Resulta necesario decir algunas cosas acerca de la economía venezolana de 2020. No se trata solamente de las circunstancias que vivirá el pueblo en este nuevo año ubicando su antecedente inmediato, sino del debate que subyace entre quienes buscan la salida de la dictadura chavista de Maduro.

Dejamos atrás un año cronológico, pero nos traemos todos sus problemas. También la orientación liberal de 2020 -heredada desde 1989- prevalecerá en el nuevo ejercicio.

La crisis general de la sociedad venezolana se profundizó con la pandemia. Con todo y que hemos sido afectados en menor medida que otros países. Desconocidas las razones por las cuales esto es así, lo cierto es que puede haber ayudado el hecho de que ya había condiciones y tradición en la materia. La tragedia en el sistema eléctrico nos dejó en cuarentena un tiempo largo. La escasez de efectivo y los bajos salarios, la falta de agua, gas, mala calidad y escasez de transporte público, dejan a mucha gente en sus casas. La crisis hospitalaria y las carencias de todo orden en los hospitales y los centros de atención primaria de la salud, con todo y que se han visto rebasadas, no han llevado a una crisis como la prevista.

Pero la pandemia contribuyó de manera importante en la profundización de la crisis económica y social. El indicador más general, el producto interno bruto (PIB), muestra un nuevo retroceso, pero más pronunciado aún, dado que la pandemia se convirtió en un peso mayor que aumentó el nuevo descenso. La caída, en promedio, se calcula ya superior a 70% desde 2014. Solo la de 2020 en 20% en relación con el año precedente. Se calcula que ya está por encima de 80% la caída en relación con 2013.

La hiperinflación (alrededor de 4.000%), causa de los mayores estragos en la gente y la economía nacional, ha sido una constante durante 2020. Nada ha hecho la dictadura en este período por atenderla. Por el contrario, la combina con la dolarización para acabar, en términos reales, con el salario de los trabajadores públicos. Ya Maduro reiteró la ampliación del uso del signo monetario estadounidense. Afirmó que es una gran ventaja el manejo de la divisa: “Inclusive vamos a crear algunos formatos de pago en moneda digital, con cuenta de ahorro en divisas en la banca venezolana. Se están autorizando las cuentas de ahorro y las cuentas corrientes en divisas, y la gente podrá pagar al precio de la moneda en bolívares en el mercado general en el país”.

La destrucción o desaparición del salario de buena parte de los empleados públicos lleva a cumplir con un sueño de los liberales cavernícolas: la minimización del aparato de Estado. Son muchos los trabajadores del sector público que dejan sus puestos de trabajo para dedicarse a labores que les permitan hacerse de ingresos para medio subsistir.

Una de las cuestiones paradójicas que deja 2020 es que se afianza la tendencia de que el salario del trabajador productivo, de la empresa o por cuenta propia, se establece por la vía de la oferta y la demanda. El trabajador por cuenta propia, por oficio o ejercicio libre de la profesión, puede hacerse de ingresos que superan los 600 dólares. Se trate de un mecánico automotor, un plomero, o un médico, el ingreso va a ser muy superior al de un profesor titular de una universidad pública, que ronda los 12 dólares. En la empresa privada el salario va a promediar los 120 dólares mensuales, o 30 semanales.

De tal manera que la dolarización, que va en correspondencia con el valor de las mercancías, va a favorecer en general a los dueños de los medios de producción, sobre todo a los que han alcanzado centralizar capitales de manera importante. Con todo, el poder adquisitivo del dólar (ppa) también va a descender al punto de que se necesitan al menos dos dólares para alcanzar el que ostentaba un dólar hace un año.

Las mercancías van a colocarse en precios con base en su valor, fluctuando, como es natural, a partir de la fuerza de la oferta y la demanda. Eso les permite a los capitalistas obtener ganancias con base en una elevada plusvalía, dada la baratura de la fuerza de trabajo. De esta manera los dueños de los medios de producción están en libertad de explotar a los obreros casi a su gusto. Que las ganancias no sean más elevadas obedece a que la capacidad de demanda social es muy limitada. Solamente quienes cuentan con un elevado poder adquisitivo en dólares pueden hacerse de los bienes que se requieren para vivir. Los bienes suntuarios encuentran aún más limitaciones. Así, la producción se ajusta a la reducida capacidad de demanda.

Sin embargo, la economía venezolana encuentra su aspecto de mayor significación en el afianzamiento del papel del país en la división internacional del trabajo en torno de China, como peón al servicio de los planes del gigante asiático. Sin contar con estadística oficial alguna, la minería ha seguido incrementando su papel en la economía.

Esto explica lo dicho por Luis Jesús Bello: “Mientras en Amazonas se paralizaron buena parte de las actividades por la pandemia, la minería no se suspendió y todos los corredores por donde entran los mineros estaban activos. La actividad minera no solo continuó, sino que en algunos lugares se agudizó”. Bello es director operacional y de apoyo a las organizaciones indígenas del Grupo de Trabajo Socioambiental de la Amazonía Wataniba.

A su vez, la dependencia de Venezuela del bloque liderado por China (BRICS) es cada vez mayor. Además de la minería, la orientación ha estado clara en materia de inversiones indirectas. Por ello, la deuda con China ascendió a 67.000 millones de dólares. Descendió por debajo de los 20.000 millones, luego de lo cual no se conocen cifras oficiales. Rusia, por su parte, es un acreedor de último recurso; el gobierno ruso y la petrolera Rosneft han proporcionando alrededor de 17.000 millones de dólares en préstamos y líneas de crédito desde 2006. Deuda que, pese a que ha caído de manera significativa, sigue comprometiendo buena parte de los ingresos púbicos.

Maduro expresa esta actitud cipaya y de sumisión con orgullo y falsa prepotencia, en declaraciones dadas a Ignacio Ramonet, intelectual tarifado del régimen, cuando afirma: “… a los tenedores de deuda, por compromisos de la República, les pagamos en el período 2014-17 más de 76.000 millones de dólares. Y con el comandante Chávez, en el período 2010-2013, se llegó a pagar hasta 56.000 millones de dólares… 76.000 más 56.000 son 132.000 millones de dólares que pagamos del 2010 al 2017 hasta que llegó Trump. Esas eran las ganancias de los inversionistas financieros”. Buena parte de esa deuda la contrajo con China. Algo con Rusia.

Es de esperarse la continuidad de esta política de endeudamiento para 2021. Ambas potencias son las más interesadas en la minería que se desarrolla en el país, ya que, además de ser ésta la garantía de pago, permite la obtención de recursos estratégicos fundamentales en esta etapa de la revolución científico tecnológica.

Estos nexos de dependencia limitan las posibilidades de recuperación de la economía, pues la condicionan a intereses foráneos. De allí la defensa que hacen de Venezuela frente a otros imperialismos, amarrándola firmemente a sus perspectivas.

Esas son las perspectivas de Venezuela para 2021, de no darse el desalojo de la dictadura.

El debate

Según sea la perspectiva de la que se parta, en el análisis de la circunstancia económica venezolana, será el tipo de salida que se proponga. Esto es, el análisis que se hace de la situación de la economía venezolana, de sus orígenes y causas, va a plantear una salida en consonancia. Por ejemplo, la tendencia dominante -la de los liberales y monetaristas- es que todo el asunto se resuelve con base en políticas monetarias restrictivas del gasto y unificando el tipo de cambio. Y, además, sobre endeudando el país y privatizando las empresas del Estado, comenzando por PDVSA. Sin percatarse de que sería más de lo mismo de lo que han venido haciendo los chavistas. Más aún, de lo que se ha hecho desde 1989, cuando se echan las bases de la tragedia.

El pensamiento económico dominante -por aquello de que “las ideas dominantes son las de las clases dominantes”- parte de las consideraciones metafísicas de que las leyes naturales de la economía se encuentran a partir de un espíritu humano abstracto, egoísta. Además, hay que dejarlas fluir para que se cumpla una propensión a la administración de los recursos escasos con base en el interés particular.

A partir de allí se desarrolla toda una lógica para la definición de la política económica que parece no contar con la evidencia empírica. En cada caso se obvia, desde esta perspectiva, los resultados concretos. Por lo regular, en vista de que no se han cumplido las predicciones, se ratifica aquella definición de un economista: “… es un experto que sabrá mañana porqué las cosas que predijo ayer no sucedieron hoy”.

Sin embargo, habida cuenta de los cambios que se produjeron en el mundo capitalista en estos últimos años, renacen ideas “enterradas” que se corresponden con las necesidades del capital para abrirse paso en la lucha por mercados hasta alcanzar una mayor competitividad. Los países que acunaron el liberalismo remozado en la década de los 70, son los mismos que ahora buscan revivir el proteccionismo para recuperar el desarrollo de sus economías.

Inglaterra, ya fuera de la Unión Europea, y Estados Unidos rompen los mercados comunes y adelantan una ofensiva para hacer de sus mercados interiores cotos en los que se deberá consumir sus propios productos, muchas veces menos competitivos que los de la competencia. Y continuar hasta alcanzar nuevamente la competitividad y recuperar mercados. Es el eterno retorno de las economías desarrolladas con sentido nacional o imperialista. Cosas difíciles de ser comprendidas por las mentes cerradas y ortodoxas de los economistas. Aunque seguramente, en la medida en que vayan apareciendo las “voces autorizadas” desde las naciones desarrolladas, se irán adecuando a las “nuevas ideas”.

Ya comienzan a oírse las voces de noveles personalidades en el mundo del pensamiento económico. En esencia, reivindican el papel del Estado en la economía, niegan que sea la iniciativa privada la fuente del desarrollo y rescatan el proyecto nacional. De allí que sea Corea del Sur la referencia que destacan como ejemplo claro de sus ideas, con todo y que obvian la escala de sobreexplotación realizada en ese país para alcanzar el desarrollo, revolución industrial mediante.

En Venezuela podemos alcanzar esa meta histórica, sin necesidad de estrujar el sudor y la sangre de los obreros. Dependerá de quiénes dirijan la República. Y es que la superación de la crisis venezolana, que pasa por el desalojo del chavismo del poder, requiere de una política económica de carácter nacional y popular. No hacerlo motivará una respuesta radical de la sociedad, ya cansada de una agonía de décadas.

Publicado en El Pitazo

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