Este breve esbozo biográfico de nuestro camarada, es el comienzo de un trabajo que tratará de documentar de forma más sistemática la trayectoria revolucionaria y humana de José Félix Rivas Yánez, un comunista emblemático y ejemplo para las nuevas generaciones.

José Félix Rivas nace el 7 de agosto de 1967 en Caracas. Sus padres, Bertha Celeste Yánez y el señor Azarias Rivas, lo llevan muy pequeño a Trujillo, donde se cría hasta entrar en el liceo. Con apenas 11 años, sus tempranas ideas revolucionarias lo llevan a ingresar en la estructura clandestina estudiantil del partido Bandera Roja. Desatada la represión contra la organización, queda sin vinculación durante un tiempo, por lo que decide militar en la organización Venceremos en la idea de mantener intacta su actividad revolucionaria.

Durante ese período de infancia y comienzo de la adolescencia, su muy temprana convicción revolucionaria y subversiva lo lleva a confrontar amargamente a su padre, luego de su incorporación a BR en el liceo Rafael Rangel. Por su actividad política lo expulsan del liceo y su papá, en consecuencia, lo bota de la casa “por comunista”. Siendo tan chico, sin capacidad para vivir solo, no desiste de sus ideas y busca albergue en un dojo de karate dirigido por el sensei Pedro Torres, quien lo recibe y ayuda a seguir estudiando. Luego, a finales de los años 90, José Félix dirigirá como sensei el dojo, enseñando karate Do y Shinkyoku Ryu TaiJitsu, albergando y formando a jóvenes durante varios años y alcanzando el grado de cinturón negro y segundo dan en la disciplina.

Este es un aspecto medular en la vida de José Félix. Buena parte de su personalidad se forma bajo las enseñanzas del Maestro Soke Yuichi Negishi (japonés), quien desde finales de 1970, además de enseñarle artes marciales en el Dojo en el cual el maestro también vivía, le brindó enseñanzas como padre adoptivo. Este carácter autónomo y desprendido de José, de templanza y firmeza, de decisiones incontrovertidas y revolucionarias, se amalgamó con la influencia de la cultura oriental, el estoicismo, que estimuló su valoración de la vida en un sentido universal y de trascendencia. También influyó en la estructuración de una familia extendida en la que él, como figura paterna y orientadora, deja como parte de su legado, quizás por su vivencia personal de infancia.

Siendo un adolescente y bajo estas enseñanzas, va estudiar en el Liceo Ciudad de Valera, afianzando más su actividad revolucionaria. Pero nuevamente es expulsado “por comunista”. Finalmente culmina sus estudios en el colegio privado Mario Briceño Iragorri, con una actividad de menor perfil público. De ahí se va a la ciudad de Mérida para inscribirse en la Universidad de Los Andes, con solo la constancia de tramitación de título. Apenas rondando los 16 años, en la ULA y estudiando Historia, va a reencontrarse otra vez con su partido, Bandera Roja, en el que militó hasta su muerte.

Ya en Mérida, reincorporado al frente clandestino de Bandera Roja, milita junto a cuadros como Gerardo Viloria, Pedro «Molotov», Armando Guerrero y otros. En esa época, José Allen y Juan Carlos Rivero asumían la dirección política legal de BR. Durante ese período, José Félix va a afianzar sus estudios de marxismo leninismo como resultado del entusiasmo que imprimía el partido hacia el estudio doctrinario en ese grupo de cuadros jóvenes. La estructura clandestina era proclive a una influencia doctrinaria más sólida y rigurosa.

Sin embargo, en ese convulso período en Mérida, como estudiante, conoce a su primera compañera, Tamara Caña, con quien tiene sus dos primeros hijos, Alix Rivas y Enver Rivas. Esta circunstancia le obliga a vivir una vida de estudiante, de militante revolucionario y de padre de familia, dilatando el proceso de estudios universitarios. Luego de la separación de su primera compañera, conoce a Miriam Obando, con quien compartió el trecho más largo de su vida en pareja y con quien tuvo a dos hijos que han heredado buena parte de su personalidad: Zamantha Rivas y Erick Rivas. Comienza su vida como artesano y artista.

Sin embargo, durante su última etapa en Mérida, José Félix participa activamente en la organización e impulso del levantamiento cívico militar del 4 de febrero, en el que participaba Bandera Roja. Luego de la rendición de Hugo Chávez y como resultado de la persecución desatada, tiene que regresar a Valera y abandonar finalmente los estudios, para dedicarse a la subsistencia a través de la artesanía.

Ya en Trujillo, con un nuevo matrimonio, se incorpora al trabajo revolucionario y lo funde con el trabajo orgánico como creador y artista, su fuente principal de subsistencia, coincidiendo con la confluencia en la región andina de una corriente artística muy variada y con influencia del movimiento revolucionario en general. Durante los años 1992 y 1993 participa en marchas y protestas por la aprobación de la Ley de Fomento y Ayuda al Artesano y se incorpora a la creación de la Casa del Artesano en Valera. Se convierte en coordinador regional de este movimiento y extiende su influencia a varios estados del país. Su participación fue clave e histórica para el movimiento artesanal venezolano, como confirman Jorge Fernández y otros creadores. Lograron tal reconocimiento nacional que obtuvieron el respaldo de María Teresa Castillo y el Maestro Abreu para el impulso de los Consejos Estadales de Artesanos. La Ley fue finalmente aprobada por el Ejecutivo y Legislativo en 1993 tras duras batallas en las que José Félix destacó de manera significativa, pero la llegada del chavismo en 1998 va a acabar con la Ley y deja sin participación real a los artesanos, además de que fractura y desintegra al gremio.

Pero su actividad partidista no cesó. Durante todo ese período se mantiene en el partido formando parte del Comité Político Regional de Trujillo, hasta que asume la jefatura regional del partido en el año 2002, en medio de las luchas contra el régimen de Chávez. Su papel como dirigente del partido hizo del regional de Trujillo una referencia de crecimiento y de activismo, fuente de emulación para otras direcciones regionales. Destacó el crecimiento y la influencia política y social que alcanzó el partido en la región bajo la dirección de José Félix. Reforzó a la Unión de Jóvenes Revolucionarios con una camada de cuadros jóvenes que hasta hoy la mayoría se mantienen en nuestra organización. René Daniel Enríquez, Junior Godoy, Eduardo García, Ricardo Albornoz, Ali Meza, Damián Milano, José Gregorio González, Héctor Bermúdez, Luis Daniel Terán, entre otros. Construyó, quizás por su sentido familiar y afectivo, una familia extendida enorme, llena de enseñanzas importantes para un grupo de cuadros de la región andina.

Asimismo, José Félix participó activamente en todos los frentes amplios nacionales de oposición, desde la Coordinadora Democrática hasta la Mesa de la Unidad Democrática, con una destacada participación regional dirigiendo comisiones de seguridad, organización, recolección de actas en los distintos eventos electorales, incluso en el revocatorio de 2004. Asumió con firmeza las distintas actividades unitarias contra Chávez y demostró en todos los terrenos su condición de cuadro multifacético, como dirigente político y como organizador, pedagogo, jefe, dirigente de masas y combatiente, sin rebajar su condición como marxista leninista y comunista en ningún escenario.

En medio de una fuerte campaña anticomunista producto de la confusión generada por el chavismo, José Félix destacó como referente unitario, como integrador de la diversidad en el estado Trujillo y se ganó el respeto y admiración de aliados y adversarios ideológicos y políticos sin ningún problema. Luego de que la oposición obtuvo en 2008 la victoria en la alcaldía de San Rafael de Carvajal, fue nombrado Director de Participación Ciudadana, ganándose el respeto y cariño de los dirigentes comunitarios del municipio, incluso de chavistas.

Pero su amalgama de tenacidad y serenidad, su carácter controlado, se fundían con el fulgor de la batalla permanente. Entre muchos episodios destaca que en el año 2002, a comienzos de octubre, dirigió la liberación del puente La Cabrera en el estado Carabobo, luego que fuese cerrado por colectivos paramilitares y el Ejercito, para impedir la participación de miles de personas que se dirigían a Caracas para protestar contra Chávez. Junto a un puñado de militantes del partido, armados tan solo de valentía y disposición, se enfrentó a quienes impedían el paso, logrando que el contingente llegara finalmente a la capital.

Su participación en la organización de la oposición y en general del pueblo turjillano, tuvo su cenit durante el año 2014. La protestas y manifestaciones que progresivamente se fueron incrementando durante esos años hasta 2017, en dos grandes rebeliones (2014 – 2017), hicieron de José Félix un destacado dirigente de la Resistencia en la región Andina. Fue reconocido por todos y destacó en episodios en Trujillo, así como en el impulso de organizaciones de resistencia en toda la región, hasta que finalmente se convirtió en una referencia de la Resistencia a nivel nacional y funda una organización amplia de que tiene carácter nacional y representación en varios países latinoamericanos y de Europa.

Se mantuvo al frente del partido en Trujillo hasta el 16 de mayo de 2018 cuando, empujado por el hambre de sus hijos, las condiciones de vida y una Orden de Captura en su contra emitida por el régimen chavista madurista, tuvo que salir del país junto a toda su familia. Tras vivir un corto tiempo en Perú y separarse de su segunda esposa, se residencia en Ecuador con sus hijos y nietas para tratar de labrar un futuro relativamente estable, principalmente para la familia.

Vivió hasta su muerte en Loja. En esta última etapa destacó como dirigente de los venezolanos en el exilio fundando varias organizaciones y elevando las demandas de la migración venezolana a instancias regionales e internacionales. Pero su labor no se contuvo. La iniciativa constante era una característica de José Félix. Desde el exilio, fomentó la organización de importantes grupos de resistencia en el país. Al tiempo, su actitud internacionalista y proletaria, como un deja vu de la vida, lo llevó a contribuir con la creación de una organización Marxista Leninista en Loja que lleva el nombre de Venceremos, hermana de nuestro partido. Lo llevó también a participar activamente en la campaña de Yaku Pérez en Ecuador y a participar de manera activa en todo el acontecer político que le rodeaba. Creó instituciones de financiamiento para la migración de venezolanos en Ecuador con reconocimiento de Acnur, así como de organismos municipales, regionales y estatales en Ecuador, Cajas de Ahorro, entre otros.

Entre tanto, además de la artesanía como fuente de ingresos, trabajó como docente en línea de Historia y Filosofía para bachilleres en formación preuniversitaria. Además, combinaba su actividad política revolucionaria con una permanente dedicación afectiva y educativa hacia sus nietas.

Pero su labor multifacética no terminó fuera de las fronteras. Participó en sus últimos meses como cofundador de un bloque unitario de factores de la Resistencia venezolana, en busca de la unidad más amplia posible con los factores de mayor compromiso y seriedad. Trabajó incansablemente por lograr que las diferencias subalternas dieran paso a la construcción de una fuerza en capacidad de impulsar la rebelión en el país para derrocar a la dictadura y alcanzó el respeto y afecto de la mayoría de los grupos de resistencia en el país y en el exilio. Bajo el apodo de El Panda y El Prócer, su influencia y dedicación son una referencia y un legado que impulsa hoy muchas acciones e iniciativas en desarrollo.

Muy cerca de su muerte, José Félix confesó a cuadros del partido su decisión de regresar a Venezuela, incluso y si era necesario, de forma clandestina. Era su plan inmediato y lo mantenía en reserva total, incluso de sus familiares. Su deseo de contribuir de forma directa con la liberación de su país, era un norte permanente en su vida y estaba dispuesto a plasmarlo luego de legarle algo de estabilidad a su familia.

José Félix, en este etapa floreciente de su vida, contrajo Covid-19. Dos pruebas arrojaron negativo hasta que el 29 de marzo empeoraron notoriamente sus condiciones de salud. El 30 de marzo de 2021 es ingresado al hospital Isidro Ayora en Loja con un cuadro de complicación pulmonar acelerado. Su avanzado estado de afectación lo condujo a una dura batalla que quiso librar consciente, negándose a ser sedado, aunque fue inevitable la sedación para su tratamiento.

Sin embargo, dio signos claros de una lucha tenaz por vivir. Quería tener acceso a su tableta y teléfono para atender tareas políticas y responsabilidades asumidas, durante su hospitalización. No cesó ninguna responsabilidad ante esta batalla íntima. De inmediato, toda la familia, sectores de la Resistencia, trujillanos, amigos y todo el partido, se avocaron a la consecución de recursos y a generar las óptimas condiciones para salvarlo. Fue profusa y masiva su campaña de solidaridad, aunque no suficiente como para salvarlo. En apenas cuatro días sus condiciones de salud empeoraron hasta causarle la inevitable muerte, al rededor de las 5 de la tarde del 2 de abril de 2021.

La maduración de ideas, su innata intuición de clase, su comprensión sobre las condiciones adversas de la lucha de clases y la búsqueda permanente de una formación más ordenada y profunda del marxismo, se expresaban notoriamente en esta última etapa de su vida. José Félix estaba decidido a estudiar y profundizar en la ciencia del proletariado. Reflejó en este último período a un hombre con mayor lucidez sobre su papel en la historia, sobre sus limitaciones y necesidades intelectuales, sobre cómo incrementar sus capacidades como cuadro. Por ello, estrechó al máximo su relación con varios cuadros de la dirección del partido, con los planes tácticos y su relación con la estrategia. Estaba atento a las actividades de formación desarrolladas por el partido en la última etapa y sobre todas tenía e intercambiaba opiniones. Interrogaba a cuadros sobre asuntos medulares. Estaba en ese punto en el que un hombre deja de ser un hombre y se hace el instrumento más útil para la liberación de un pueblo.

José Félix se va lleno de vida y su legado, su ejemplo, sus últimas horas, condensan en un hombre la batalla de la humanidad por la vida y por la libertad. Honor y Gloria. Venceremos.

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