El fraude ha sido consumado. El régimen dictatorial de Maduro se despojó de todo vestigio del disfraz de legitimidad que le quedaba. El simulacro electoral tenía como meta “reelegir” a Maduro y las señoras rectoras ya sabían el resultado antes de abrir la primera urna y encender la primera máquina. Pese al chantaje, la represión y el halago vestidos de hambre y miseria, la ausencia de votantes en los centros electorales no fue suficiente para hacerles cambiar sus designios prefijados. La abstención fue tan grande que es imposible esconderla en esas falsas cifras. Ni los que aún guardan esperanzas en la estafa chavista, creen en estos resultados, o al menos para los más engañados, están en duda.

El Gobierno se encuentra tan deslegitimado como lo estuvo Marcos Pérez Jiménez a finales de 1957. Nadie creyó en el triunfo que el dictador de ese entonces se atribuyó en unas espurias elecciones de comienzos del mes de diciembre, así como hoy, que nadie cree en el actual remozamiento dictatorial. La historia no se repite a calcos, pero hoy Venezuela espera el llamado y la convocatoria para sacudirnos esta pesadilla.

Aferrarnos a la Constitución vigente nos permitirá, en primer lugar, invocar los artículos 333 y 350 para restituirla y, en segundo lugar, promover que las decisiones a tomar encuentren rápidamente un cauce hacia el fortalecimiento de una amplia e incluyente Unidad Nacional para reconstruir nuestra patria en todos los sentidos: una democracia mucho más fuerte y más extensa; una economía productiva y mirando hacia el desarrollo, la equidad y la justicia social; una sociedad más solidaria, con más solidez en sus organizaciones de base, en su autonomía de acción y en su capacidad de influir en el rumbo a tomar; un Estado que de verdad haga realidad el cumplimiento de los derechos humanos y de nuestra independencia y soberanía.

No hay espacio para la duda, el desánimo o la desesperación. Nuestro pueblo en toda su historia ha mostrado que se sobrepone a las carencias, las demagogias y las atrocidades, y es capaz de elevarse al nivel de los retos que las circunstancias le colocan a su paso. Así como en 1957 la salida no se hizo esperar para dar cuenta de una dictadura agotada el 23 de enero de 1958, días más o días menos, los venezolanos de ahora sabremos hilvanar la estrategia que articulará todas las voluntades contra el dictador.

La deslegitimación de Maduro y la profunda crisis económica que hoy sufre nuestro pueblo y nuestro país son la base para convocar a la lucha a partir de la cual la gente marcará el rumbo para una salida patriótica, democrática y popular.

¡Desechar las ilusiones, prepararse para la lucha!
¡Abajo la dictadura!

 

Dirección Nacional
Bandera Roja (resistencia)
Caracas, 21 de mayo de 2018

1 Comentario

  1. Vale decir también que el castigo para todos aquellos que desangraron al país no se puede hacer esperar, al caer la narcodictadura debe ser el primer paso.

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