Circular del Comité Político Nacional (CPN) a toda la militancia.
Problemas candentes para el cese de la usurpación

Ayuda humanitaria, injerencia, rebelión y estocada final.

Luego de analizar el momento que vive el país, el Comité Político Nacional dirige las siguientes orientaciones a toda la militancia y organismos del partido:

1. En nuestra circular del 30 de enero (¡A arreciar la lucha para salir del usurpador!) analizamos la conjunción de factores que hacían inminente un desenlace de la crisis política, la importancia real en el arrinconamiento y debilitamiento del régimen que ha tenido la presión internacional —incluyendo la determinación de la administración Trump de sacar a Maduro del poder, y por ello coincidiendo objetivamente con las fuerzas opositoras, que representamos mayor diversidad que la visión unilateral del imperialismo norteño—, las debilidades en los modos y mecanismos de dirección del movimiento y el papel que tienen las luchas de las masas en el derrocamiento de este régimen dictatorial; concluíamos con directrices específicas para nuestros militantes.

Al haber transcurrido apenas un mes de la asunción de la Presidencia Interina de la República por parte del diputado Juan Guaidó, es innegable el avance de la lucha contra la dictadura, y en particular la enorme disposición del pueblo —convertida en multitudinaria esperanza, aunque rayana en posiciones de desesperación e irracionalidad, entendibles por el drama humano que vivimos— a luchar para sacar el usurpador, establecer un gobierno de transición que atienda esta trágica emergencia y construya condiciones para la institucionalización y, dentro de ello, convocar elecciones libres. Pudiéramos repetir un eslogan de moda (¡vamos bien!), pero aun compartiéndolo nos quedaríamos cortos si no considerásemos los factores necesarios para culminar bien este proceso de derrocamiento de la dictadura y restitución de la vigencia de la Constitución.

2. ¿Qué papel juega la ayuda humanitaria? Las raíces de este planteamiento, de la necesidad de un canal humanitario para atender o paliar la emergencia en salud y alimentación, descansan en la enorme tragedia destructiva que depararon dos décadas de involución en todos los sentidos, económico, político, social, cultural e internacional, tragedia que arreció en los últimos años con el alza de la corrupción y descomposición de los altos jerarcas de la mafia gobernante, al acabar con la producción nacional, destruir los salarios y el trabajo productivo, desmantelar todos los servicios públicos, especialmente los referidos a salud y educación, y traer hambruna, inseguridad, desasosiego y desolación, además de provocar el éxodo de una importante y calificada parte de la población.

Más allá de sus raíces e intenciones diversas que la rodean, la ayuda humanitaria forma parte de la estrategia opositora como mecanismo que ha servido, a lo menos, en dos direcciones: evidenciar ante el mundo la catástrofe humana producida por este régimen despótico y dictatorial —más dañoso y estafador aún por hacerlo bajo la falsificación absoluta del socialismo— y apuntalar y unir las fuerzas nacionales más amplias, junto a la presión internacional, para empujar la salida lo más pronto posible de esta pesadilla. Por lo tanto, la propuesta en torno a la ayuda humanitaria es una acción que pudiera permitir quebrar todavía más los pocos apoyos que tiene Maduro en las fuerzas e instituciones bajo su control, en particular el sostén militar y policial.

La promoción del voluntariado o los voluntariados, para apoyar en las labores de distribución de la ayuda humanitaria, tampoco va en contravía de la necesidad de fomentar las asambleas populares y ciudadanas, en fin de organizar la fuerza de base de la sociedad para enfrentar la dictadura y comenzar a construir espacios permanentes para debatir y acordarse en torno a las circunstancias políticas, junto a la atención de los asuntos cotidianos de una comunidad. De lo que se trata es de imbricar la idea organizativa e imprimirle un sentido de mayor proyección en el tiempo y en sus funciones, de impulsar en el seno de las masas su capacidad autonómica de acción, sus “poderes creadores”, para lo cual debemos hacer grandes esfuerzos educativos, pues por costumbre o hábito las organizaciones partidistas lo que terminan es impulsando mítines y eventos sin dejar establecidas instancias organizativas que serían los embriones para una democracia de nuevo tipo, en la cual lo de “protagónico y participativo” que aparece en la Constitución de verdad signifique un salto cualitativo en el ejercicio de la democracia.

Lo sucedido los días 22, 23 de febrero y subsiguientes, en los distintos puntos de frontera por donde iba a entrar la ayuda humanitaria, en absoluto significa un mérito o un premio para las fuerzas sanguinarias y asesinas que aún obedecen al tirano. Todo lo contrario, Maduro y su camarilla mafiosa muestran su obcecación y se aíslan cada vez más, tanto de las naciones y pueblos del mundo como de las masas venezolanas que ven alejarse posibilidades de salvar sus vidas ante enfermedades y padecimientos para los cuales el actual gobierno muestra una indolencia solo comparable a regímenes criminales nazi fascistas. El asesinato, la saña y la maldad absurda que mostraron los efectivos militares, policiales, paramilitares y delincuenciales que defienden a Maduro no han traído miedo a las filas de los luchadores democráticos; al contrario se afianza la convicción de que frente a ellos debemos prepararnos en todos los terrenos para impedir su acción genocida e inhumana.

3. Mucho hemos repetido que las fuerzas del cambio —y especialmente quienes nos calificamos de revolucionarios— no esperan por las mejores condiciones para hacer lo que tienen que hacer. Valga decir, si el objetivo común lo hemos concentrado en la salida de Maduro del poder, no podemos ponernos con melindrerías si las circunstancias nos colocan a coincidir con fuerzas, sectores, individuos o factores con los cuales tenemos diferencias en muchos otros campos, puesto que en este momento, hoy, hay que centrar el fuego contra el enemigo principal de nuestra nación y de nuestro pueblo. Mañana, o incluso hoy mismo pero en la noche, veremos cómo quedan barajados los amigos y los enemigos.

¡Qué dilema coincidir con Trump! Ciertamente, aparte de las características personales de este presidente norteamericano, es difícil olvidar que buena parte de nuestro subdesarrollo y nuestra dependencia están encadenados al hecho de haber sido durante décadas patio trasero del gigante del norte. En primer lugar, nuestra acusación va contra las posturas de Chávez y Maduro que, bajo falsos discursos nacionalistas, decidieron hipotecar nuestra independencia poniéndonos bajo la sombra de los imperialismos ruso y chino, para supuestamente defendernos de las agresiones norteamericanas. ¡Vaya salvación!, tan mala la medicina como la enfermedad. Y lo que en verdad logró este régimen fue convertir a nuestro país en área en disputa en las peleas interimperialistas, permitiendo que muchas decisiones sobre nuestro devenir estén al arbitrio de las grandes potencias. En segundo lugar, deploramos las posturas de organizaciones políticas que ni siquiera respetan sus principios estatutarios de defender la independencia y soberanía nacional frente a las imposiciones de potencias extranjeras.

No nos cansaremos de advertir sobre las nefastas consecuencias que tendría una intervención militar, pero tampoco estamos en condiciones de impedir una acción contra la mafia delincuencial que enfrentamos y que cuenta con el respaldo de dos naciones con fortalezas económicas y militares de mucha consideración. Son varias las experiencias históricas que resumen este tipo de circunstancias. Lamentan muchos historiadores la indolencia de potencias imperialistas con regímenes democrático-burgueses que se negaron a ayudar, es decir, a tener injerencia, en la guerra civil española para salvar la República. Pesó mucho al pueblo soviético la tardanza del imperialismo estadounidense y británico en abrir un segundo frente contra la Alemania nazi durante la invasión que sufriera el país de los soviets por las hordas hitlerianas.

La intervención militar puede ser evitada solamente por un pronunciamiento claro y contundente de las fuerzas militares democráticas e institucionalistas de la FAN —más allá de las valederas expresiones de individuos que se insubordinan y se rebelan—, junto al levantamiento general del pueblo, que ha mostrado de sobra su disposición a hacerlo.

4. ¡Estamos en rebelión! Sí, aunque con modos y expresiones distintos a los de 2014 y 2017, el pueblo venezolano no se cansa de expresar su rebeldía, su desobediencia y el desconocimiento del régimen usurpador. La misma existencia de una dualidad de poderes mas las poderosas expresiones de calle de las mayorías nacionales son muestra clara de un pueblo en rebelión. Pero eso no es suficiente. Requerimos que una dirección sabia entienda la necesidad de conjugar distintas formas de lucha y de acción, para armonizar las diversas voluntades en un solo torrente que aligere el desenlace. Apostar a una sola acción o a una sola forma de lucha disminuye las posibilidades de un éxito rápido de las fuerzas rebeldes.

Creemos que la fijación o ubicación de un punto de quiebre requiere de mucha seriedad y evaluación de la correlación de fuerzas reales, pero necesariamente debemos confiar en nuestro propio pueblo sin desmeritar los apoyos provenientes de otras naciones o de instancias internacionales. Para la estocada final debemos contar con la actuación protagónica del pueblo organizado y citamos algo que dijimos hace tres semanas: “A estos sectores laborales, gremiales, estudiantiles, profesionales, vecinales, campesinos, comunitarios, empresariales, se les plantea la necesidad de una consigna y una acción que los unifique a todos. Creemos que es la HUELGA GENERAL la que debe concitar la unión de todas estas organizaciones sociales, y por lo avanzado del conflicto político necesariamente tiene que ser de carácter indefinido en el tiempo —¡hasta que se vaya el tirano!— y concertado con el frente propiamente político para que sea el punto crucial del levantamiento de todas las fuerzas de la rebelión democrática. Sería en este caso una acción masiva de obreros, campesinos, empresarios, profesionales, estudiantes, pobladores, en combinación con las fuerzas institucionales que se sumen para abatir definitivamente este régimen oprobioso. Una gran REBELIÓN POPULAR amparada en la letra constitucional, pero acompañada de la acción soberana del pueblo en la calle.

5. La debacle de este régimen es irreversible. Incluso contando con los errores o equivocaciones que se cometan por parte de la oposición, ya Maduro y su camarilla tienen sus días contados; lo que no podemos predecir es la forma en que sucederá su caída ni el grado de indolencia e irresponsabilidad a que estén dispuestos a llevar la contienda. La agravación de los problemas cotidianos de la población se convierte en un acicate para atraer más fuerzas organizadas contra la dictadura. Urge señalar claramente el camino inicial del gobierno de transición, y con esto las bases de la justicia social, prosperidad y desarrollo —a la par de la reinstitucionalización y la vigencia plena de los derechos y libertades democráticas—. Esto es lo que puede potenciar a la unidad y darle un aliento histórico que no solo trascienda la salida de Maduro y la deposición de un régimen despótico y retrógrado, sino que permita la confluencia de muchísimas voluntades en la reconstrucción económica, política, social y cultural de nuestro país.

6. ¡Unidad, unidad y más unidad! La lucha antidictatorial obliga a deponer diferencias secundarias, ambiciones particulares, partidistas o personales. Sin embargo, la percepción de que pronto habrá un cambio político ha exacerbado en algunos partidos o dirigentes las ansias y aspiraciones por “cobrar” a su favor las providencias y los espacios de poder que estarán en disputa. Ésta pareciera que es una actitud normal en cualquier lucha democrático-electoral, pero quienes se enfrascan en esas posturas en estos momentos olvidan que la crisis venezolana tocó muy hondo y que requerimos de una visión integradora y también una nueva manera de hacer la política que enfrente y deseche sincera y verdaderamente las expresiones de corrupción, demagogia y desprecio al pueblo organizado en sus formas propias y autónomas.

Urge se imponga una visión que reconstruya las organizaciones partidistas como expresiones de propuestas programáticas, ideológicas y políticas ante los retos y desafíos de la nación, para que dejen de ser entelequias al servicio de individuos que financian candidaturas o, peor aún, corporaciones con funcionarios pagados al mejor estilo del clientelismo. Desde Bandera Roja apostamos porque tanto las dirigencias políticas como el pueblo llano saquen suficientes lecciones y aprendizajes de estas dos décadas de involución, de las razones que trajeron al “encantador de serpientes” que fue Chávez, de las desigualdades e iniquidades en la distribución de la riqueza, de las razones de nuestro estancamiento en la asunción del desarrollo nacional, de las obstrucciones y el conservadurismo para introducir los cambios estructurales que nos conviertan en una nación soberana e independiente, y en definitiva de que no se olvide nunca que la satisfacción de las necesidades materiales y espirituales de todos quienes convivimos en esta geografía es el norte de cualquier gobierno o régimen que suceda a este desastre.

 

¡Huelga General y Rebelión para echar fuera al dictador!

¡Ahora le toca al pueblo. Abajo la dictadura!

¡Desechar las ilusiones, prepararnos para la lucha!

¡Rebelión y reconstrucción!

CPN / 27 de febrero de 2019

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here