En Venezuela ya vemos cómo marcha un nuevo pacto entre las patronales para un arreglo de buenos socios en los negocios y la cohabitación política en la estructura burocrática del Estado. Se resuelven «diferencias» en aspectos superficiales de la polémica para concentrarse en lo que es realmente importante para el capital: amasar exorbitantes ganancias partiendo de salarios miserables y de la extracción de materias primas, su comercio, y las ventajas que en este momento permite la guerra imperialista, que aunque geográficamente sea lejana a nuestro país, toca de cerca lo fundamental: las fuentes energéticas.

Se afianza así la naturaleza expoliadora y liberal de la gestión económica del régimen dictatorial de Maduro, que hace buenas migas con las patronales privadas, nativas y extranjeras, ofreciendo una excelente ventaja comparativa en la superexplotación de fuerza de trabajo a precios de golilla. Al mismo tiempo, se profundiza la dependencia del país a los intereses de capitales externos.

Parece un capítulo repetido de la historia, pero ahora se trata de salvar para la cúpula corrupta, lo grueso de sus intereses, de su botín acumulado; y para el régimen, su permanencia en el control del aparato del Estado, convertido ya en dominio de las nuevas mafias en negocios y de algunas patronales privadas, antiguas y agónicas, que han sobrevivido como socios del botín.

Con el discurso de «recuperación económica» y normalización del país, lo que ocurre es el reparto de los excedentes de renta petrolera que promete la guerra imperialista, entre los señores del capital y las mafias. Muy comprometida luce una parte de las figuras partidistas opositoras afines a ese plan de cohabitación. Se caen los velos y se desnudan los discursos falsos de ambos socios. El pueblo trabajador queda nuevamente sometido al desamparo y a la miseria, amenazado y sometido por las armas represivas y el chantaje, que buscan aplacar y cauterizar los deseos de cambio de la mayoría nacional.

Frente a esto, el pueblo trabajador debe rebelarse. No habrá mesías salvador. No aspiremos tampoco que una fuerza extranjera arriesgue el pellejo para defender nuestros derechos burlados. La tarea es nuestra y es con nuestra fuerza unida que podremos impedir que se nos aplaste, que se nos extermine gradualmente con las trampas de la patronal gobiernera.

El diálogo, ocurra en Venezuela o en México, sin un interlocutor legítimo de los trabajadores, no es garantía para salvar nuestros derechos. La legitimidad de cualquier dirigente para esta misión se fragua al calor de las acciones presentes y la respalda la trayectoria consecuente de quienes están ahora al frente de la lucha. Cualquiera otra figura advenediza que pretenda representar el movimiento de los trabajadores, en nombre de la lucha, tendrá rechazo inmediato y total.

Lo urgente es acordar la instalación de una instancia de coordinación de los diversos organismos sindicales, gremiales, federativos regionales y nacionales, que sirva para integrar todas las voluntades activas en el reclamo y la protesta. La misma instancia permitirá elaborar y levantar un pliego inicial que resuma las demanda de atención a la emergencia de los trabajadores y arrancar a la dictadura reivindicaciones esenciales: el salario vital y la atención médico-asistencial para salvar vidas en inminente peligro. Esto no permite más espera.

Planteamos desde la Unión de Trabajadores Revolucionarios (U.T.R.), la instalación de una Coordinadora Gremial y Sindical Nacional donde tengan representación todas las corrientes, con diversidad de criterios y posiciones ideológicas, del movimiento de trabajadores. Así como también todos los niveles de dirección, para acordar una agenda y planificar futuras acciones. Debe admitirse que las flaquezas existentes en el movimiento de trabajadores y la labor colaboracionista de los esquiroles infiltrados, han permitido al régimen hasta ahora burlarse abiertamente de los reclamos. Partamos de la firme convicción de que la más amplia unidad de la fuerza de los trabajadores y la acción de protesta podrán abrir la posibilidad de frenar y echar atrás la ofensiva del régimen contra los derechos de los trabajadores, que consuma una violación impune y constante de la Carta Magna de la Republica, de las leyes, los convenios internacionales y contrataciones colectivas.

Existen actualmente diversas instancias gremiales, sindicales y de plataformas alternativas en unidad de propósito, activas en múltiples acciones de protesta, con demandas reivindicativas comunes, que constituyen de hecho la base orgánica que puede articularse para conformar la instancia de coordinación nacional que se propone. A esta pudieran sumarse las organizaciones del movimiento estudiantil y profesoral con sobradas razones. Podemos y debemos en este momento cobrar la capacidad de arreciar el conflicto por la defensa de nuestros derechos al grado que el régimen decida y vencer.

Desde la Unión de Trabajadores Revolucionarios (U.T.R.) saludamos los avances existentes y respetamos absolutamente los nuevos liderazgos surgidos. Son éstos los convocados y convocantes a la unidad necesaria. De todos depende la posibilidad de derrotar la política entreguista, antinacional y antipopular que adelanta el régimen. A este movimiento serviremos consecuentemente y estaremos a la orden de las tareas que se desprendan de una dirección unitaria ,que alce con decisión, contundencia y sin mezquindades parcelarias las líneas programáticas y de acción hacia el objetivo de alcanzar las preciadas reivindicaciones sociales y democráticas, que están en el clamor diario del noble y trabajador pueblo venezolano.

 

¡La deuda y la guerra no son del pueblo, que la paguen los enchufados!

¡Cese la violación de los derechos de los trabajadores!

¡Preparemos la jornada nacional de conflicto por los derechos del pueblo!

Unión de Trabajadores Revolucionarios (UTR) – Bandera Roja

30 de mayo de 2022

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