Venezul Alternativa

Nuestra historia republicana nos muestra claramente la pérdida de muchas oportunidades para enrumbar al país por el sendero del progreso ininterrumpido. En cada período podemos encontrar sus logros políticos, económicos y sociales, y también sus limitaciones, pero la constante ha sido la incapacidad para abrir caminos a un desarrollo independiente de nuestra economía, a la superación de las cada vez más profundas diferencias sociales y al establecimiento de una democracia que responda a los inte¬reses de la mayoría nacional. Esto es tan así que, a tanto tiempo de habernos liberado del dominio de España, la soberanía nacional sigue siendo un objetivo por alcanzar. Que, a tanto tiempo de hacerse dominante el sistema capitalista, el carácter rentista y monoproductor de nuestra economía sigue actuando como un freno para el desarrollo industrial y agrícola del país, y para garantizar trabajo de calidad a nuestra gente. Esto nos reafirma el criterio de que hemos andado por caminos errados en la búsqueda de un proyecto de desarrollo nacional.

Al agotamiento de cada proyecto puesto en práctica, se ha correspondido el deterioro o desaparición de las organizaciones políticas y del liderazgo que lo han conducido en cada período histórico. Más recientemente hemos podido ver cómo el planteamiento de los par-tidos que condujeron al país por más de cuarenta años se queda totalmente vaciado de con-tenido y pierde toda capacidad de generar esperanzas y entusiasmo en la población. Al punto que los sectores dominantes que los utilizaron y los apoyaron terminaron por escoger como vía de escape la opción aventurera que representaba Chávez y que venía a significar una forma de salir de una dirigencia política que se tornaba totalmente inconveniente y peligrosa dado el descontento que ve¬nía generando.

El agotamiento del régimen chavista se produce en corto tiempo. En apenas diez años ya luce caduco y por todas partes lo que fue esperanza se torna frustración. En la comprobación de la pérdida de una gran oportunidad histórica, deparada no solamente por la inmensa renta petrolera que le ha tocado administrar en su gestión sino también, y en beneficiosa coincidencia, por el gran y diverso respaldo social alcanzado, por el apoyo de la Fuerza Armada, por la aceptación internacional, por el clima de paz social que ha imperado en su mandato, apenas quebrantado por protestas locales y por candentes episodios políticos provocados desde la Presidencia para propiciar confrontaciones que buscaba le beneficiaran o que formaban parte de un juego para fortalecer su autoritarismo.

Nada nuevo se le está ofreciendo al país. El anterior y el actual liderazgo marchan por una senda equivocada, resbalan sobre la misma charca sin encontrar el rumbo, se repiten en sus ejecutorias y se profundizan en los defectos, produciendo la desconfianza popular y la descomposición de las instituciones sociales y estatales.

No es nada casual que se hable de un vacío de liderazgo. Tampoco es casual que los vivos de siempre o los nuevos vivos traten de reducir esto a un cambio de rostros o a un asunto generacional. La verdad es que Venezul necesita un nuevo rumbo que tiene que ser encarnado en conductores comprometidos con un nuevo proyecto nacional. Los que han ejercido el poder, por la estrecha visión que les deja su compromiso con la elite dominante, han resultado ineficaces para impulsar las transformaciones que con urgencia reclama nuestra nación. De allí que el cambio político tiene que ver principalmente con una actitud que nos identifique con intereses nacionales y populares y que rompa con el pensamiento de sujeción nacional y de un Estado al servicio del enriquecimiento fácil de un puñado de nuevos y viejos supermillonarios.

Los inmensos recursos financieros que se han manejado han permitido políticas popu-listas clientelares y de un cierto crecimiento económico, pero los logros de estas políticas están muy lejos de corresponderse con las posibilidades, y nos reafirman en el criterio de su insuficiencia para alcanzar el pleno desarrollo del país, una justa distribución de las riquezas y la satisfacción de necesidades básicas de la población.

La necesidad de un nuevo liderazgo resalta en este tiempo de crisis económica mundial. Así lo demandan la nueva circunstancia que va a crearse y la forma irresponsable y demagógica como el gobierno pretende adormecernos formando una matriz de opinión que nos presenta como blindados y totalmente sobrados para enfrentar posibles efectos de esta crisis. Lo cierto es que las tendencias plantean todo lo contrario, se evidenciarán con mayor claridad las taras de nuestra dependencia y el desaprovechamiento de las altas entradas petroleras de los últimos diez años.

Hace falta llenar un vacío histórico. No se trata de cubrir el espacio para tal o cual elección o para tal o cual lucha democrática o social o política; estos espacios habrá que llenarlos dentro las opciones que nos presenta la realidad política. La falta es de una nueva propuesta nacional que posibilite un nuevo rumbo, una propuesta alternativa no sólo frente al chavismo sino también frente a quienes pretenden redescubrir el bipartidismo o hacer uno de nuevo cuño, que afiance nuestro carácter dependiente y neocolonial frente al imperio. Se trata de construir una alternativa que se afiance en un programa de unidad nacional. Tal como se ha venido planteando desde finales de los años 80 del pasado siglo, se trata de edificar un programa de salvación nacional:

DE CARÁCTER PATRIÓTICO: en defensa de los intereses nacionales y de nuestra sobe-ranía como república independiente y autónoma.

QUE IMPULSE EL DESARROLLO INDUSTRIAL y una economía nacional pujante; donde se conjuguen la ciencia, la industria, la tecnología y la agricultura, de tanta calidad y cantidad que permita satisfacer la demanda interna y que posibilite exportar también.

QUE TRANSFORME EL ESTADO NACIONAL, para hacerlo eficiente y con una ética política donde prevalezca el sentido de servicio social y se erradique la corrupción en sus distintas vertientes; que ahonde y amplíe la relación con el pueblo organizado y la participa-ción de éste en asuntos concernientes a la comunidad y a la colectividad; que se establezcan nuevas formas de gestión administrativa de los distintos entes del Estado que acote la discrecionalidad de los ejecutivos en beneficio de los organismos colegiados o entidades parlamentarias.

QUE IMPLANTE UNA MORAL CIUDADANA Y SOCIAL, en el sentido de mayor responsabilidad como ciudadanos y mayor solidaridad como venezolanos; y a la vez romper con el mercenarismo político como forma de actuación y dignificar la política como función social y para servir a la comunidad, no para servirse del erario público.

QUE ESTABLEZCA UNA DEMOCRACIA DE NUEVO TIPO que parta del crecimiento sus-tancial de la educación del pueblo, de elevación de sus niveles de entendimiento y compren-sión de las realidades sociales y económicas; donde el debate de las distintas escuelas de pensamiento tenga muchos escenarios a distintos niveles, y que ello derive en un crecimiento de la cultura general y particular de cada sector social.

QUE MEJORE LAS RELACIONES INTERNACIONALES sobre la base del respeto a nuestro propio rumbo económico, político y cultural; para ello es menester romper con la mentalidad servil y genuflexa ante otras naciones de gran desarrollo económico, político o cultural, o militar.

Para la implantación de un programa de esta significación, se debe operativizar una forma de transición, en la cual confluyan fuerzas diversas, e incluso hasta contradictorias, pero que las una la visión en una misma dirección programática inicial.

Se trata de construir una nueva fuerza política, estructurada nacionalmente, más allá de los partidos, pero sin excluirlos, con un compromiso directo con la gente, pero que a la vez permita la integración de grupos de masas, dirigentes políticos, individualidades, fac-ciones partidistas, luchadores sociales sin militancia partidista. Se trata de construir una pla-taforma que se mueva en tres direcciones principalmente

UNA UNIDAD en torno a un programa para el país, no alrededor de algún mesías o predestinado, ni tampoco prefigurando desde ya una candidatura presidencial. En otras pala-bras, un ente colectivo con la presencia de muchos líderes políticos y sociales, que tengan respaldo popular, electoral o social.

UN INSTRUMENTO ELECTORAL para el rescate de los espacios de elección popular, con mecanismos y propuestas de mayor permanencia y con mayor profundidad propositiva; y en esta dirección avanzar y avanzar “hasta tomar el cielo por asalto”.

UNA INSTANCIA PARA LUCHAR comenzando por atacar la dispersión y desorganiza-ción de las luchas reivindicativas e impulsando la unidad de la acción popular, el levanta-miento de plataformas de lucha, promoviendo la coordinación, apoyo y solidaridad entre los distintos sectores en lucha, y además buscando que las organizaciones sociales (sindicatos, gremios, asociaciones de vecinos, centros estudiantiles, etc.) den un salto cualitativo en su accionar, revolucionarizando sus dinámicas, sus estructuras, sus formas de relacionamiento con la base, sus mecanismos para la toma de decisiones, en fin rehaciendo su rol en el proceso de transformación general de la sociedad que estamos proponiendo.

El darle vigor y fuerza a esta propuesta significa superar planteamientos anteriores. No se trata de presentar esta política como un mero cambio de presentación de las formas unita-rias para luchar por el progreso y el avance social. No. Lo que buscamos es la creación de una nueva esperanza histórica para el pueblo y la nación venezoln, y por lo tanto no es una continuidad un poco “más esforzada” de la rutina con que hemos trajinado en los últimos años. Se trata de avanzar en el proyecto revolucionario que venimos enarbolando: acercarnos a la concreción de la democracia popular como espacio de tránsito hacia la conquista de una sociedad superior.

En el impulso de esta iniciativa debemos movernos con autonomía e independencia, sumando la mayor cantidad de voluntades y dejando a un lado cualquier posición sectaria. El discurso debe basarse en la necesidad simple y clara de una unidad de otro tipo, distinta a la que ha conducido las últimas acciones opositoras; de reivindicar la función política, separán-dola de la mercantilización y corruptelas que la han signado..

En fin, se trata de de la reeducación de la sociedad venezoln en su conjunto para rei-vindicar la política, sacándola de la mediatización, deshonra y venalidad a que la han lle-vado. La unidad opositora de hoy día está muy deteriorada y la unidad en torno a Chávez comienza a diluirse. Es hora de dar relieve a un espíritu y una voluntad para la construcción alternativa que ocupe su lugar histórico en la búsqueda del progreso, el desarrollo y la justicia social, junto con el avance cierto de la libertad y la felicidad de los venezolns.

Estamos convocados por la historia a la reunificación de nuestro pueblo y a la transformación social en esta VENEZUL ALTERNATIVA.

Octubre del  2008

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