégico, de preparativos de una rebelión popular dirigida de manera precisa.

Las cuestiones objetivas de la estructura económica y la superestructura que erige el chavismo

Seguidamente, desde nuestra perspectiva, el manejo de leyes científicas y principios, son herramientas para el análisis de la situación y de cómo enfrentarlos. Las tendencias son el resultado de procesos objetivos. La estructura económica que se ha ido configurando durante dos décadas, puede consolidarse. Persisten los reacomodos. Nada fácil consolidarla en un período de transición hacia una economía minero-petrolera. Una larga etapa de incubación, cuyo desarrollo ha estado lleno de vaivenes y diferencias. Un nuevo bloque de la dominación ya da algunas muestras de lo alcanzado. La estructura política de rasgos fascistas; la cúpula de la Fuerza Armada; una parte de la Iglesia, pequeña, pero suficiente; buena parte de la oligarquía financiera, sobre todo bancaria; los nuevos integrantes de la oligarquía, nutrida principalmente por los grandes corruptos chavistas; un pequeño sector de la intelectualidad; buena parte de la alta burocracia gubernamental; forman el nuevo bloque de la dominación que busca consolidarse, en clara entrega al imperialismo chino y ruso.

La emergencia de este nuevo bloque de la dominación, aun en formación, no hubiese sido posible sin este último aspecto, la alianza con el bloque imperialista emergente en la lucha por la hegemonía planetaria resulta fundamental para estos efectos.

Pero eso no significa que todos los integrantes del antiguo bloque se hayan pasado a la novedad. En las transiciones, de lo que sea, la convulsión arrastra en una dirección dominante, pero se puede producir una regresión que haga que la cosa antigua se recomponga. Mucho tendrán que hacer los chavistas, y mira que han hecho, para mantener unido ese bloque dominante. A momentos vacilan algunos de sus integrantes. Algunos terminan inclinándose en la perspectiva que marcan las mafias. Los importadores y quienes se han afincado en la minería, sin desestimar el petróleo, principalmente, se mantienen con la solidez que brindan los negocios. Otros, aquellos que provienen del antiguo bloque, siguen seriamente comprometidos con EE. UU. Aun así, vacilan, mientras hacen negocios con las mafias.

De allí que la descomposición del poder político y su readecuación ha sido un proceso lleno de oscilaciones. No se trata de analizar las cosas de manera metafísica, que no permite apreciar sus movimientos y cambios. Esta circunstancia debe ser aprovechada. Hay que producir políticas y denuncias que permitan debilitar las bases del bloque de la dominación en un proceso que no le permita consolidarse.

El análisis de la dictadura y las tendencias y políticas, a su vez, no debe hacerse desde una perspectiva jurídica, aunque ella cuenta. Es un asunto que trasciende este aspecto. Por ejemplo, el 350, más que el fruto de una Constitución, fraudulenta o no, es un principio que nace antes de la democracia burguesa misma. A ello principalmente, debemos apelar.

Toda forma de dominación supone el ejercicio del poder bajo el monopolio de las armas. De allí su condición dictatorial, independientemente de que se presente como democracia. Esta dictadura ha sabido adecuarse con base en el principio de la heteronomía del poder. Si bien forma parte del bagaje teórico para analizar el Estado, lo pone a su servicio para el ejercicio de esta sui géneris forma de dominación. Así, el régimen ha logrado el ejercicio del poder de manera centralizada, desconociendo la división del trabajo entre el ejecutivo, el legislativo y el judicial. Practica de manera clara la forma dictatorial tradicional, pues.

Ideas elementales para la unidad

La unidad de propósito, por tanto, debe ser reducida al mínimo, para poder unirnos en torno a un programa que, siendo muy elemental, permita crear un bloque político y social contra la dictadura. Por nuestra condición de comunistas, por ejemplo, si colocáramos el programa estratégico del socialismo, difícilmente encontraríamos aliados en el escenario opositor, para el derrocamiento de la dictadura. Ni siquiera el programa táctico de reconstrucción nacional puede ser asumido por muchos de los factores políticos que enfrentan al régimen. Por su carácter nacional y popular, muchos de quienes integran la oposición en sus diversas expresiones, dados sus compromisos con otros imperialismos, principalmente el estadounidense, y por su miopía ideológica, no pueden ubicar que esa condición permitiría acercar más fácilmente a los sectores populares a la lucha contra la dictadura, dentro de una perspectiva de cambio.

Por lo que no podemos pedir más para la unidad. Aunque cada factor debe propagar sus propuestas programáticas. Cada quien se pondrá en evidencia respecto de qué aspira para el futuro venezolano.

Dada esa circunstancia el programa tiende a perfilarse dentro de las cuestiones más elementales que nos pueden unir. A saber: alcanzar la democracia, sus libertades, condiciones para unas elecciones libres y transparentes, libertad de los presos políticos y regreso de los exiliados. De nuestra parte, luchamos por una nueva democracia cuyo sustento sea un movimiento asambleario que permita la correcta vinculación del ejercicio directo de la democracia con la representación que, a su vez, debe cumplir con el principio de la revocabilidad. Sin embargo, eso obedecerá a la correlación que se establezca un día después y, principalmente, del grado de organización alcanzado por las bases de la sociedad.

Cohabitación y perspectiva de cambio

La cohabitación, si bien es cierto ha sido muy dañina para los objetivos de la oposición, no representa el enemigo principal. Forma parte de él ciertamente. Son sectores adláteres que favorecen al régimen, aunque algunos expresan vacilación. En general son oportunistas. Formar parte del régimen por la vía de hecho y se inscriben en planes verdaderamente perversos. Sin embargo, habiendo ciudadanos que les siguen, que no forman parte de esos factores políticos, ni de esos eventuales planes, bien podemos hacerlos rectificar con base en una política. Pero debe haber la política. De lo contrario terminan siendo arrastrados por los factores políticos que se prestan para esos planes.

Pero no puede ser tildado de cohabitantes a quienes aprovechan los resquicios, los derechos positivos que brinda la Constitución, pisoteados por la dictadura, para desenmascararla y plantar pelea en la defensa de las libertades y derechos ciudadanos.

De otra parte, es mucha la gente que, habiendo sido chavista, no logra ver con simpatía la perspectiva que brinda la oposición. Se espanta ante las ideas erróneas que confunden exprofeso, los rasgos fascistas de la dictadura, con comunismo o socialismo. Que, al observar los ataques al populismo ven la alternativa como peligrosa. Por lo que el discurso político contra la dictadura debe levantar ideas y propuestas que estimulen a los trabajadores y los pobres a identificarse con una salida rebelde.

Más aún, las luchas por salarios, servicios públicos, en general las luchas de la gente por la defensa de sus derechos, además de ser articuladas con la estrategia y táctica en la lucha contra la dictadura, requieren una perspectiva que no puede ser otra que una propuesta en la que, luego del derrocamiento de la dictadura, habrá desarrollo y bienestar para la gente.

Así, habiendo las diferencias de rigor, hay condiciones para que marchemos juntos hasta configurar la unidad que demanda la lucha contra la dictadura. Crear escenarios para la labrarla, mientras organizamos a la gente en asambleas que vayan sentando las bases de una nueva democracia, debe ser la tarea del momento. En eso creo que coincidimos con el analista político y abogado Humberto González.

Publicado en El Pitazo, 15/07/20

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