La palabra rebelión históricamente se asocia a una sublevación o levantamiento en los que se falta a la obediencia debida, o bien, a un levantamiento público y hostil contra los poderes del Estado con el fin de derrocarlos.

Así las cosas, el pueblo venezolano ha sido protagonista de rebeliones decidida y valientemente desde que tiene conciencia e identidad como país. Pareciera que se tratara de un gen que ha sido transmitido de generación en generación y que es activado instintivamente cuando el opresor se traduce en un peligro inminente, tal como vemos a las abejas, cuando éstas detectan una amenaza para su colmena que se refleja en la salida masiva de todas las integrantes del panal, habiendo entre sus filas desde las destinadas a la defensa, pasando por las exploradoras y mensajeras hasta llegar a las obreras, no con el fin de defender a la reina, ya que esta puede ser sustituida por otra, pues estudios recientes han demostrado que salen en defensa de las larvas que representan las nuevas generaciones; entonces salen a la pelea, al combate, conscientes que al desprenderse de su única arma como es el aguijón. No morirán en vano, porque lo estarían haciendo defendiendo a sus larvas, esto es: las nuevas generaciones.

De lo antes expuesto, las recientes rebeliones 11 de abril de 2002, febrero y marzo de 2014 y la del 1ero de septiembre 2016 donde el pueblo venezolano se hizo respetar y sentir, aunque traicionadas por una dirigencia política que prefirió sentarse o arrodillarse con el dictador sobreponiendo sus intereses de clases para sobrevivir o convivir pacíficamente en una relación de contubernio que les permitiría un reacomodo, proyectando así un remozado bipartidismo antes de responder o identificarse con las exigencias justas de un pueblo marcado por el deterioro de sus condiciones de vida y con el agravante de que hoy día cuenta con menos derechos civiles y políticos, por solo citar dos de los elementos que identifican una verdadera democracia.

Los recientes acontecimientos que motivaron a esta genuina y valiente rebelión en pleno desarrollo, tienen un fundamento legal o jurídico en los artículos 25, 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y eclosiona al calor de las masas debido a una decisión de la sala constitucional del tribunal supremo de justicia (tsj, todo en minúscula) en la que el contenido de dicha sentencias anulaba derechos y atribuciones propios de la Asamblea Nacional (AN) o lo que es igual, todos los actos emitidos por el máximo Poder Legislativo, no tendrían validez. En otras palabras, la dictadura habría asestado un nuevo golpe de Estado, y al igual que las abejas la respuesta del pueblo no se hizo esperar. La Comunidad Internacional fijó sus ojos nuevamente en el olvidado y empobrecido país petrolero y Venezuela volvió a ocupar las primeras páginas de los diarios internacionales.

Es así como el pueblo salió a la calle con o sin convocatoria de una gris y menguada dirigencia política. El rechazo, la rabia contenida fue expresada desde las ollas o sartenes con ese sonido peculiar que solo las cacerolas emiten cuando anuncian nuevos combates en la Venezuela postchávez. El pueblo envío un mensaje que exasperó e intimidó a la dictadura de lo que vendría en asunto de horas: la rebelión democrática necesaria llegó para quedarse y derrocar al dictador, pero en esta oportunidad el pueblo asume la rebelión con mucha más experiencia y sobre todo con mucha mas conciencia. Ya no espera solo la orden de 4 monjes encerrados en una abadía que le indiquen qué decir y dónde ir. El pueblo que es sabio y paciente dice hoy: abajo la dictadura y ahora le toca al pueblo! No quiere elecciones negociadas, porque la experiencia le ha enseñado que la palabra dialogo tiene olor y sabor a traición, y que cada vida que le ha quitado la dictadura en las calles no han sido por pedir elecciones o por llamar a dialogo, no! Han sido por exigir libertad y que caiga la dictadura, que se abra paso a un nuevo CNE y un nuevo TSJ y después cuando corresponda se harán las elecciones, y así un nuevo gobierno verdaderamente popular, que defienda y represente los intereses de los trabajadores, que impulse una revolución industrial, que logre romper la dependencia económica con los viejos y nuevos imperialismos.

Sin embargo, hay otro elemento a evaluar que amerita sea considerado por la beligerancia de su naturaleza, y es que quienes están al frente de la misma son jóvenes que nacieron durante el primer gobierno de Chávez y otros que estarían dando sus primeros pasos en el no tan lejano y accidentado periodo 1999-2001. Es decir, jóvenes que oscilan entre 14 y 25 años son los héroes anónimos que hoy están defendiendo al país y derrocando al dictador, jóvenes que han perdido el miedo a una guardia nacional bolivariana (gnb, también en minúscula) que desafían y retan hasta vencer el poder bélico de la dictadura, vaya tarea les ha asignado la historia.

Sobre estas consideraciones, se me ocurre ahora frente a esta máquina, cuando todo esto termine, construir un museo o un bulevar donde se honre el sacrificio de todos los detenidos, secuestrados, torturados y desaparecidos por la libertad y desde luego se honre la memoria de todos los caídos antes y después de la era Chávez, un museo donde se muestre el auge del chavismo como la gran estafa mesiánica al pueblo venezolano y que el único Partido que advirtió tal debacle fue Bandera Roja, solitaria y blanco de mofas de una izquierda siniestra en 1998; un bulevar donde las futuras generaciones de larvas ya germinadas conozcan quiénes las defendieron para estar ahí gozando de libertad, los caídos con sus rostros, fecha de nacimiento y de caída, pero también como y de manos de quienes cayeron, para esa fecha los colectivos y la gnb serán una palabra y unas siglas oscuras, nefastas, que reprimieron a un pueblo desarmado que solo pedía libertad y a unos estudiantes que en sus morrales solo portaban piedras y un tímido envase contentivo de bicarbonato para minimizar los efectos de los gases lacrimógenos, y que ellos nunca conozcan tales efectos, excepto por razones de estudios, de academia, pero nunca más por represión.

En ese mismo bulevar, merecen estar también los traidores de todas las rebeliones con sus respectivas fechas de traición, y desde luego los que siempre estuvieron, están y estarán al lado del pueblo, orientándolo sabiamente y respirando gas del bueno, los verdaderos héroes, los que nunca claudican.
Quedará entonces como sagrado legado para la historia y para las futuras generaciones lo que un pueblo fue capaz de hacer por recuperar su libertad, pasar inclusive por encima de una dudosa dirigencia política, con consignas que salen del alma: abajo la dictadura y ahora le toca al pueblo!, así fue la Rebelión Democrática, necesaria.

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