El régimen anunció la emisión de billetes de 200 mil, 500 mil y 1 millón de Bs, con el fin de “solventar” el problema del efectivo. Medida que, como es de esperarse de los venezolanos, ha dado pie a chistes como el de que la suma de los tres nuevos billetes, no llega ni a un dólar. Eso evidencia la poca eficacia de la medida. Además de que viene a incrementar la inflación, conduce a más especulación. Lo más probable es que desaparecerán los billetes de baja denominación como los de 20 mil Bs, sin contar los de 10 mil, que ya fueron eliminados por las mafias que controlan el efectivo.

Es de todos conocido, cómo en Maracaibo se cambia cada dólar por 900 mil Bs en efectivo. Mientras que cuando vas a comprarlo, un dólar te lo venden en 2 millones de Bs, pese a que el promedio del mercado paralelo al día de este escrito es de un millón 800 mil bolívares. Esto porque las funciones que tiene la moneda nacional como medio de cambio, de atesoramiento y de unidad de cuenta, ya no existen y la población se tranza en dólares. Es allí que el valor de las divisas muchas veces no se corresponde con el precio que se ofertan o se demandan. En este sentido, vale lo expresado por el Dr. Carlos Hermoso en su artículo “Los que tienen dólares y los que tienen hambre”, cuando señala que las mercancías son el reflejo de la magnitud de su valor. Ello no tiene que ver con un sentido moral, de justicia. Si eso no se cumple, si se viola esa tendencia, si el precio no expresa su valor, si el signo monetario ya no es equivalente, de manera natural, se impone algún sustituto, de allí se explica esta situación.

Además, en última instancia, se recurre al trueque. Se trata de un asunto simple, pero que solamente se puede apreciar yendo a la esencia de la cosa, hasta poder desentrañar sus determinaciones reales. Se debe dejar a un lado ese sentido común que parece nublar aún más la realidad, que siempre se nos presenta de manera distorsionada. Por ello es posible ver cómo se cambian unos productos por otros, o pagar un servicio con un arroz, una harina de maíz o cualquier otro producto que se corresponda con el precio en una cantidad de dólares, aunque en el precio de los pasajes muchas veces se supere con creces en lo que respecta a la divisa.

Esta situación del precio del dólar es producto de varios aspectos que van desde la oferta y la demanda de la divisa, la emisión de dinero inorgánico, destrucción del aparato productivo, hasta los mecanismos perversos de la hiperinflación. Cabe recordar la mentira del chavismo propagada una y otra vez, según la cual el incremento en el precio de la divisa y de la inflación, eran el resultado de la manipulación de la página Dólar Today. Claro, pesa su aceptación dentro de las filas chavistas, ese irracionalismo no solamente hace creer las cosas más absurdas, sino ignorar toda evidencia de lo contrario, en todos los terrenos.

El ingreso de dólares a la circulación, por diversas vías, difícil de ser ponderadas en sus justos términos, lleva a que se incorpore a la economía una gran cantidad de riqueza. Las divisas, el dinero en general, es una mercancía, alguna proporción de ella queda en la esfera de la producción y se crean más riquezas, lo que hace que un sector se vuelva más rico y otro se hunda más en la miseria. Uno de estos sectores son los trabajadores en Venezuela, que han visto desaparecer el salario por lo mísero que reciben, en especial los que laboran en la administración pública, como docentes, personal de salud, de gobernaciones, alcaldías, que no les alcanza ni para un pasaje.

De esta manera, el precio relativo a la fuerza de trabajo, constituido por el salario, desaparece en Venezuela, precio que es expresión del valor de cualquier mercancía. De tal manera que es absoluta la tendencia que coloca el salario, o sea, el precio en el que se expresa ese valor, en torno de un poder adquisitivo que permite que el trabajador y su familia puedan reproducirse en condiciones mínimas en términos generales.

Cuando esta tendencia no se cumple producto de la inflación, y: “…si los salarios no suben, o no suben en la proporción suficiente para compensar la subida en el valor de los artículos de primera necesidad, el precio de la fuerza de trabajo descenderá por debajo de su valor, y el nivel de vida del obrero empeorará”. Esto es en buena medida lo que ha ocurrido en Venezuela. Además, claro está, la catástrofe creada por la política económica del régimen, extremando lo heredado del bipartidismo, conduce a que la creación de tan poca riqueza, lleva a que sea muy poco lo que ha de distribuirse.

Así, el valor de cambio de la fuerza de trabajo de los obreros venezolanos ha alcanzado una escala insuperable en su caída. Menos de lo que perciben los obreros venezolanos no hay otros en el mundo.

Históricamente los trabajadores han mantenido una lucha constante por las condiciones laborales, en particular por sus beneficios, frente a los patrones. Este reclamo se hace presente en la contradicción capital-trabajo, expresada en la composición de los capitales. La relación entre el capital constante, los medios de producción y el uso de capital variable, del trabajador, pues. Lo principal de estas luchas obreras es arrancarle al capitalista más salario. Puja que lleva a que si aumenta el salario, disminuye la plusvalía. A la inversa, si baja el salario, sube la plusvalía. Pero la tendencia a que el salario se ubique en el valor de cambio de la fuerza de trabajo es una tendencia que incide en esa puja.

En el caso de una economía como la venezolana, arrasada por la política chavista, destruida de manera bien calculada, para darle el mercado interior a los capitales chinos, estadounidenses, brasileños, argentinos, rusos, entre otros, es lo que condujo a una caída de la riqueza que llevó a que sea poco lo que hay que distribuir. Así, el rezago de Venezuela frente al resto de las economías del continente, es de antología. Lo que se expresa en que el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir las mercancías sea mayor al resto de países debido a que quedamos atrás en competitividad. Por lo que todo lo que se produce en Venezuela resulta más caro. No hay competitividad en nada. Una historia que se inicia de manera abrupta en 1989. Los chavistas la llevan a su máxima expresión.

Otro aspecto en medio de la tragedia, tal como lo señala Carlos Hermoso en su artículo antes citado, es que resulta paradójico que la comida que reparte el Gobierno beneficia a buen número de empresarios. En general, favorece al capital. Este asunto también resulta de cierta dificultad su comprensión. No solamente queda claro en Marx cuando plasma cómo se configura el valor de los bienes y la manera como se distribuyen la riqueza creada. Si el Estado subsidia al trabajador, el capitalista reduce su salario para que se ubique en las condiciones mínimas de reproducción, o por debajo de ellas. También el nada marxista Karl Polanyi trata el asunto en su obra, “La gran transformación”, llegando a la misma conclusión de Marx. Es el resultado de que la parte de plusvalía varía en correspondencia con lo que paga el capitalista al trabajador. Más plusvalía para el dueño de los medios significa menos salario para el obrero. La tendencia histórica es que lo que corresponde al trabajador en forma de salario, le permita reproducirse en condiciones mínimas. Luego, si el Estado asume parte de esas condiciones, cae el salario. Eso en nuestra realidad es un freno al incremento del salario real de los trabajadores.

Señala Hermoso en su artículo, que en medio de la dolarización, el sector que más se viene nivelando en relación con el valor de su fuerza de trabajo, es el trabajador por cuenta propia. Quienes osan pasar la mirada por estas letras, traerán a la mente la experiencia que habrán tenido al cancelar algún servicio o reparación a un técnico cualquiera, a un médico, entre otros ciudadanos que viven con base en su disponibilidad en algún oficio o profesión. Cobran en dólares. Cobran para reproducirse de manera lo más decente posible. Eso lo facilita la disponibilidad de dólares en la circulación.

Alguna proporción de esa liquidez de dólares y euros se queda en la esfera de la producción. Se produce la tan ansiada concentración de capitales. Esto es, una parte de las divisas se capitaliza. No solamente en el comercio se queda. Se produce una tendencia a la reanimación de la economía, aunque todavía muy leve, lo que conduce a la creación de empleos. Y es que la dolarización frena un tanto la fuga de dólares al exterior. La dolarización junto a la baratura de la fuerza de trabajo, a la postre, es un atractivo para la inversión productiva, siempre y cuando se garantice algo de mercado interno y externo.

Así, los trabajadores de la empresa privada, muy a pesar de que sus salarios siguen siendo de hambre, perciben un monto que tiende a permitirles aproximarse a las condiciones mínimas de reproducción.

Sin embargo, sigue siendo dramática la circunstancia que viven los trabajadores del Estado. Los empleados en la administración pública siguen percibiendo salarios de los más bajos del mundo. El régimen busca llevar esta situación al límite para seguir ahorrando y honrar la deuda externa. Principalmente con China. Sacrifican a la gente para cumplir con los más grandes ricos del planeta.

Son momentos que obligan a levantar las luchas por aumento de salarios. Tanto del sector productivo como del Estado, la pelea de los trabajadores por mejores condiciones de vida, debe unirse a la lucha por el no pago de la deuda externa, para garantizar los recursos de donde provenga dicho aumento.

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