El régimen obedece mansamente a sus amos. La cúpula mafiosa asiática-rusa les ordena  someter al pueblo trabajador venezolano a la miseria, sin salarios, sin servicios y sin derechos mínimos, para poder acumular recursos y satisfacer la voracidad de los intereses de deuda y la extracción de materias primas baratas en favor de esos capitales foráneos, principalmente chinos.

Estos regímenes tienen bastante tiempo sometiendo a sus pueblos a esa política y pretenden aplicarlo a los venezolanos. Estos son los verdaderos jefes, ellos están al mando. De eso se trata, de mantener en la miseria al pueblo trabajador y lograr así el beneplácito y el respaldo de tales regímenes mafiosos a la camarilla que usurpa el control del Estado venezolano. Un régimen servil y entreguista que les garantiza perpetuar el saqueo y la destrucción de la nación.

Los venezolanos solo les interesan como clientela sumisa y cautiva de sus productos. Para la cúpula de la dictadura el objetivo es mantenerse controlando una parte del aparato de Estado, totalmente corrupto y podrido, especialmente el aparato militar, policial y parapolicial. Tienen también el auxilio del lumpen organizado en lo que ahora se denomina “pranato”, con anuencia del Estado para todo tipo de tropelías y con facultad para amenazar y someter a la gente descontenta del pueblo por las precarias condiciones de vida a las cuales es condenado.

La situación se torna ya insostenible. Las garantías que contempla la Constitución de la República son desconocidas. La ejecutoria económica del régimen aplasta sin reservas a quienes reclaman el respeto a sus derechos. La cuantía de los recursos dinerarios del Estado se manejan en secreto y se disponen arbitrariamente para sostener una reducida cúpula de mafiosos propietarios de un entramado empresarial dedicado a la importación y propietarios al mismo tiempo de un aparato comercial exclusivo para la nueva capa social de “ricos”, forjados  sobre la base del saqueo del erario público. Una ficción mediática y propagandística que se desvanece ante la miseria generalizada de más de 90 % de la población. La crisis se agudiza, la lucha se hace imperiosa, impostergable.

Este 4 de agosto de 2022, habrá una respuesta contundente del movimiento popular a la cual debemos sumarnos todos los trabajadores. Los de la administración pública, principales víctimas de la ejecutoria neoliberal del régimen, ya han vivido en carne propia y en la miseria de sus familias las consecuencias de una estafa histórica: por ello están al frente. Han fracasado todos los intentos del régimen de darle continuidad al engaño, la burla y el atropello contra los derechos de los trabajadores.

Igualmente la aplicación de fórmulas viejas de terrorismo de Estado quedan al desnudo, las mismas que usaron las dictaduras bananeras de Centroamérica para intentar  acallar las voces de protesta y obligar al silencio. El secuestro de dirigentes populares, sindicalistas, gremialistas y defensores de derechos humanos se intensifica. La desesperación del régimen por evitar la lucha por los derechos hace muy peligrosa la conducta de los aparatos represivos.

No sabemos hasta dónde la cúpula dictatorial podrá llegar con la represión. Sin embargo, ya es evidente que no le servirá al régimen para impedir la lucha justa, constitucional y democrática del pueblo trabajador. Por el contrario, se experimenta una progresiva unidad, la incorporación masiva y articulación de fuerza popular con  una creciente determinación a enfrentar la ofensiva patronal del Estado y sus socios mafiosos contra el pueblo trabajador.

Han resultado vanas las gestiones administrativas y formales para defender los derechos constitucionales violados impunemente. Las instituciones lucen incapaces de frenar los atropellos. Muchos de quienes apostaban ciegamente a las farsas del régimen hoy se sacuden las ilusiones y se incorporan a los reclamos. Los esquiroles se quedan solos en sus arengas adulantes al régimen. Pronto verán su triste final,  porque serán expulsados del seno del movimiento laboral. Ya se forja la convicción de que solo la movilización y la protesta popular unitaria y firme podrán darle freno a esta ofensiva criminal contra el pueblo. La conquista de salario, el respeto a la contratación colectiva, la abolición de instrumentos ilegales contra los trabajadores y el freno a las operaciones represivas de terrorismo de Estado, así como la libertad inmediata de los luchadores y dirigentes sindicales sometidos a prisión, tortura y humillaciones, solo se pueden lograr con la movilización masiva y unitaria de todo el pueblo.

La Unión de Trabajadores Revolucionarios (UTR-Bandera Roja) saluda las acciones anunciadas y manifiesta su irrestricto compromiso de respaldarlas. Nuestros militantes, dirigentes en diversos sectores laborales, estarán al frente de las movilizaciones en esta nueva jornada. En la  férrea unidad y en la integración de la voluntad de todo el pueblo trabajador, sin distinciones sectarias y partidistas, para defender los derechos está la garantía de éxito en nuestros objetivos comunes. La situación se hace difícil, pero plantea una desafío claro, una disyuntiva: los cuantiosos recursos del país o van para las mafias chinas y rusas y sus socios criollos, o sirven para que el pueblo venezolano tenga acceso a una vida digna, con bienestar, progreso y libertad. De nuestra lucha y de nuestra decidida firmeza depende el resultado.

¡Derogación inmediata del instructivo ONAPRE!

¡Restitución total de las convenciones colectivas!

¡Pago inmediato de todas las deudas del Estado a los trabajadores!

¡Cese a la violación de la Constitución: salario según artículo 91!

¡Libertad para todos los presos políticos y luchadores sociales!

¡NO a la entrega del país a potencias  extranjeras!

¡Unidad del pueblo por un gobierno de Reconstrucción Nacional!

 

Unión de Trabajadores Revolucionarios (UTR-Bandera Roja)

Fuerza obrera  para avanzar y vencer

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