La humanidad vive una circunstancia nunca vista. A la crisis mundial del sistema capitalista se le une la aparición de un nuevo coronavirus, el COVID-19. En condiciones como ésta se presenta una contrariedad dialéctica, en la que el capitalismo, a pesar de ser un régimen destructor de las fuerzas productivas: el hombre trabajador y la naturaleza, hace lo posible por salvar a la humanidad y que esta salga lo menos afectada posible, pues es de allí de donde obtiene sus ganancias.

Aún así, esta pandemia puso en evidencia la naturaleza del régimen de producción burgués. Las medidas tomadas por los Gobiernos favorecen principalmente a los grandes capitales, mientras apenas atempera los perjuicios que causa. En materia económica, como nunca, este virus le da el tiro de gracia al neoliberalismo. Queda evidenciado como una política económica destructora de fuerzas productivas, al punto que coloca en peligro al sistema mismo. Ante ello, emergen políticas de «protección» que permitan “salvar el sistema”.

Primero la humanidad. Haciendo a un lado las cuestiones propias de la política y la economía, debemos atender el asunto, ante todo, desde la perspectiva de la defensa del género humano. Esta pandemia debe ser atendida de manera mundial y con base en las experiencias previas, inicialmente en China y luego en países europeos. A eso debemos contribuir todos. Se trata de un mal cuyo conocimiento sigue siendo limitado. Aunque suficiente como para implantar medidas que permiten limitar su propagación. Seguramente en poco tiempo se podrá dar con la elaboración de la cura que garantice la mayor eficacia en su confinamiento. Ya han anunciado algunos avances al respecto. Abogamos porque sean realizados lo más rápido posible. 

Pandemia en un país destruido. En Venezuela, la cuestión se agrava debido a la gran desatención que en los últimos 20 años ha tenido la salud pública, a pesar de la campaña de propaganda del régimen. Se ha privatizado prácticamente todo el sistema de salud. Y llega este virus cuando la población tiene severos problemas de alimentación, lo cual debilitó por años el sistema inmunológico de los venezolanos. A pesar de ello, debemos contribuir con el aislamiento social como mecanismo fundamental para evitar el contagio y la propagación del virus. Eso sí, debemos exigir la mayor eficiencia y eficacia a los organismos gubernamentales en la atención social de la emergencia.

Debemos exigir que la información a la ciudadanía sea veraz y oportuna, por lo que es vital denunciar y exigir el cese de medidas de censura contra medios de comunicación. Es vital denunciar ampliamente la persecución contra trabajadores de la prensa. La información, asimismo, debe compadecerse con la realidad. Debe reflejar lo que realmente está sucediendo y evitar el manejo interesado de la situación. Eso implica crear confianza en la información que se transmite. Para ello, los voceros oficiales deben ser expertos en la materia y ser fuente permanente de información. La ciudadanía, por su parte, debe propagar las informaciones que contribuyan con la eficacia en la lucha contra la pandemia, enfrentando toda suerte de mitologías, de mala intención o no. 

Mitos que derrumba el coronavirus. Un asunto que deja como primera experiencia esta pandemia, es la reivindicación de la necesaria y vital fortaleza del Estado como organización más elevada de la sociedad para atender los problemas de salud. El Covid-19 deja maltrecha la tesis de su debilitamiento en esta y otras materias. Connotados defensores de esta corriente han tenido que reconocerlo y plantean hoy la necesidad de fortalecer el sistema de salud pública. Así se debilitan las opiniones favorables a las políticas de privatización de la salud. De igual forma, se fortalece el planteamiento de que la salud es un derecho humano y debe ser garantizado por la sociedad mediante el Estado. 

Pero la situación de crisis social y económica mundial se ha agravado por la aparición de este nuevo coronavirus. No es sustentable en el tiempo la paralización de la precaria y destruida economía venezolana y requiere de planes específicos y sociales para atender la coyuntura. Las medidas de corte autoritario, aunque se requiera sin duda la autoridad para ejercer medidas de confinamiento social efectivas para controlar la expansión viral, no pueden estar alejadas de medidas de corte colectivo y social que permitan atender las urgencias de la alimentación y la atención en otras áreas. 

Exigencias a la dictadura

En países como Francia el Estado ha asumido un pago extraordinario de un mes de salario a toda la población, lo que permite paliar la circunstancia extraordinaria. Formas similares deben ser exigidas al régimen de Maduro para atender la agravada situación que ellos mismos han generado previo a la pandemia, mediante el saqueo y remate de la riqueza nacional.

Exigimos que se establezca un plan que contemple de inmediato la exoneración general de impuestos desde el comienzo y hasta el final de la cuarentena; se redefina una política para atender el cobro de arrendamientos de viviendas sin afectar a propietarios; se establezcan operativos gratuitos para atender el suministro de agua (potable y de tubería), gas doméstico, mascarillas, además de la distribución contingente de alimentos gratuitos, suministro de artículos de higiene; y que finalmente se entregue un mes de salario a todos los trabajadores públicos y privados sin que medie la filiación partidista o el carné chavista de la patria.

El coronavirus no puede ser cortina de la represión. Es necesario también denunciar el uso del estado de alarma para la persecución política. La dictadura ha secuestrado a periodistas, dirigentes opositores y gremiales bajo el amparo del estado de excepción. La pandemia no puede convertirse en la cortina tras la cual aumente el control político de la sociedad. Medidas necesarias para proteger la salud de la población no pueden utilizarse como instrumento para afianzar la dictadura. En última instancia, esto conduce al agravamiento de una represión que, al ser superada la crisis viral, será enfrentada con todo el vigor social y popular. Esta práctica no deparará solidez a la dictadura de mafias que regenta al Estado, sino las condiciones para su mayor rechazo y condena.

Como revolucionarios, los militantes de Bandera Roja somos responsables. Todas nuestras fuerzas políticas y organizativas están al servicio de lograr que salgamos de este trance, rápidamente. Pero mantenemos nuestra posición crítica, revolucionaria y combativa contra la dictadura. No ha cesado la lucha por un verdadero cambio político para Venezuela. La realidad nos impone, por imperiosa necesidad, que dejen el poder quienes han llevado al país al caos en que se encuentra, pero también impone coyunturalmente contribuir en combatir un flagelo que trasciende toda diferencia social o política. 

La solidaridad debe acompañar la oposición a la dictadura. Ideológicamente, como nunca, se pone en evidencia que la solidaridad es una fuerza material que puede derrotar fuerzas de la naturaleza como la actual. Para que la solidaridad tenga realización, es necesario que la participación autónoma de las comunidades se exprese. No para competir con el Estado a la hora de atender la pandemia, sino para atender necesidades colectivas que están asociadas a la situación. El abastecimiento de alimentos, la garantía de servicios de agua, de primeros auxilios, entre otros, pueden ser aspectos que la sociedad y su organización puede atender. 

Debe haber una comprensión de este aspecto de la organización de base. Es la hora de la organización comunitaria. Así como vemos en los barrios y en las urbanizaciones un espíritu unitario y democrático para afrontar esta pandemia, es pertinente que la amplitud política en la dirigencia opositora aparezca como un aspecto que va a coadyuvar a que estemos en mejores condiciones de retomar la lucha por la democracia, una vez sea superada la emergencia sanitaria. Hacemos un llamado para que pongamos en primer plano el interés nacional, el interés de las mayorías. 

Es hora en que debemos propiciar la ayuda humanitaria, aun cuando eso pase por entendimientos entre los factores políticos institucionales legítimos y de la usurpación. Alcanzar el auxilio es vital para atender la pandemia, dadas las limitaciones en áreas capitales como la salud, alimentación, transporte, entre otras.

Por último, hacemos un llamado a todos los venezolanos, independientemente de la posición social y política que tengan, a cumplir con las recomendaciones que los expertos mundiales han planteado. Conocer de las informaciones ofrecidas por los expertos y especialistas y evitar ser eco de las especies que le hacen un flaco servicio al país y al mundo.

 

Comité Político Nacional / 19 de marzo

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