Cuando de agresiones y abusos contra los niños, niñas y adolescentes (NNA) se trata, el poder no se mueve debajo de las mesas. Lo hace a diestra y siniestra, a la vista de todos. El poder, en este caso, es en doble vía. Es el poder de la Iglesia y el poder del Estado. Ambos acuerdan para salir airosos de la justicia, sin importar las consecuencias que dejan en las infancias y sus familias.

La investigación de Ana Vanesa Herrero para The Washington Post, publicado recientemente, es una oportunidad para poner la mirada en el asunto y limitar la agresión sexual de sacerdotes a NNA de la feligresía. Pero más aún, para que miremos cómo se mueve el poder en una sociedad en la que lo principal es dominar, oprimir y explotar a los otros, los desprovistos, los de abajo.

La Iglesia tiene tanto poder en el país, que es mediadora entre Gobierno y Oposición. Aunque pudiéramos pensar que el Gobierno se la tiene jurada a la Iglesia, entre poderosos se lavan las manos.

La mirada y la revisión de estas situaciones deben incluir a todas las iglesias y religiones, porque en todas hay historias de abuso sexual (AS) y los NNA son las principales víctimas. La agresión contra los NNA tiene como primer componente la desigualdad de edad, que le da poder a los que más grandes sobre los más pequeños. Y en estos casos es un poder social, que tienen las religiones en sus creyentes.

La investigación de The Washington Post, más que mostrar que en la Iglesia hay pederastas, saca a la luz la injusticia y flexibilización legal, permitiendo que los abusadores sexuales estén libres para seguir abusando. El AS es de las agresiones más dañina y lesiva, cuesta mucho superarla, más si no hay protección ni justicia; una responsabilidad del Estado como garante de los DDHH.

Del Spotligh de The Boston Globe al #ChurchToo de Emily Joy y más

El AS en la Iglesia católica tiene una larga historia. La publicación en 1741 de la constitución apostólica Sacramentum Poenitentiae para prevenir el AS en la Iglesia es muestra de que hace 280 años ya se cometía AS con el manto protector de Dios.

En 2002 el diario The Boston Globe sacó a la luz denuncias de los años 80´y 90´ sobre AS en la Iglesia de Massachusetts, que la Arquidiócesis de Boston escondió y resolvió cambiando a los curas de sedes o dándoles de baja por enfermedad. La acción de la unidad de investigación más antigua de EEUU denominada Spotlight, les permitió ganar un Pulitzer y en 2015 la historia se hizo película y ganó dos Premios Óscar. Esa investigación determinó que 6% de los sacerdotes de la zona estaban denunciados de AS contra NNA. El medio de comunicación abrió una línea de denuncia que no paró de recibir testimonios de víctimas, incluso de Colombia, México, España y Chile.

En 2017, con el #MeToo, Emily Joy en conjunto con la escritora Hannah Paasch lanzaron el #ChurchToo denunciando que en la Iglesia también había AS. Emily de 16 fue seducida por un pastor de la iglesia evangélica de EEUU, que le doblaba en edad. El pastor fue transferido a otra localidad.

En Irlanda, hay al menos 280 sacerdotes identificados abusadores y 70.000 víctimas. En Europa hay 11.200 sacerdotes abusadores de al menos 2.800.000 víctimas. Francia supone el mayor hito con 216.000 víctimas y 3.000 sacerdotes acusados. En EEUU, una investigación identificó 1.000 NNA víctimas y 300 curas victimarios. En España la Iglesia se niega a investigar y el Estado actúa igual. El periódico El País abrió un correo electrónico para recibir denuncias sobre AS en la iglesia y ha sistematizado 251 casos que entregó al Papa en 2021.

En Latinoamérica no es muy diferente, se inicia con Chile y el caso de Fernando Karadima (2011), en 2021, hay una 327 investigaciones, 375 acusados y 629 víctimas (399 son NNA). La ONG británica Child Rights International Network registró en México 550 presuntos abusos; en Colombia 137, y en Argentina 129.

¿Qué pasa en Venezuela?

Aquí no hay investigaciones específicas, pero si hay casos. Lamentablemente solo se conocen cuando los casos llegan a medios de comunicación. En los reportes de Redhnna sobre derechos de NNA, hemos encontrado denuncias con victimarios sacerdotes de la Iglesia Católica, Pastores evangélicos e incluso AS en eventos de santería.

En 2020, la muerte del sacerdote de Táchira y el adolescente que confesó que lo mató tras haber sido abusado por él y amenazado con agredir a su hermano de 10 años, también puso a la luz que cinco años antes el mismo cura había cometido AS y la acción de la Iglesia internamente no fue eficiente para frenar el daño que estaba causando.

Urge una investigación concreta sobre AS en la Iglesia, que sistematice víctimas, victimarios, procesos internos de la Iglesia y cómo actúa la justicia frente a estos casos, en el que la impunidad y el retraso procesal es una constante intrínseca y más cuando están involucradas las religiones.

Pero también se debe promover obligatoria protección de las víctimas, seguridad y contención en el acceso a la justicia, que no sean amenazadas para frenar las denuncias, frente a dos instituciones tan poderosas, como el Estado y la Iglesia, que al parecer trabajan juntas para proteger a los agresores y no a las víctimas.

Tomado de El Pitazo

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