La tragedia que vive Venezuela, agravada por la falta de atención oportuna y adecuada de la pandemia de Covid-19, ha degradado a nuestra sociedad a condiciones inhumanas. El régimen dictatorial de Maduro y sus aliados ha destruido los derechos laborales y el salario de la gente, ha acabado con la salud pública, ha devastado la universidad pública y la educación en general, ha arruinado la escasa producción industrial y agrícola con políticas económicas que privilegian el extraccionismo minero y aumentan la sumisión y dependencia del imperialismo chino-ruso. En definitiva, ha provocado una hambruna dentro de la emergencia humanitaria compleja, implantando una brutal liberalización económica para favorecer los grandes capitales de sus aliados internacionales y seguir empobreciendo al pueblo trabajador. Hoy se hace insostenible el régimen chavista madurista.

Pese al terrorismo de Estado y el control social corporativo-fascistoide, la protesta y la movilización de la población manifiestan cotidianamente los deseos de cambiar esta dramática situación, claramente asociada con la tiranía. Darle fuerza, coordinación y rumbo —además de politizarlas en un proceso de elevación de su conciencia— a las luchas de la gente, debe ser parte muy importante de los esfuerzos de la dirigencia política. El ascenso de la presión y protesta popular es el elemento que puede forzar a una salida rápida, si va en la dirección de crear una fuerza social altamente politizada y se afianza en la conformación de formas asamblearias de organización.

Los ínfimos avances del régimen en algunos aspectos puntuales de la economía, se convierten en efímeros paliativos que no conllevan soluciones sostenibles y se revierten en más rabia y molestia: gasolina, gas doméstico, electricidad, agua potable, poder adquisitivo y alto costo de la vida, etc. Dentro de la debacle, el exiguo repunte económico se lo apropian los corruptos, los especuladores y los importadores. Para las mayorías, es una situación insoportable que les refuerza sus deseos de verdaderos cambios en el país.

En Venezuela siguen existiendo condiciones favorables para desarrollar una estrategia de rebelión democrática, constitucionalmente establecida como derecho inalienable, que conjugue la acción de protesta de la gente, continua, múltiple y diversa, con el apoyo de sectores institucionales y de las naciones y pueblos del mundo contra la dictadura. Para ello es necesario conformar una fuerza política y social plena de abnegación y disposición a luchar, organizar las bases de la sociedad, la más amplia unidad contra el régimen despótico y una dirección política madura y sólida que unifique todo el descontento social, político e institucional y dé eficacia al accionar del movimiento opositor. La dispersión y los trastabilleos de la oposición se deben, principalmente, a la ausencia de una estrategia general unitaria que pudiera sumar las distintas presiones y hacerlas concéntricas para acorralar al régimen.

El Acuerdo de Salvación Nacional, propuesto por Juan Guaidó, es un intento por frenar la disgregación de la unidad. Junto con la exigencia de libertad de los presos políticos, habilitación y regreso de exiliados, condiciones electorales de legalidad y transparencia —entre ellas un árbitro realmente imparcial y la devolución de las tarjetas a sus legítimos representantes—, el compromiso de realizar elecciones presidenciales y parlamentarias es la exigencia central. El régimen se muestra inflexible en torno a esto y más bien solicita como requisito principal para sentarse a negociar, el cese de las sanciones, el reconocimiento de la espuria AN del 6D. Tratará de ganar tiempo retardando las negociaciones lo más posible, dando migajas a opositores y buscando desarmar cualquier intento que no vaya por ese camino.

Las elecciones regionales y municipales ya fueron anunciadas para el 21 de noviembre. Todo indica que las realizarán a como dé lugar, a troche y moche. Es un evento que podemos calificar de írrito e irregular, que violenta las normas constitucionales y los principios de las leyes electorales nacionales y las normas mínimas para una elección democrática. Un evento en nada cercano a unas elecciones libres. Pero independientemente de sus resultados, estas elecciones no ponen en juego la existencia y continuidad de esta dictadura, ya que, aun perdiendo buena parte de los cargos a elegir, la dictadura podrá capitalizar a su favor el evento para barnizarse de «democrático» ante el mundo. Las mínimas “concesiones” del régimen —que son normas básicas para elecciones democráticas, competitivas transparentes y verificables— para este proceso, son muy limitadas y buscarán el control total sobre el proceso, incluso desestimulando el voto en su contra o promoviendo descaradamente la abstención opositora en su beneficio. Aparte de los colaboracionistas comprados por el oficialismo —entre ellos los quintacolumna encabezados por Pedro Véliz, a quienes este supuesto consensuado CNE les entregó nuestra tarjeta de Bandera Roja excusados en una acción írrita de supuesto amparo ante el ilegítimo tsj—, una franja significativa de la dirigencia opositora ve en el nombramiento de ese ente administrador electoral y en su participación en dichas elecciones como un camino para avanzar. Y aunque le añaden la búsqueda de «mejores condiciones», ya han puesto sus mejores esfuerzos en pugnar por esos espacios de Gobierno. Si consideramos que este evento es un incidente particular que no pone en cuestión la visión estratégica de ruptura y derrocamiento del régimen, lo acertado es que se establezca —por lo menos, dentro de los sectores que apoyamos el Acuerdo de Salvación Nacional— una línea unitaria, sea para participar o para abstenerse finalmente, dejando siempre abierta la posibilidad de disensión en cualquiera de las dos posturas. En cualquiera de los casos, deben aprovecharse los espacios del proceso electoral para reforzar y fortalecer las organizaciones gremiales, sindicales, comunitarias, estudiantiles, y también para fortalecer cuantitativa y cualitativamente las estructuras partidistas.

Existen otras propuestas para enfrentar la dictadura, entre ellas las que se refieren a derechos contemplados en la CRBV, como son el ejercicio del referendo revocatorio y la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, como instancia mayúscula para reordenar, repensar y restituir el orden constitucional y legal, invocando el poder soberano e indelegable del pueblo. Llamamos a que el impulso de las diversas acciones o propuestas no signifiquen un ataque entre los sectores democráticos o la descalificación, sino la búsqueda por hacer el máximo esfuerzo para no estorbarnos, para que los esfuerzos coadyuven a dirigir los fuegos contra el régimen tiránico encabezado por Maduro. Entender que la UNIDAD de todas las fuerzas antidictatoriales es vital e imprescindible para hacer más corta la distancia para salir de la tiranía.

Es indudable el peso que tienen las fuerzas internacionales en nuestro conflicto interno. El apoyo de China, Rusia, Turquía, Irán, Cuba, entre otros, al régimen madurista, se mantiene firme. No pretenden de buenas a primeras soltar el control que ejercen sobre él, pues forma parte de la pugna interimperialista que los tiene enfrentados a EEUU y Europa, principalmente. Por su parte, el bloque internacional que apoya la lucha contra la dictadura se inclina por forzar, mediante el cerco y la intensificación de las sanciones, al régimen a aceptar una negociación que conduzca a elecciones presidenciales y parlamentarias libres, transparentes y democráticas. Lo inteligente para nuestra lucha por democracia y libertad es, como innumerables veces hemos dicho, aprovechar esas contradicciones para salir de la dictadura y comenzar a reconstruir nuestro país con una visión programática que privilegie lo nacional y lo popular, no levantando la idea de que la reconstrucción nacional implicará un sacrificio agónico para la población, sino levantando un planteamiento que entusiasme a las mayorías empobrecidas, que comprometa a todos los sectores sociales en la reconstrucción y que apunte hacia un desarrollo acelerado, el progreso y el bienestar para los trabajadores y para toda Venezuela, marcando así la ruta de retorno para nuestros compatriotas a un país de libertad y de esperanza.

¡Abajo la dictadura!
¡Unidad y rebelión por la liberación!

Comité Político Nacional
Bandera Roja (resistencia)
Caracas, 1 de julio de 2021

1 Comentario

  1. Totalmente de acuerdo con el planteamiento… Es momento de unificar criterios y hacer un sólo bloque político, así hacer frente a la maquinaria corrompida del gobierno… El Objetivo es sacar a Maduro y establecer lineamientos para la Democracia. Dejar a un lado el protagonismo partidista. Debemos agotar todas las instancias, con la normativa constitucional… O es ahora o nos volveremos otra Cuba quienes han pasado por esto y aún hay lideres en lucha…! Estamos a tiempo, debemos cada uno hablar en casa, dónde trabajamos. No podemos abandonar…!

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