Humo blanco. Habemus unidad. Difícil que se logre. Se busca repetir la experiencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), según voceros de una eventual nueva instancia unitaria. No sabemos de qué etapa hablan, ya que la MUD tuvo, al menos, dos. La segunda fue desalentadora. Si pretenden repetir esa, que la llevó a su extinción, el resultado no será muy distinto.

Por lo visto, esa unidad censitaria difícilmente pueda conducir a cosas buenas a la oposición. Ya lo dictó la experiencia. Dificultoso hablar de este aspecto: eso de los “partidos grandes”. Los de mayor capacidad financiera. Lo que les permite mayor difusión de sus siglas y figuras, y contar con más gente relativamente organizada. Ubiquemos que no se ha participado en elección nacional alguna. Luego, determinar su fortaleza, de los 4, en relación con los otros, no es muy clara.

Partiendo de esta consideración, estos 4 son los que tendrán la facultad para decidir por encima de los demás, ya que ellos son los “grandes”. Así, se configurará, más que una dirección política, una de socios mayoritarios. Entre ellos, a su vez, tendrán la limitación de que habría derecho a veto. Por lo que las decisiones deberán ser tomadas por unanimidad. De los 4, claro. Todo lo cual retrasa la toma de decisiones. Eso no luce ni democrático ni eficaz.

Las definiciones acerca de la estrategia, táctica, formas de lucha, entre otros asuntos, parecen no estar presentes en el debate. Mucho menos el análisis acerca de la situación política, donde la cuestión social debería ser de primer orden, dadas las condiciones de pobreza de las mayorías.

¿Qué, pintarán los partidos pequeños? Seguramente aprobar lo que decidan los grandes. Eso le resta atractivo a una “nueva” instancia “unitaria”.

Otro problema que tienen los 4, es que no hallan cómo meter a la llamada sociedad civil. Los sindicatos y gremios, estudiantiles, de profesionales, organizaciones naturales en los barrios y urbanizaciones, entre otras instancias, deben tener una representación. Pero, ¿cómo definirla? ¿Cómo establecerla? Con poco peso en la toma de decisiones, no brinda entusiasmo tampoco.

Sumemos que la principal preocupación de los 4 es la cuestión electoral en torno de la cual se devanan sus pensamientos.

La unidad, contrario a lo que buscan los 4, debe permitir la mayor confluencia posible. El hegemonismo no deja nada bueno. La realización de esta expresión extrema del sectarismo, termina por minar el espíritu unitario que demanda el pueblo venezolano.

De mantenerse esta perspectiva, a la unidad opositora le esperan episodios nada edificantes, e incapaces de conquistar la confianza de la gente.

Mientras, la dictadura, sin apoyo popular alguno, sigue en pie. Maltrecha pero sostenida por la fuerza armada, la represión y la capacidad disuasiva de chinos y rusos.

Mientras, las mayorías nacionales, en medio de grandes calamidades, espera una dirección política seria para derrocar la dictadura y edificar un nuevo orden.

La estrategia

Mucho tiempo tiene la perspectiva política unitaria sin formular una estrategia. Un objetivo y un camino estratégico claro. Otra de las deudas. En reunión sostenida en la Universidad Católica Andrés Bello hace ya más de tres años, se alcanzó una idea que pudo haber servicio para esos efectos. Mucho se discutió la redacción de esa conclusión. El objetivo: la superación de la dictadura de manera constitucional. Eufemismo que buscaba establecer que el camino suponía la rebelión popular, principio universal alcanzado desde el origen de la democracia burguesa.

La toma de La Bastilla en 1789, marca el inicio de la más emblemática de las revoluciones burguesas. Nada pacífica fue ese gran hito histórico. De allí, se convierte en un derecho de todas las sociedades. Alcanza rango constitucional en la Carta Magna Francesa de 1793, en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, estableciendo en su artículo 35: “Cuando el gobierno viole los derechos del pueblo, la insurrección es, para el pueblo y para cada porción del pueblo, el más sagrado de los derechos y el más indispensable de los deberes”. Sus antecedentes teóricos los encontramos en John Locke, un siglo antes, cuando afirma que la rebelión debe producirse cuando “una larga cadena de acciones” evidencia que un gobierno devino en una tiranía.

El derecho a la rebelión ha sido asumido por muchos de los íconos que usa el chavismo para propagar su estafa. La revolución cubana, por ejemplo, fue un ejercicio claro al respecto, independientemente de que se esté de acuerdo o no en su desarrollo.

De mantenerse esta perspectiva, a la unidad opositora le esperan episodios nada edificantes, e incapaces de conquistar la confianza de la gente. Mientras, la dictadura, sin apoyo popular alguno, sigue en pie.

Mucho de eso encontramos en el artículo 350 de la Constitución vigente, que establece que: “El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos”. En el mismo sentido se orienta el artículo 333, que indica el deber de “todo ciudadano investido o no de autoridad, de colaborar en el restablecimiento de la efectiva vigencia de la Constitución”, si la misma perdiera “su vigencia o dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella”.

La dictadura chavista encabezada por Maduro, ha dado muestras claras de estar de espaldas a muchos aspectos constitucionales. Siendo uno de ellos haber cerrado la vía electoral. Sumado a la más flagrante violación de los derechos humanos. Destaca el despojo del salario de los empleados públicos. Propiciar el hambre y la miseria. Practicar la tortura como principal mecanismo para frenar la respuesta popular y obtener información y delaciones de opositores. La entrega de la soberanía nacional a potencias extranjeras. Son muchos los aspectos que hacen legítimo el recurso formulado por Locke en la década de los 80 del siglo XVII. Antes que nada, a eso debe dar respuesta la unidad democrática.

Programa e ideas de un futuro mejor para las mayorías

Tampoco existe un programa articulador de la unidad. Lo que se ha presentado como plan país, antinacional y desfasado hasta en materia petrolera, en vez de unir, confronta a quienes buscan integrar política y socialmente el frente unitario.

Vivimos tiempos en los cuales el sentido nacional debe ser reivindicado. Sobre todo, a propósito de la llamada ley antibloqueo, estamos obligados a colocar en el tapete la urgencia de luchar por la soberanía y contra la entrega servil de nuestras riquezas a capitales depredadores para garantizar aliados “defensores” para sostenerse en el poder.

Se debe levantar un programa que apuntale del desarrollo, el rescate de la soberanía nacional. Una nueva democracia basada en las asambleas de ciudadanos.

Frente a las terribles condiciones que viven las mayorías, el mensaje popular debe ser claro, en el sentido de que el cambio será en su favor. El salario se ubicará en torno de lo contemplado en la constitución, ajustarse a la canasta básica.

A falta de un programa alternativo de carácter nacional y popular, que es lo que demanda la sociedad venezolana, al menos se debe levantar una propuesta mínima similar a la contemplada por quienes asumieron la unidad en 1957 para unir a quienes buscaban derrocar la dictadura perezjimenista: libertades democráticas, elecciones libres, libertad de los presos políticos y el regreso de los exiliados.

La política, la fundamentación en torno de la caracterización del momento actual, a partir de allí, la definición de la estrategia y la táctica y la formulación de un programa alternativo nacional y popular, deben ser la base a partir de la cual se debe erigir una nueva unidad. Y el método debe ser el dialéctico, entendido como el arte de persuadir, debatir y razonar ideas diferentes, a partir de lo cual podamos hacer una síntesis que nos unifique a todos y que se alcance una unidad de las voluntades disímiles en lo ideológico.

Son estas las cuestiones que debe atender la oposición venezolana. Hay que ganar tiempo. Producir políticas más eficaces para derrocar la dictadura. Las luchas de los trabajadores, entre las que destaca la que libran los trabajadores de Sidor, deben ser privilegiadas por quienes buscan liderar el descontento y convertirlo en una poderosa fuerza al servicio de la estrategia rebelde. El hambre de la gente no puede seguir esperando.

Publicado en El Pitazo, 22/02/2021

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