Uno de los mitos que torpedean la confianza en un cambio político urgente en Venezuela, es creer que para consolidar la reconstrucción nacional y una nueva democracia, solventar la crisis y alcanzar altos niveles de producción, se requerirán muchos años.

Creer en ese cuento de camino, es creer que las mafias que gobiernan no son tan responsables de la crisis; es creer que no se dilapidan multimillonarios recursos; es creer que las políticas económicas no han sido erradas; es creer que la corrupción en los círculos de poder de la dictadura es irrisoria, sin importancia. Decir que tardaremos largos años en solucionar la crisis, en erradicar la hambruna, en reconstruir la patria, es, en el fondo, transmitir que el régimen no lo ha hecho tan mal o que se pretenden cambios gatopardianos… para que nada cambie.

Hay que poner las cosas en claro. Por una parte, Venezuela cuenta con inconmensurables recursos, de eso no cabe duda y lo sabemos todos. No solo recursos en cuanto a petróleo y minería, que de por sí son una fuente inmensa de ingresos históricamente desaprovechados y cuya renta posee un enorme potencial para la reinversión en producción nacional. De hecho, solo por nombrar lo mas conocido, desde hace bastante tiempo se ha hablado de “sembrar el petróleo”, término acuñado por Arturo Uslar Pietri en 1936. Han transcurrido 82 años desde que se popularizó esa metáfora y es tan básico, tan elemental lo que transmite, que raya en el absurdo que ningún Gobierno la hubiese implementado.

Por si fuera poco, Venezuela cuenta con una enorme cantidad de kilómetros de tierra fértil, con una extensa diversidad de condiciones tanto de sustrato, como de condiciones climáticas, óptimas para la producción de una amplia variedad de rubros. Además, existen infraestructuras e instalaciones inactivas. En un simple paseo por la geografía venezolana se pueden observar silos, galpones, plantas de alimentos y agroindustriales, tierras con sistemas de riego, mataderos, etcétera, que constituyen un enorme potencial para la producción de alimentos. El hambre en Venezuela es, definitivamente, un monstruoso acto de negligencia derivado y de una perversa corrupción.

Recursos para la reinversión sobran, de las rentas petrolera y minera, de la banca financiera y la redirección del ahorro social a la inversión productiva, de capitales ociosos y de lo que las mafias han robado. Partiendo de tantas potencialidades, la crisis es soslayable, se puede vencer. La solución a la hambruna que padece el pueblo venezolano, solo requiere firmes acuerdos para un plan de emergencia y un programa mínimo, ambos para ser ejecutados de inmediato, con resultados a corto y mediano plazo. Este programa ha de tener una visión progresista y soberana, sentando las bases para un proceso de industrialización de gran alcance. Que la producción criolla, lo nacional, lo hecho en Venezuela, satisfaga ampliamente las necesidades de la población.

En lo concerniente a la hambruna, presentamos tres ( 3 ) líneas maestras que se pueden implantar en Venezuela a muy corto plazo. Ellas abarcan:

  1. Producción de proteínas vegetal

  2. Producción de carbohidratos

  3. Producción cárnica

Revisemos algunas propuestas y sus tiempos de concreción: A nivel de proteínas de origen vegetal, es clara la factibilidad de impulsar la producción de leguminosas. Tal es el caso del “frijol cuarentón”, cuya producción se recoge a los 40 días y tiene un rendimiento de 600 kg por hectárea. Por su parte, de nuestra criolla y popular caraota, se obtiene su producción en 80 días y su rendimiento, bajo sistema de riego, es 1.300 Kg por hectárea.

Veamos ahora lo relacionado con la producción de carbohidratos, el codiciado maíz, materia prima de nuestras arepas, tiene un ciclo de 120 días y su rendimiento es de 3.500 Kg por hectárea. Otro rubro fundamental de nuestra dieta es el arroz, su producción tiene un ciclo de 130 días, con un rendimiento que está por el orden de 5.000 Kg por hectárea.

En cuanto a la producción cárnica, en algunos rubros como pollo y cochino, los datos de tiempos de producción nos indican altísimas posibilidades a corto plazo. Por ejemplo, los pollos de engorde alcanzan un promedio de 2 Kg en 6 semanas. A la par, activar la producción porcina daría resultados en 6 meses. El cerdo es una especie de muy fácil manejo y con un rendimiento formidable. Su ciclo de gestación es de 114 días y en 6 meses se obtienen lechones para la venta. Además, a ambos rubros cárnicos se les puede dar valor agregado mediante industrias de producción de embutidos (jamones, mortadela, pasta para untar, etcétera).

Aún, podríamos describir la potencialidad de producción a corto plazo de un sin número de rubros alimenticios y de sus derivados, con mayor o menor proceso de industrialización. Por ejemplo: en la producción avícola los huevos, e incluso codornices; en el agro las frutas, las hortalizas y las verduras de todo tipo, así como subproductos. Vencer el hambre que nos sumerge en la miseria, agobiando a toda nuestra nación no es tarea que se pueda dejar para un largo plazo. Es indispensable un plan de emergencia y proponemos, en lo inmediato, centrarse en las 3 líneas maestras expuestas, paralelamente ampliar hacia otros rubros y niveles. Confiamos en que se acerca un proceso de reconstrucción nacional y una verdadera transformación avanzaría firmemente a una ruptura con la dependencia, a un desarrollo nacional que, no solo respete, sino que exalte nuestra soberanía.

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    Por: Nimer Vallés

    Técnico Superior en Agropecuaria | Instructor y extensionista | Asesor de proyectos Agropecuarios | Especialista en Eco enmienda | Dirigente Nacional de Bandera Roja

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