Con el chavismo, este proceso hacia la dolarización alcanza su máxima expresión. Era de esperarse que, ante una caída de precios del crudo y el descenso inaudito de la producción, sobreviniese una catástrofe de la economía y, con ello, se arrastra al bolívar a un debilitamiento a partir del cual tiende a ser sustituido por la pérdida de la condición del dinero de ser el equivalente universal. La misma política por cuadrar cuentas emitiendo dinero inorgánico, conduce a la hiperinflación. De allí la sustitución del signo monetario en cuestión.

No hemos alcanzado el proceso de dolarización formal u oficial al estilo de Ecuador, que sería más pernicioso aún. Tendría la República que negociar con la Reserva Federal (RF) de Estados Unidos para hacerse de una cantidad de dólares en correspondencia con las dimensiones de la economía. La RF sólo entrega dólares por activos específicos, esto es, reserva en manos del banco central, del organismo emisor del país en cuestión, y oro, entre otros, a cambio del papel moneda. Además, este proyecto anuncia un proceso de mayor privatización de empresas del Estado para cubrir el restante en caso de que no alcance lo que entregaría la RF. Este proceso puede conducir a una rápida caída de la inflación, pero a costa de una mayor dependencia de la economía estadounidense. Cuestión que seguramente será frenada mientras el chavismo esté en el poder, atado al bloque imperialista encabezado por China.

La dolarización, inexorablemente, conduce a una cuestión fundamental en las relaciones de intercambio: que las mercancías sean expresadas en un precio que refleja su valor basado en el dólar. El trabajo socialmente necesario de la mercancía se expresa en un precio que va a variar con base en la oferta y la demanda. Mientras, de haberse anulado la fuerza de una y otra, dicho en términos neoclásicos, de haberse ubicado en un punto de equilibrio, se expresa el valor justo en su precio correspondiente.

Lo que distingue dos mercancías con el mismo valor de uso es su valor de cambio. Pongamos un caso cualquiera. Tratándose de mercancías de la misma calidad, supongamos, de ser su elaboración conducente a una diferencia en sus valores de cambio, esto es, con trabajos socialmente necesarios diferentes, se expresarán de manera distinta en su precio. Luego, atados a un mercado más competitivo, si la transacción se hace en dólares, siempre la mercancía más barata y de más calidad se expresará en un precio menor a aquella que requiere de más tiempo de trabajo socialmente necesario. De allí que, sin protección, el productor de la mercancía más cara, verá ceder su mercado a la pieza más competitiva. Lo que conduce a una balanza comercial deficitaria. A importar más y llevar a la quiebra la empresa nacional.

El rezago en la composición de capitales, esto es, en la relación entre el uso de medios de producción y fuerza de trabajo de Venezuela, respecto del resto de países sudamericanos, hace que hayamos perdido capacidad competitiva. Luego, lo que se produce acá tiende a ser más caro y de menor calidad. Así, dolarizar nos coloca en condiciones de minusvalía en relación con el círculo del dólar. Solamente podremos exportar aquellas mercancías en las cuales seamos competitivos. Tendencia que afianza el carácter primario exportador de la economía venezolana. Mientras, de no haber protección, seguiremos siendo un país importador neto de bienes finales, tendencia que nos condujo a la más grande catástrofe económica a escala planetaria. Con la dolarización, esta tendencia se afianza, a menos que se desarrolle una política de protección con sentido nacional.

Toda economía cuenta, debe contar, con un signo monetario para poder intercambiar con base en su escala competitiva. Asumir un signo monetario de una potencia más competitiva es antinatura. Antinacional. Países rezagados científica y tecnológicamente deben contar con un signo monetario que les permita realizar el intercambio con base en su escala de competitividad. Lo que no debe suponer el estancamiento, sino la permanente revolucionarización de los medios de producción hasta alcanzar la competitividad que le permita colocarse frente a otras economías. Lo mismo que ahora hace EEUU frente a la pérdida de competitividad en relación con China, principalmente.

Dolarización y perspectivas

El dólar, como toda mercancía, cuenta con un valor de cambio. Supongamos que un dólar permite adquirir un kilo de harina de maíz precocida, expresando así el valor de esa mercancía. Luego, en bolívares, su precio oscila en torno de los 20 mil bolívares. Hacemos abstracción de la especulación, tan presente en este tipo de circunstancia. De no estar dolarizada la economía y ser el bolívar una moneda estable, esto es, de no existir inflación, deberá expresar justo el valor de cambio dentro de nuestro mercado. Colocar la misma mercancía frente a una economía más competitiva, deberemos adecuarnos a una relación de intercambio donde no tenemos capacidad de competir. De allí la necesidad de contar con nuestro propio signo junto con medidas de protección del aparato productivo y su mercado natural, el mercado interno.

Ciertamente, la dolarización ha alcanzado un nivel que ha permitido que las mercancías se coloquen a la venta con un precio que se corresponde con su valor. De allí que se reconfigura la relación entre los componentes del valor. Esto es, la relación entre el capital constante, el variable y la plusvalía. La relación entre lo que invierte el dueño de los medios de producción en capital constante, salarios y la plusvalía que se apropia en tanto propietario. Sucede que, con el precio alcanzado por la mercancía fuerza de trabajo la escala de la explotación del obrero es muy alta. Sin embargo, ello conduce a que el salario del obrero, del trabajador productivo, tienda a aproximarse a su valor de cambio de manera paulatina, en tanto que el capitalista requiere que pueda explotar en las mejores condiciones posibles, lo que supone condiciones de salud y alimentación razonables.

La dolarización condujo a un inusitado incremento de precios. Junto con la inflación destrozaron el salario de los trabajadores. La especulación fue un complemento natural propio de la economía mercantil. Error comenten los economistas que generalizan que todo incremento de precios es inflación. En nuestro caso, sin duda alguna, dado el gran déficit fiscal y la intención gubernamental de cubrir el déficit con emisión de dinero inorgánico, encontró en la hiperinflación el resultado, pero también la especulación hace lo suyo, apuntalada por la dolarización, más cuando buena parte de la demanda se realiza con base en la tenencia de dólares.

Como en todo asunto económico o político, dar cuenta de la dolarización y la pérdida de la condición de dinero del bolívar supone una posición de clase y en relación con el sentido nacional. Quienes plantean atarnos al dólar de manera formal, no ubican que estaremos siempre en desventaja frente a todo lo producido dentro de la órbita estadounidense, dado el rezago de nuestra composición de capitales dada la crisis crónica a la que nos condujo la política liberal. Grecia resulta emblemática al respecto. Haber asumido el euro condujo a que la producción griega, salvo el aceite de oliva y su materia prima, se presentara frente al producto alemán, principalmente, en condiciones desventajosas. Y es que el dinero expresa el valor de las mercancías. Atarse a la forma dineraria de otra nación es sujetarse a su composición de capitales. Mucho de eso hace Alemania con Europa. Europa para los alemanes. Siendo el país más competitivo, el signo monetario euro conduce a que todos los integrantes de la unión deban ajustarse. De allí la quiebra griega. Los PIG (Portugal, Irlanda y Grecia), por ser los menos competitivos, fueron los países más golpeados.

Un riesgo adicional es que, a diferencia de las divisas que vienen fortaleciéndose por la acumulación de oro que vienen haciendo los países en cuestión, la producción del dólar fiat, en buena medida se emite sin respaldo. De allí que la guerra de divisas en desarrollo creciente anuncia el desplome del dólar que llevará a mayores desequilibrios a aquellas economías a él atadas, mucho más las dolarizadas.

Somos de la idea de que hay que recuperar un signo monetario para nuestra economía. Rescatar el aparato productivo con sentido nacional es lo que lo permitirá. Una economía apuntalada por el ahorro social para la inversión productiva y la protección del mercado interno, permitirá la fortaleza del signo monetario nacional mientras se consolida y desarrolla el aparato productivo. Esa es la salida.

Publicado en El Pitazo

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