El pasado domingo, 30 de julio, el fraude constituyente se consumó. Fue la más descarada y tramposa estafa electoral. La dictadura de Maduro dejó claro que no cejará en su empeño de mantenerse en el poder, sin escatimar en los cada vez mayores grados de violencia, arbitrariedad y atropello a que se ve obligado para ello. Los centros de votación vacíos y los diez asesinatos junto a centenares de detenidos solo el día 30 de julio, grafican muy bien el fraude, la estafa y la masacre cometidas, y anuncian una escalada de acciones contra la población para tratar de apagar la llama rebelde y contestataria que ha mantenido esta rebelión democrática durante cuatro meses exigiendo un cambio en la conducción del país.

Hoy a los venezolanos se nos impone un nuevo reto en esta encrucijada: o bajamos la cerviz y aceptamos las migajas que ofrece la dictadura en condiciones de oprobio, o nos levantamos contra esta ignominia y hacemos respetar nuestras banderas de libertad, de democracia y de justicia social.

No hay término medio, a menos que se quiera contribuir con la supervivencia de la dictadura con posturas acomodaticias, conciliadoras y colaboracionistas.

El fraude constituyente vestido de treta seudodemocrática desnuda enteramente el carácter dictatorial del régimen y es la guinda de toda una violación continuada de los derechos democráticos y las libertades públicas, de negación del derecho al voto, de desconocimiento de la voluntad del pueblo expresada en la elección de la Asamblea Nacional y, más recientemente, en la consulta popular del 16 de julio.

Maduro ha cerrado los caminos pacíficos, electorales y constitucionales, y nos lanza el desafío de arrodillarnos, arrepentirnos y doblegarnos, o de hacerle frente en condiciones de confrontación mucho más duras para las fuerzas democráticas.
La supuesta disposición del régimen a realizar las elecciones regionales —de las cuales solo puede esperar una estruendosa derrota— son un primer rubicón que la oposición está obligada a enfrentar unida, con una táctica específica y genuinamente unitaria que despoje de la iniciativa política al régimen y que contribuya con el fortalecimiento de las fuerzas insurgentes, dejando a un lado las aspiraciones muy particulares de algunos partidos y de algunos dirigentes.

Cree Maduro que con mostrar —con gran afán publicitario y haciendo gala de su hegemonía comunicacional— a un alto mando militar totalmente subordinado a estos desafueros y canalladas, con un tsj y un cne postrados ante el tirano, será suficiente para desmoralizar al pueblo en rebeldía, para acallar los bríos de insumisión y de insurgencia presentes en la mayoría de la población. Y cree con ello, de paso, que hará prevalecer dentro de la oposición las posturas más endebles, escépticas y negociadoras de oficio. Maduro se encontrará frente a frente con un #PuebloAlzado. Y seguros estamos de que esas pretensiones se estrellarán con los profundos deseos de cambio que anidan en los venezolanos.

En esta hora tan aciaga para el pueblo y para la república, volverán a resurgir con mucho más vigor el temple libertario y la fibra democrática. Solo debemos abrir las compuertas para que la acción de las masas, en asambleas de ciudadanos, en sindicatos, en gremios, en centros y federaciones estudiantiles, en consejos comunales y en asociaciones de diversa índole, se vuelque coordinadamente en una sola dirección para desplazar la dictadura y conquistar un nuevo Gobierno de Unidad y Justicia, y así comenzar a reconstruir nuestra nación dentro de una democracia de nuevo tipo que supere el pasado y el presente, en la búsqueda del desarrollo nacional con justicia social y equidad, en el rescate de la soberanía e independencia frente a las apetencias imperialistas de un lado y del otro, en fin, en el establecimiento de un rumbo que marque un camino de prosperidad y bienestar para todos los venezolanos.

En esta hora de los hornos, Bandera Roja convoca a no desmayar en la lucha contra la dictadura.

Bandera Roja llama a arreciar en los preparativos para hacer victoriosa esta rebelión democrática, a no amedrentarnos ante el terrorismo de Estado cada vez más agresivo y criminal. Urge que la unidad de quienes nos oponemos a esta dictadura se constituya con una visión de mayor amplitud, y que la mezquindad y el sectarismo sean echados a un lado para dar curso a una mejor conducción estratégica que tenga el aliento histórico para enfrentar y superar la enorme crisis económica, social y política que embarga al país.

Solo el #PuebloAlzado conquistará un #NuevoGobierno

¡A desechar las ilusiones y prepararse para la lucha!

#AbajoLaDictadura

¡A unificar y elevar la rebelión democrática!

BANDERA ROJA (Resistencia)
Caracas, 2 de agosto de 2017

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