Era fácil prever que Estados Unidos iba a realizar una acción bélica en Siria. Ya estaba anunciado. Aunque, retroceso mediante, solo aparente, bombardean Siria y marcan un paso importante en el camino a una guerra de grandes proporciones. La temida “tercera Guerra”.

Este asunto lo venimos alertando tiempo ha. Las tendencias del desarrollo capitalista en condiciones del imperialismo son inexorables. Se pone en evidencia un desarrollo que corrobora de manera muy clara que las leyes del capital se realizan tanto como las propias de otra ciencia, por lo que permiten la capacidad de prever el desarrollo de los acontecimientos. Muy a pesar de la apología según la cual las contradicciones habían desaparecido; que la globalización había llegado para quedarse, entre otras fábulas burguesas, Trump pone en el tapete lo que para muchos era impensable: regresar a la protección, al rescate del mercado interno y la producción nacional. Este proteccionismo y sentido nacional echan por la borda la llamada globalización y el neoliberalismo, proceso que parece no haber sido pensado por quienes lo asumieron religiosa y trasnochadamente, y que siguen repitiendo una tesis que para nada se corresponde con el tiempo. Para China, el liberalismo debe seguir prevaleciendo, sin embargo aplica medidas de protección. Los sacrílegos parecen hacerse dominantes en este tiempo.

Tendencias inexorables

Y es que los procesos, cualquiera sean, terminan por inscribirse siempre en las leyes del desarrollo, de la dialéctica pues. Los saltos cualitativos surgen, cambios cuantitativos previos. Nos luce que estamos en este tipo de circunstancias. Hoy subyace la cuota media de la ganancia. Las contratendencias para frenar su caída se convierten en el acicate para la guerra. Bajos salarios, materias primas baratas, ampliación del mercado, son codiciados cada vez más. Sobre todo el imperialismo decadente o que ha perdido en el reparto, pugna por estos aspectos. Son esenciales para obtener una cuota de la ganancia más competitiva. La Alemania de 1930 parece repetirse en los Estados Unidos de estos tiempos. Aunque no han sido humillados como en su oportunidad lo fue Alemania, están ávidos de mercados y materias primas y están dispuestos a pelear. Tienen con qué.

El viejo imperialismo busca no solamente empobrecer a sus propios obreros, también persigue el objetivo de conquistar economías, muchas de ellas perdidas, en las cuales los obreros son baratos, elemento principalísimo para hacerse de una cuota de la ganancia más elevada o frenar su caída. Esta tendencia resume una situación contradictoria en relación con la frontera con México y la inmigración. Frenarla no le permite aumentar la oferta de fuerza de trabajo barata, y hacerlo les crea problemas en la demanda de servicios. Aunque es una ventaja mantener escalas de inmigrantes clandestinos, forzados a venderse a salarios irrisorios en relación con el imperante formalmente.

De otra parte, al abaratar sus propios obreros se reducen las posibilidades de una ampliación en la misma escala de su producción. Por lo que se ven impelidos de hacerse de nuevos mercados o de rescatar mercados perdidos. Esto aumenta la rivalidad y se abre el camino a la confrontación.

La reindustrialización, por su parte, demanda también de materias primas baratas. Siempre con el mismo objetivo de hacerse competitivos, de frenar la caída de la cuota de la ganancia mientras aumenta la composición orgánica. Junto a la fuerza de trabajo deben hacerse a toda costa de medios de producción baratos. Además, los imperialistas buscan hacerse de las fuentes de materias primas baratas y de evitar que el rival le eche mano. La gana para sí, o evita que el contrincante se haga de ellas.

Del dinero a la revancha

En la guerra de divisas, sobre todo en la pugnacidad entre el dólar y el yuan, el oro es una determinante fundamental. China, durante los últimos años, es el principal demandante del metal. Calculan que cuenta en la circulación interna con más de 30 mil toneladas; Shanghai se ha convertido en el centro mundial del mercado aurífero; se hace muy sólida la moneda china. Mientras, el dólar se debilita día a día. Más rápido de lo esperado. China, por el volumen de deuda estadounidense en sus manos, frena la caída pero las medidas de Trump la obligan a acelerarla. El yuan tiende a perfilarse en la moneda que pugna por la hegemonía planetaria y con ello se afianza la pugnacidad.

Pero los planes estadounidenses avanzan. Aquello del rescate de la primacía yanqui sobre el mundo supone antes que nada la recuperación económica, la expansión del mercado, el aumento de la competitividad. La punta de lanza no puede ser otra que la industria bélica. Partiendo de aquello de que esta mercancía cuenta con un valor de uso en el acto bélico propiamente dicho y en su capacidad de disuasión, debe apelar a ella para ir a la revancha. EEUU sigue siendo el principal productor de este material. Sigue siendo altamente competitiva esta industria, aun cuando ha perdido en algunas áreas con Rusia, principalmente. Pero es la potencia imperialista con mayor número de bases fuera de su territorio.

Estas son las determinaciones de este episodio que pone al mundo en vilo: el peligro de guerra y de una aproximación a un nuevo reparto del mundo. Para Venezuela significa un aldabonazo de gran estruendo. Poco comprendido por la oposición, ahora la cosa se hace más compleja. Hemos dicho una y otra vez que Venezuela se había convertido en área en disputa. Ahora la disputa se hace más evidente. Desde Siria nos llegan los aires de guerra. Llega la amenaza de hasta dónde están dispuestos los imperialismos. El hecho de que EEUU sea el imperialismo más agresivo en las actuales circunstancias no significa que los otros estén menos dispuestos a ir a la confrontación bélica. Rusia también basa en buena medida su industria en esta mercancía, por lo que también presenta su valor en los dos sentidos antes indicados.

La disputa por nuestras riquezas y mercado encuentra una gran significación. Oro a raudales hoy comerciado de manera escandalosa fuera de la legalidad. El contrabando se convierte en el mecanismo idóneo por lo pronto. No se convierte en riqueza al servicio de la nación sino de las mafias articuladas o propias del gobierno. Pronto buscarán ordenar su explotación. La codicia imperialista ve en esa riqueza un manjar en la guerra de divisas. Lo mismo el diamante. El coltan resume lo propio para el desarrollo industrial. Qué decir del torio, tan importante para la reconfiguración de la planta energética en China.

Venezuela en la mira

Así, este episodio se produce en momentos en los cuales en Venezuela la crisis política parece dibujar un desenlace. Las condiciones de vida de las grandes mayorías afectadas por la inflación y la escasez; el deterioro de los servicios; en conjunto, la realización de las leyes burguesas en la esfera de la circulación, que llevan a que sean cada vez más los venezolanos que deben pagar efectivo para salir de casa, entre otros aspectos agobiantes, anuncian una salida por el imperio de la desesperación. Talento político demanda esta circunstancia. Solamente desde la perspectiva marxistaleninista se puede atender este asunto por su gran complejidad. Por lo pronto, lo planteado es seguir luchando por el cambio de régimen cuya guía y alternativa sea el desarrollo autónomo y soberano de Venezuela. No plegarse a un imperialismo u otro y denunciar la tendencia guerrerista entre los imperialismos que, mientras crean mejores condiciones, la tendencia se realiza en esas áreas en disputa. Siria es apenas el comienzo.

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