Llama la atención que la entrega en concesiones para la explotación de buena parte de las riquezas del subsuelo venezolano haya pasado un tanto inadvertida para tirios y troyanos. Dos cuestiones pudiesen justificar el relativo silencio. En primer lugar, la grave crisis nacional luce el asunto más serio a ser atendido, por tratarse de una circunstancia que angustia a la familia venezolana en su cotidianidad de manera cada vez irritante. Pero también compite en su patio el escenario político que, a momentos, luce esperanzador, al menos para salir de Maduro. En esto aguzan su talento —o su ambición— muy buena parte de los factores políticos, lo que deriva en una diatriba que no termina de llevar la sangre al río, a momentos remedando una pelea de sombras llena de frases encendidas. Así, la encrespada situación política coloca en un segundo plano la cuestión a la cual creemos que se debe dar cuenta. Salir de Maduro, como lo reclama la inmensa mayoría de los venezolanos, o defender su estancia en el poder, como lo reivindica el chavismo, resume un asunto de no poca monta. Situación que también coloca en segunda instancia las ideas políticas, económicas y sociales para atender la crisis ante una eventual salida del Presidente, lo que no despierta confianza en la gente que parece no muy dispuesta a dar un nuevo paso a lo que muchos consideran incertidumbre. Todo esto en medio de la participación directa en la política venezolana de las grandes potencias imperialistas debido a la magnitud de lo que está en juego.

Ahora, bien, en la atención que presta el Gobierno a la crisis se encuentra el centro del tema que nos ocupa. Su desarrollo, el de la crisis, no parece tener la respuesta adecuada tomando en consideración las riquezas y facultades con que cuenta el país y las metas que en lo inmediato se deberían alcanzar. De una parte, con los negocios mineros busca el régimen hacerse de recursos de emergencia, a partir de lo cual se profundiza el papel de Venezuela en la división internacional del trabajo, asunto que parece ser desconocido por unos y otros. Esto es, ni quienes se abocan al estudio de la sociedad, ni buena parte de los políticos parecen percatarse de una cuestión de tanta importancia para comprender la realidad económica de nuestro país desde tiempos ha y en las circunstancias actuales y en perspectiva. Esto, a pesar de su importancia en el terreno teórico y político desde los tiempos de Smith y Ricardo, sus descubridores y apologetas. Determinación y política en la que descansan el comercio y las relaciones económicas internacionales desde la revolución industrial inglesa hasta nuestros días.

Se preguntarán: ¿qué tiene que ver eso con la crisis venezolana? Parece obligante e ingenua la interrogante y elemental la respuesta. Largas décadas de especialización como productor petrolero y sus consecuencias nefastas, producto de la imposición de políticas antinacionales, derivaron en que se acuñara en su oportunidad —pero que hoy día adquiere más vigencia aún— la sentencia por parte de Juan Pablo Pérez Alfonso acerca del petróleo como el excremento del diablo. Lo que se ha dado en llamar el “modelo rentista” no es otra cosa que eso: la especialización en la producción petrolera mientras compramos lo demás y no invertimos para el desarrollo y la producción nacional, trayendo como resultado un menguado desarrollo, pérdida de soberanía y crisis como la que se sufre, que se ha convertido en su más genuina expresión.

Dándole continuidad a esta tradición, el gobierno busca, a cambio, hacerse de recursos indispensables y suficientes como para atemperar la crisis. A su vez, mientras se consiguen las “ayudas” y financiamiento, además de mantenerse planes de explotación petrolera, se inicia esta nueva fase de nuestra historia económica de convertir a Venezuela en un proveedor de primer orden en productos mineros diversos.

Este asunto, medular en la actual situación política, supone, a su vez, la participación más directa por parte de quienes pujan para hacerse de negocios en relación con tan jugosas y codiciadas riquezas. Veamos. El oro pasa a jugar un papel cada vez más importante en la economía mundial. Además de que ya comienza a elevarse su precio en el mercado mundial, marcando un nuevo giro en los últimos años hacia el alza, es el refugio por antonomasia de los capitales, sobre todo en momentos en los cuales ya resulta un lugar común hablar de un eventual desplome del dólar. China y Rusia son naciones que siguen buscando hacerse de este recurso. El coltan es una de las llamadas tierras raras que más contribuye en el desarrollo de la industria de los nuevos materiales y la electrónica que, en proporciones cada vez mayores, inundan el mercado mundial. China ve en este recurso un aspecto de naturaleza estratégica de tal significación, que bien puede acordarse con sectores adversos al régimen chavista. Sin embargo, los herederos del “legado” siguen siendo sus más fieles y seguros proveedores, guardando la esperanza de que los asiáticos sean consecuentes en su defensa ante eventuales circunstancias que propicien la intervención del imperialismo estadounidense. Recordemos que el proyecto chavista —resumido en el escrito presentado por Rodolfo Sanz— cuenta entre sus objetivos y metas la incorporación de Venezuela al bloque comercial de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), detrás del cual buscan chinos y rusos pugnar por la hegemonía mundial frente al imperialismo yanqui.

Aparte de los otros minerales en la mesa de negociaciones, China, principalmente, tiene puesta su mirada de mayor apetencia sobre las inmensas reservas de torio con que cuenta Venezuela. El proyecto para la producción de energía nuclear a partir de este elemento puede convertirse en la perspectiva estratégica de mayor significación mundial, partiendo de que el gigante asiático busca contar con una fuente energética tan sólida como la que brinda esta tecnología, que le daría una ventaja importante en su lucha por la hegemonía frente a las otras potencias imperialistas. Para muchos entendidos se trata de la energía del futuro por las diversas propiedades que brinda, entre ellas la prácticamente nula contaminación y la no producción de desechos tóxicos. De allí que para el gigante asiático hacerse de este recurso resulta un asunto de primer orden. India es el país que posee las mayores reservas de torio y, junto a China, va a la vanguardia para el desarrollo de esta tecnología y ya cuenta con un reactor con base en el torio.

En resumidas cuentas, todo indica que se inicia una nueva etapa en la historia económica venezolana, frente a lo cual las opiniones brillan por su ausencia. Circunstancia que resulta por demás llamativa, toda vez que se trata del hecho económico más importante en el último siglo y cuyas repercusiones —por la forma como se negocian y entregan las concesiones— dejarán serias secuelas ambientales y además pérdida de soberanía. Sin descuidar la lucha por la superación positiva del nefasto régimen chavista —por tratarse de la cuestión más importante en la determinación de las condiciones objetivas y estructurales de la formación venezolana—, debemos profundizar en este aspecto. No hacerlo, de manera crítica, resulta cuando menos una inconsecuencia. Qué decir acerca de quienes negocian el futuro del país con el firme propósito de mantenerse en el poder a costa de la mengua de nuestra autonomía y la pérdida de perspectivas de desarrollo soberano. Cuando menos, traición a la patria y al pueblo venezolano.

Publicado en Efecto Cocuyo

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