Bandera Roja cumple 51 años este 20 de enero. Más de medio siglo trillando con perseverancia los caminos por hacer de Venezuela una tierra de igualdad social, libertad y progreso. Hemos regado con nuestra sangre, nuestro esfuerzo y nuestro empeño la senda para conquistar el socialismo —que en absoluto nada tiene que ver con lo hecho en las dos últimas décadas en el país— y que tendrá como antesala la democracia popular, peldaño imprescindible para poder liberar a la sociedad de toda forma de explotación del hombre por el hombre. Rescatar la verdadera soberanía e independencia nacional, frente a las apetencias de viejos y nuevos imperialismos, ha sido también un derrotero permanente de nuestros mejores esfuerzos, de similar valor a nuestra defensa del internacionalismo proletario y de todos los trabajadores.

Desde nuestro nacimiento en las montañas de oriente, venimos planteando la creación de una fuerza y una conciencia política y social —en forma de movimiento asambleario, arraigada en la base de la sociedad, en el pueblo llano— que permita un salto cualitativo en el ejercicio de la democracia y de los derechos sociales, económicos y políticos. Luego de dos décadas de la estafa llamada “socialismo del siglo xxi”, una enorme vigencia tiene esta búsqueda para enfrentar exitosamente a la dictadura, derrocarla y, con más importancia aún, reconstruir nuestra patria.

2021 es el año en que la unidad y la rebelión nos conducirán a la victoria frente a la camarilla delincuencial que nos gobierna. Cuatro de cada cinco venezolanos ansiamos ese cambio. El régimen ya nada tiene que ofrecer a nuestro pueblo y a nuestro país, que no sea más miseria, hambre, ruina, y una mayor dependencia y sumisión a los dictados del imperialismo, y en particular al bloque liderado por China y Rusia, mediante la subasta que se hace de la República y sus riquezas.

La persistencia de Maduro y su camarilla, usurpando la administración del Estado —pese a las masivas y esplendorosas acciones de rebeldía, desprendimiento y arrojo del pueblo en repetidos años—, es motivo de tristeza, desaliento e incertidumbre… Pero, a la vez y en mayor medida, el deseo de cambio aumenta y la disposición a apoyar y contribuir con el desalojo de los usurpadores está presente en el corazón de nuestro pueblo. Muestras de esta disposición la hallamos en todos los rincones del país y en todos los sectores sociales: unir organizadamente este caudal de voluntades y encaminarlo acertadamente es tarea urgente del liderazgo opositor. Tanto el rechazo mostrado por los electores el 6-D como el apoyo popular recibido en la Consulta del 12-D indican que el camino es la lucha sostenida, articulada y multiforme por desplazar la dictadura, para posibilitar unas elecciones libres y transparentes, como paso imprescindible para restituir el valor del voto como clara voluntad de un pueblo.

Definir con claridad una estrategia general, otra exigencia apremiante, permitirá que todos los diversos esfuerzos y luchas —pequeñas, espontáneas, parciales, locales, reivindicativas y de supervivencia—, en distintos terrenos y espacios —a lo interno, con iglesias, con miembros de instituciones militares y policiales, con aliados e instituciones internacionales—, vayan en la dirección de socavar los apoyos que sostienen la dictadura y dar un curso franco a la triunfante rebelión democrática. Una estrategia general, con sustento en los artículos 230, 330 y 350 de la Constitución, podrá disponer de variadas estrategias particulares y distintas tácticas concretas, y responder acertada y concretamente a las maniobras y distracciones que adelante el régimen madurista. Todo ello requiere de una dirección política unitaria, compacta, eficaz y oportuna, que pueda potenciar todos los esfuerzos y conjugar las diversas acciones.

Para construir la victoria frente a los opresores, hay que cambiar… Debemos desterrar los errores en la conducción de tan magnífica fuerza social, hay que abrir paso a un nuevo y verdadero compromiso unitario, desechando actitudes sectarias, excluyentes y hegemonicistas. Todos somos necesarios para que la gesta libertaria triunfe más temprano que tarde. La unidad es algo vital para obtener el triunfo y debe estar asentada en un compromiso con la democracia, con el pueblo y con la libertad. Pretender cabalgar sobre ese tan ansiado deseo de cambio con aspiraciones personalistas, partidistas o exclusivas, sería marcar una derrota antes de continuar la contienda, más aún si se le añaden acusaciones de negociados y ausencia de ética en el manejo de bienes nacionales. La lucha contra la corrupción debe darse en todos los terrenos y desde ya.

Hay que cambiar la manera de hacer política. Los partidos se han divorciado de la vivencia diaria del pueblo y le han superpuesto sus ambiciones propias, sus aspiraciones particulares, para servirse de la política y no para ayudar al pueblo con una verdadera vocación de servicio. La política no puede seguir siendo un espectáculo, un show para medir quiénes aparecen más mediáticamente, eludiendo la necesidad de construir una militancia organizada y estrechamente vinculada con las necesidades de la población, de fundamentar unas ideas programáticas, de recrear un fructífero debate sobre ideologías y escuelas del pensamiento, de elevar el conocimiento sobre la realidad que buscamos cambiar y de adecentar el quehacer político separándolo de tantas perversidades que lo han corrompido y mercenarizado. En fin, debemos convertir a nuestros partidos en instrumentos útiles y capaces de afrontar la compleja situación que atravesamos, y de ser ejemplo de la sociedad que deseamos edificar.

Hay que cambiar la forma de conducir gremios, sindicatos, centros estudiantiles, consejos y otras organizaciones comunitarias, asociaciones campesinas, para el logro de sus reivindicaciones. Debe entenderse que la conquista de salarios dignos con real poder adquisitivo, de una educación científica, popular y democrática, de una universidad al servicio de la verdad y de la nación, la pelea por servicios públicos eficientes, por un hábitat limpio y viviendas, por apoyo técnico y crediticio para la producción, todas estas justas, inaplazables e impostergables luchas no tendrán una respuesta cierta y duradera si no están vinculadas con el rescate de la democracia, el restablecimiento de la vigencia de la Constitución y las leyes, y por ende con el fin de la dictadura madurista.

Con el recuerdo de tantos compañeros que en medio siglo ofrendaron su vida en esta lucha por democracia, libertad, igualdad social y socialismo, en Bandera Roja conmemoramos este nuevo aniversario haciendo un llamado al pueblo venezolano a no desmayar en la conquista de un mundo mejor, a no bajar la cabeza ante el terrorismo de Estado que nos reprime y coacciona, a levantar en alto las banderas de la unidad por rescatar a nuestra nación de las garras de las potencias que nos quieren seguir sojuzgando. Solo la sublevación del pueblo oprimido abrirá los cauces para atender en sus raíces la catástrofe que nos dejan más de dos décadas de retroceso, engaño y oprobio.

 

¡Viva la libertad! ¡Viva el pueblo venezolano!

¡Vivan los trabajadores! ¡Viva Bandera Roja!

¡Unidad y rebelión hasta la victoria!

Dirección Nacional

Bandera Roja (resistencia)

20 de enero de 2021

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