Son muy diversas las ideas erróneas que se reproducen en la organización revolucionaria, pero todas siempre son un reflejo de la ideología burguesa en general. De allí que en la historia del movimiento comunista encontremos polémicas y análisis de muchas de estas cuestiones a lo cual no escapa el problema del sectarismo. Si bien es cierto esta posición errónea no resume una postura teórica concreta, sino que se convierte más bien en una práctica y estructura mental que tiene derivaciones políticas, también es cierto que detrás de ella se esconden posiciones de carácter ideológico, filosófico, político y organizativo que es necesario desentrañar para atacarla en su justa dimensión. 

Así, por sus consecuencias hay que atender esta circunstancia de manera radical lo cual implica ubicar, ante todo, sus aspectos generales y, a partir de allí, establecer sus realizaciones específicas como tendencia dentro de la organización revolucionaria. No se trata de abordar las cuestiones empíricas de manera aislada. Más aun, no se trata siquiera de plasmar las cuestiones empíricas dentro de nuestro partido, se trata, más bien, de determinar su génesis en sentido ideológico y filosófico, al menos eso es lo fundamental y, de allí, generalizar la manera como se realiza en el terreno interno. Ello permitirá identificar dónde se realiza esta práctica, a todas luces, ajena a la conducta proletaria, inspirada por una concepción irracionalista, inscrita dentro del idealismo y la metafísica. 

El espíritu sectario dentro del partido revolucionario tiene un origen específico, esto es, obedece a determinaciones históricas concretas de cada partido. Sin embargo, existen determinaciones generales presentes en todos los casos. Mientras existan las actuales condiciones históricas, la lucha de clases en general, habrá un terreno fértil para su reproducción. Ahora bien, no se trata de analizar su génesis dentro del Partido de manera específica, sino de establecer precisamente su articulación con las determinaciones generales que le dan cuerpo. 

El sectarismo se origina en primera instancia, como hemos afirmado, por la pervivencia dentro del partido de elementos contrarios a la ideología proletaria. Ahora bien, el origen del sectarismo en el movimiento obrero es tan viejo como él. La idea es plasmar el origen real del sectarismo, desde el punto de vista marxista, establecer de manera precisa su realización en el terreno interno u organizativo y reivindicar el espíritu de partido, una de cuyas características es el enfrentamiento a toda suerte de subjetivismo y metafísica. Así, trataremos de considerar algunas cuestiones del sectarismo en términos genéricos para, a partir de allí, ubicar su realización, de manera concreta, en la vida de los partidos revolucionarios. Brindando también las herramientas más importantes para su combate. 

Aspectos filosóficos del sectarismo 

Siendo una expresión concreta del idealismo, el sectarismo presente en el movimiento comunista y revolucionario en las condiciones actuales es una tendencia al restablecimiento de las ideas primitivas, un tanto irracionales, que desarrollaron sectores proletarios para hacerse de organizaciones capaces de enfrentar la ofensiva del capital y plantearse la transformación social. Así, en general, el sectarismo es una expresión de ideas arcaicas, por lo que merece la más radical crítica por parte de los comunistas en cualquier momento y circunstancia, así como el socialismo en su primera etapa, idealista, utópico y sectario, motivó la crítica de Marx y Engels a sus posturas. Todo ello se resume en la afirmación que hiciera Marx en el sentido de que:  

 “La Internacional se fundó para reemplazar las sectas socialistas o semisocialistas por una verdadera organización de lucha de la clase obrera (…) la Internacional no hubiera podido afirmarse si el espíritu de secta no hubiese sido ya aplastado por la marcha de la historia. El desarrollo del sectarismo socialista y el desarrollo del movimiento obrero real se encuentran siempre en proporción inversa. Las sectas están justificadas (históricamente) mientras la clase obrera aún no ha madurado para un movimiento histórico independiente. Pero en cuanto ha alcanzado esa madurez, todas las sectas se hacen esencialmente reaccionarias. Por cierto, en la historia de la Internacional se ha repetido lo que la historia general nos muestra en todas partes. Lo caduco tiende a restablecerse y a mantener sus posiciones dentro de las formas recién alcanzadas. 

La historia de la Internacional también ha sido una lucha continua del Consejo General contra las sectas y los experimentos de diletantes que tendían a echar raíces en la Internacional contra el verdadero movimiento de la clase obrera.”1 

Desde allí en adelante el movimiento comunista siempre ha debido enfrentar, entre otras corrientes reaccionarias, las distintas manifestaciones de sectarismo, cuya raíz siempre está articulada, en cualquiera de sus expresiones, al idealismo, más específicamente, a una de sus manifestaciones: el subjetivismo; una veces producto de un desarrollo espontáneo, que encuentra asidero cuando existen limitaciones teóricas, otras veces como resultado de expresiones conscientes de la ideología burguesa dentro del Partido. En cualquier caso, se trata de una corriente que, por su cortedad de miras, tiende a reducir la actividad revolucionaria a una suerte de práctica cuasirreligiosa, inspirada por un marcado eticismo, lleno de ideas y códigos ajenos al pensamiento progresista, dando paso al estímulo de sentimientos subalternos y a conductas políticas pragmáticas. En tal sentido resulta emblemática la afirmación que formulara la «Enciclopedia moderna», diccionario publicado por el Establecimiento tipográfico de Mellado, de Madrid, en 1852, citado por José M. Laso Prieto en su artículo “Espíritu de partido”, cuando, confundiendo espíritu de partido con el sectarismo que imperaba en las organizaciones políticas en general, hacía una definición extraordinariamente negativa de éste, al afirmar que: 

 “… constituye la negación intermitente de la razón humana y la pasión que deja más libertad al odio y mayor seguridad para hacer daño. Asimismo, es calificado de demencia, ya que elimina todo remordimiento de sus detentadores y que, además, produce un trastorno psíquico entre sus seguidores que les lleva a convencerse de que sus acciones perversas son dignas de que se las considere propias de quienes actúan impulsados por el deber y el heroísmo. Asimismo, se imputa, a las personas así motivadas (…), carecer de convicciones propias, ya que su carácter e individualidad desaparecen al quedar enajenados por su partidismo.”2 

El marxismo brinda una perspectiva distinta, científica y verdaderamente revolucionaria. Dota al movimiento obrero de las herramientas teóricas para comprender la sociedad y para transformarla, por lo que asume la organización de vanguardia como una comunidad integrada por hombres conscientes cuya unidad se funda en criterios de elevado contenido científico y un sentido humanista basado en el respeto a la dignidad del hombre. De allí se desprende una ética cuyo sustento son los intereses del proletariado, propugnando sentimientos de hondo contenido altruista. 

Ahora bien, en las condiciones actuales, conociendo los desarrollos del marxismo en sus diversos aspectos, podemos afirmar que el sectarismo es una de las maneras como penetra la ideología burguesa las filas partidistas. El espíritu de secta, de círculo, más ampliamente difundido, el sectarismo, no atiende bajo la óptica marxista los asuntos de la revolución, los intereses del proletariado y, por ende, los intereses del partido 

Es por ello que el sectarismo se guía por el privilegio que brinda a las cuestiones subalternas que representan intereses propios de la secta, o bien los intereses de determinado sector, por encima de los intereses del partido. Es así como, aun tratándose de asuntos que atañen a los principios o de carácter teórico, fundamentales en el partido revolucionario, la posición sectaria jerarquiza sus cuestiones subalternas, no es reflexivo, sino por el contrario busca argumentos en función de insistir en sus asuntos, “de primer orden” en relación con los que se deben atenderEste fundamento del sectarismo, entre otros, lo conduce a ser una tendencia de poco vuelo teórico y filosófico, en sentido doctrinario. Por tanto, realiza una práctica que se articula a planteamientos filosóficos generales, muchas veces no imbricados ni coherentes. Por lo que, en tendencia, el sectarismo se nutre de determinados desarrollos en el campo filosófico, de acuerdo con el espacio en el cual se realice y con su grado de maduración. 

De allí que, cuando indicamos la naturaleza de clase del sectarismo, debemos de igual manera ubicar sus raigambres filosóficas en el contexto histórico actual, las cuales existen independientemente del grado de conciencia  que se tenga en este respecto. Mucha gente aborda cuestiones que atañen a la relación entre el ser y la conciencia sin percatarse de que implica, cualquier postura en esta problemática, una posición filosófica, con cultura o sin ella. En estos asuntos sucede igual. Mucha gente no ubica la base filosófica del tipo de relaciones que establece, por carecer de la información o la cultura del caso, pero ello no obsta para que tal o cual postura sea vinculante, en efecto, con determinada base filosófica.  

Es evidente que hay una relación estrecha entre el desarrollo y realización del sectarismo con posiciones propias del pensamiento irracional. Tendencialmente hablando, la unidad e identidades que se establecen cuando impera el espíritu sectario, en lo fundamental y sustantivo, no aluden a los problemas de fondo de la revolución, de la cultura proletaria, entre otros aspectos. En primera instancia estas últimas cuestiones forman parte de las identidades generales para vincularse a la revolución. Pero no resumen la totalidad de los elementos que motivan simpatías hacia la organización revolucionaria. Aparte de que muchas veces los sentimientos que nos identifican con la vanguardia no parten de ideas lo suficientemente elaboradas, sino que se despiertan a partir de símbolos o situaciones y coyunturas determinadasCircunstancias que permiten que el espíritu sectario encuentre un buen caldo de cultivo para su desarrollo, y por ello lo va a incentivar, estableciéndose, a partir de allí,  relacionamientos más primitivos, los que se desprenden de determinadas amistades, sembrando arraigos y odios en distintos espacios. De allí que las identidades bien pueden construirse con base en el pragmatismo, en el reconocimiento de un líder o jefe determinado, o a partir de su carisma o relación personal, o cualquier cuestión de carácter estético; si partimos del concepto de estética que hereda el postmodernismo, corriente que recrea el concepto irracionalista de la relación como el resultado de sensaciones y afectos; no el fruto de identificaciones de clase, en lo ideológico, filosófico y cultural, entre otras determinaciones. 

Así, la secta, su espíritu y su realización tienen una base filosófica que, asumida conscientemente o no, se convierte en una fuerza material profundamente reaccionaria. De allí que las sectas siempre sean identificadas como cuerpos cerrados que no admiten mayores disidencias, hasta convertirse en un fin en sí mismo. Lo cual no impide que, en determinadas circunstancias, el espíritu de secta se realice como un referente de gran significación política, pero siempre con base en la exclusión de quienes no lo comparten, más aun de quienes lo adversan. 

Cómo enfrenta el sectarismo la vida interna 

 El sectarismo interno, el que se desarrolla dentro del partido revolucionario, en general, es una manifestación del subjetivismo en el terreno organizativo. Si queremos desechar el subjetivismo y desarrollar el espíritu marxista leninista de buscar la verdad en los hechos, debemos limpiar el partido de los residuos del sectarismo y partir del principio de que los intereses del partido están por encima de los intereses individuales y parciales, lo cual permitirá a nuestro partido alcanzar la unidad y cohesión completas”3  

Con base en el aparte anterior, referido a algunas cuestiones filosóficas que le dan “sustento” a las posiciones sectarias, se va desarrollando un “método”, más aun una lógica de razonamiento que permite analizar cualquier circunstancia bajo una óptica muy particular, que conduce a jerarquizar, por encima de cualquier cuestión los intereses de quienes han entronizado en sus conciencias el sentido sectario. 

De allí que, en primera instancia, las posiciones sectarias en lo interno se expresan en el desarrollo de posiciones de defensa de espacios particulares, y políticas excluyentes de quienes son considerados ajenos a sus intereses. Lo cual explica la imposibilidad de que las caracterizaciones y potencialidades de los cuadros y militantes sean atendidas de manera ecuánime. Estas consideraciones por supuesto tienen una repercusión importante en la valoración que se hace de la gente. Las posibilidades de entendimiento en materia organizativa sólo existen sobre la base de que determinados cuadros sean colocados en posiciones destacadas a partir de la valoración que se hace por su afección hacia el sector que se busca privilegiarOtros cuadros y militantes, por no ser afectos a determinados cuadros o al sector partidista en cuestión, son excluidos de cargos, con base en consideraciones sesgadas a partir del espíritu sectario. En definitiva, no se atiende al principio de que los intereses del partido están por encima de intereses particulares, por lo que la valoración de los cuadros debe de ser lo más objetiva posible, haciendo a un lado toda suerte de prejuicios y atendiendo los intereses de la revolución. 

Por otra parte, el sectarismo conduce a que cualquier cuestión se convierta en un motivo de polémica que permite “derrotar” a quienes se le enfrentan; así, cualquier cuestión es atendida de manera subjetiva, cuya guía es el espíritu de secta. De allí que muchas cuestiones subalternas sean convertidas en asuntos de principios. Debates sobre tareas, jornadas, representaciones, entre otros aspectos que requieren de cierta objetividad, son matizados por la posición sectaria de hacer dominante determinado sector. Mientras, cuestiones importantes bajo el punto de vista teórico, por lo regular, no son atendidas, a menos que ello permita derrotar determinado sector, sector que existe o es inventado, para lo cual se crean argumentos a partir de fundamentaciones muchas veces arbitrarias. Y es que “… entre las características del sectarismo encontramos las siguientes: formalismo en la forma de pensar, falta del sentido de la proporción, indiferencia hacia la realidad objetiva, y discusiones estériles sobre cosas insignificantes en círculos cerrados”4. 

Ahora bien, el espíritu sectario, para desarrollarse y realizarse, requiere de actores. Su origen, si se quiere espontáneo, arrastra a determinadas figuras a cohesionarse, también en forma espontánea, hasta compartir puntos de vista específicos. Dicho de manera más llana, el sectarismo no es una cuestión abstracta, su realización se produce a partir de su entronización en la conciencia de determinadas personalidades. Así, el sectarismo conduce a que, debido al papel de individuos con liderazgo natural en un determinado sector, motiva relaciones de sujeción, de voz de mando más que de conciencia política. Cultura política que va sembrando cierto grado de espíritu de cuerpo, de espíritu irracional. Irracionalidad que supone la realización de una lógica en la cual no tiene porqué estar presente desarrollo teórico alguno, visto en términos positivos. Ello expresa en buena medida aspectos de las ideas posmodernas, corriente filosófica heredera del pensamiento irracional, que propugna relacionamientos con base en la estética Kantiana que supone cuestiones meramente sensoriales, “de piel” para señalar el concepto en boga en el mundo posmo. Es así como el sentido de lealtad es trasladado a quienes se articulan de manera sectaria. No se pide lealtad al partido, lealtad a los principios, a las verdades generales del marxismo y su aplicación a la realidad concreta, lealtad a la conciencia. Se pide, sí, lealtad a una corriente, al espíritu sectario.  

A su vez, esta cultura política conduce a que se desarrollen métodos y estilos en correspondencia, muchas veces expresados en conductas que para nada asoman nobleza ni sentimientos generosos. Lógica y práctica que podemos observar en toda organización de carácter sectario. Así, desde los carbonarios italianos y franceses, estas  organizaciones, aun teniendo muchas de ellas un origen proletario, tienden a realizar de manera “justificada” cuestiones aberrantes bajo el punto de vista humanístico. 

En la historia del movimiento obrero y revolucionario podemos observar que una de las consecuencias de las realizaciones del sectarismo es que busca esconder determinados logros del partido revolucionario, mientras se reconocen los “propios”, lo cual se da dentro de una falta evidente de todo sentido de proporción 

Los aspectos anteriormente enunciados permiten la formación de una corriente que va sustituyendo el espíritu de partido que debe de reinar dentro de la organización revolucionaria. El espíritu de cuerpo, contrario a los principios de racionalidad, castra la libertad de una manera absoluta, convirtiéndose a la postre en un esquema de pensamiento que conduce indefectiblemente a negar cualquier razón. Cuando ve en peligro su “espacio”, cuando lo ve amenazado, o cuando busca su ampliación, se aferra a cualquier argumento, muchas veces inscrito dentro de esquemas construidos sobre bases lógico formales. De allí que es necesario ubicar que bien puede el sectarismo interno convertirse en una fuerza tal que privilegie los “problemas internos” por encima de las cuestiones tácticas, de masa, entre otros. Así, una rivalidad interna, a partir del desarrollo de posiciones sectarias, puede dejar a un lado cuestiones fundamentales del movimiento popular. Toda vez que el sectarismo conduce a considerar al partido como un fin en sí mismo y no como una vanguardia guiada por los intereses de la revolución, uno de cuyos sustentos es la labor de masas. 

De allí es como determina el sectarismo interno a su enemigo. No lo determina por la naturaleza de clase burguesa de los planteamientos formulados por cualquier camarada, o por la falta de rigor científico en sus argumentos, o por tratar de desviar al partido de sus objetivos mediatos e inmediatos. En definitiva, no lo determina por las posturas anticomunistas que asumen algunas personas. No, el sectario determina su enemigo por las posturas que se asumen contra el espíritu de secta y sus espacios orgánicos. Estas cuestiones se expresan principalmente en las cuestiones organizativas, pero también van a tener derivaciones en lo político. 

Lógicamente, la corriente sectaria, partiendo de su base filosófica y de su sentido de clase, forzosamente procura hacerse de planteamientos, no en función de fundamentar las posiciones que atiendan el interés del colectivo partidista, sino en función de enfrentar cualquier disidencia en torno a sus planteamientos y, guiada por la ceguera sectaria, va directo a abrazar posiciones erróneas; aunque muchas veces pueda compartir aspectos fundamentales o no de la política, siempre y cuando no atenten contra lo que considera intereses propios. 

De suyo, el sectarismo, el espíritu sectario, atenta contra la democracia revolucionariaPara el espíritu sectario la democracia y el centralismo democrático se reducen al principio de que la mayoría debe imponerse a la minoría, cuando se hacen mayoría. Por el contrario, buscan desconocer el centralismo democrático y sus principios cuando son minoría. Tendiendo a castrar el espíritu para el logro del consensoSe eliminan los métodos de persuasión y se apelan a “otros”. Así, el criterio de unidad de acción se reduce a quienes asumen la dirección de las iniciativas políticas de cualquier tipo. La sujeción a la dirección, al centralismo democrático y la democracia no está fundada, por tanto, en la creación de conciencia revolucionaria, en el amor a la verdad, sino al líder, al jefe, a la secta. 

Nos hemos referido al sectarismo interno como problema concreto. Lógicamente que existe una dimensión política que va más allá del partido, problema que debe ser abordado de manera específica. Tal es el caso de la relación del partido con las organizaciones naturales de las masas, sindicatos, organizaciones estudiantiles, entre otras. O bien, las relaciones con fuerzas políticas en función de alcanzar objetivos comunes. Es de suponer que, en tendencia, las posiciones sectarias necesariamente, de no ser derrotadas, fuerzan al partido hacia posiciones pragmáticas. Y es que “quienes aboliendo los valores éticos y estéticos que regían anteriormente, se proclamaron defensores del sentido común y del sano utilitarismo. ¡Nosotros los llamaríamos ahora ‘pragmáticos’!”5. En términos generales, el sectarismo puede atentar contra las relaciones del partido con las masas. Presentando a la vanguardia como algo extraño a sus intereses, a su naturaleza y a su propia identidad. Al menos así está demostrado históricamente. Este es un problema también específico que merece atención. En todo caso, son aspectos que requieren de reflexión. 

Todo lo anterior resume algunos aspectos propios del sectarismo. Es una visión muy general, pero apunta a establecer lo que a fin de cuentas es una corriente histórica cuya realización no encuentra fronteras. Son muchas las especificidades de su realización, pero bien se pueden generalizar algunos de los aspectos antes señalados. Así, una de las conclusiones más específicas que podemos sacar es que un camino fértil para la formación del sectarismo es el descuido en la formación comunista; por ejemplo, el descuido en la creación de espíritu de partido, dentro de una comprensión científica de lo que ello representa. Esto es, el partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera. Como instrumento cuyo fin es guiar a las masas hacia la conquista del poder y garantizar la realización de la dictadura del proletariado. Como una forma de conciencia organizada, capaz de convertirse en fuerza material. No como un fin en sí mismo como termina concibiéndolo el sectarismo. De allí que superar esta limitación supone tanto la profundización de la lucha de clases dentro del partido, de la lucha ideológica y teórica, como de la elevación de los problemas al plano de nuestra teoría, sacándola de los socavones que se construyen para adelantar cuestiones ajenas a los intereses del partido y correspondientes con el espíritu de secta. 

 Espíritu de partido o espíritu de secta 

 El sectarismo en el seno del partido ha sido considerado como uno de los problemas que afectan nuestras potencialidades y que, por tanto, debemos atacar desde la raíz. Esta conclusión ha sido establecida en el III Congreso del Partido, contenida en el Informe del CC, cuando, entre las afirmaciones al respecto establece que “Debemos derrotar las tendencias sectarias que en el terreno organizativo han producido limitaciones al desarrollo del partido”6. De igual manera en el balance del primer plenario del CC, se establece esta misma orientación, a propósito del balance del III Congreso y referido a la cuestión de las elecciones internas. 

Son muchas las expresiones de esta consideración que han conducido a, por lo menos, fracturar o debilitar nuestras fuerzas en diversas coyunturas; por la vía de que no se atienden las orientaciones de la dirección, dentro de una concepción que irrespeta el centralismo democrático; o bien porque al rechazarse a un determinado cuadro no se asumen las tareas bajo argumentos imprecisos muchas veces; o bien, porque se privilegian cuadros con base en relaciones propias del espíritu de secta, ubicando el desarrollo de los cuadros de manera subjetiva, muchas veces bajo prácticas aberrantes y perversas. De allí que sus consecuencias abarcan aspectos políticos, ideológicos y organizativos. 

Ahora bien, el combate al espíritu sectario, no conduce a negar lo positivo y necesario que resulta el espíritu de partido o el partidismo. Ello supone, precisamente, entre otras cosas, combatir el sectarismo, toda vez que el espíritu de partido no es otra cosa que la asunción, de manera consciente, de los principios del materialismo dialéctico e histórico; visto en términos más generales aun, la asunción de la doctrina e ideología que permite guiar al proletariado hacia la toma del poder y la construcción de una sociedad más avanzada que la capitalista. Una sociedad donde justamente no cabe posición sectaria alguna. Vale, en tal sentido, la afirmación de que: 

 “Frente al espíritu de partido burgués, encubierto por el subjetivismo, el espíritu de partido de la filosofía marxista-leninista posee un carácter abiertamente combativo. Según esta perspectiva, los rasgos del espíritu de partido, del marxismo-leninismo, son la intransigencia frente al idealismo y la metafísica, el revisionismo y el dogmatismo, la coincidencia del espíritu de partido y del espíritu científico, es decir, la auténtica objetividad en el análisis de lo real, la conexión orgánica, entre la teoría y la práctica, entre la filosofía y la política, la manera de abordar los problemas de la teoría marxista y de la práctica en la construcción del socialismo.”7 

El espíritu de partido presume, como vemos, un concepto que nos obliga a enfrentar y derrotar las manifestaciones de cualquier corriente filosófica ajena a la ideología proletaria.  

A partir de esta concepción, el sentido de pertenencia que se crea no supone la realización de posiciones irracionales. Por el contrario ello conlleva al desarrollo y realización de la razón dialéctica, esto es, la interpretación de que cualquier forma de expresión de la materia está sujeta a las leyes de dialéctica, lo cual incluye las distintas expresiones de la conciencia. A esa interpretación del mundo es a lo que debemos la mayor fidelidad y consecuencia. El partido, dentro de esta interpretación no es otra cosa que la más avanzada forma de conciencia, que resume el pensamiento de vanguardia del proletariado y se realiza como forma organizativa. Se deduce que es un mandato evitar que el partido se aparte de este enunciado, que le es fundamental por encima de cualquier otra cosa.  

Así, se crea un espíritu que permite una gran amplitud de miras. Lo cual supone aceptación de la disidencia, lo que no tiene como derivación el apartar a quien expresa diferencias de espacio partidista alguno. Aceptación de la disidencia como expresión de la democracia y, sobre todo, como asunción de que los asuntos a atender por parte de la vanguardia están sujetos al principio de las aproximaciones sucesivas y a que ella es un hecho concreto, por tanto es unidad en la diversidad, por lo que, con la confianza como sustento, asume la disidencia dentro de los principios del centralismo democrático, lo cual permite que prevalezca la unidad de acción del colectivo partidista.  

Así, el sectarismo organizativo, que tiende a despreciar las potencialidades de los cuadros y militantes que lo adversan, dentro de la pérdida de todo sentido de proporción, debe ser enfrentado con una posición que encuentra razones en un alto sentido de la justicia, aun cuando las valoraciones siempre atiendan a los intereses del partido por encima de los intereses particulares. En todo caso siempre debe existir una relación dialéctica entre las cuestiones éticas y las valoraciones objetivas en la toma de decisiones. 

Asimismo, el espíritu de partido, concibe la necesidad de asimilar todo lo positivo que brinda la humanidad, venga de donde venga, de un pasado regido por formaciones sociales diversas, o de un presente dominado por la ideología burguesa, lo cual abarca las cuestiones ideológicas, políticas y culturales. Así, nos aproximaremos a una formación comunista dentro del ánimo colectivo de que para ser tal, hay que inspirarse en un pensamiento positivo, lo cual es ajeno a cualquier manifestación de sectarismo. 

Así, al contrario de cierto sectarismo que tiende a detestar el desarrollo teórico y aplaudir la ignorancia, nuestra concepción del partido nos permite asumir que la práctica política de los comunistas supone en primera instancia la capacidad para analizar objetivamente la realidad, lo cual es contrario a toda suerte de vulgarización de la vanguardia. Asumiendo, por tanto, que la teoría revolucionaria es la realización positiva del conocimiento y ello implica un desarrollo cultural en términos generales. Por tanto, también al contrario de cierto sectarismo, no se debe identificar desarrollo teórico y a los teóricos revolucionarios con diletancia ni diletantes. Así, el partido es el resultado de la herencia de un pensamiento uno de cuyos sustentos es un profundo humanismo. Siguiendo a Engels, si el hombre es fruto de sus condiciones, debemos crear condiciones más humanas, ese es el objetivo de los comunistas. Pero ello supone ir labrando una ética que permita que quienes se plantean dirigir el proceso de realización de tales condiciones vayan labrándose un sentido profundamente humanista, sustentado en el más grande amor por la justicia y la verdad.

Carlos Hermoso 

Miembro del CC del Partido Bandera Roja 

Caracas, agosto de 2001 


NOTAS

1 Marx Carlos, Engels Federico. Correspondencia. Editorial Cartago. 1973. Carta de Marx a Friedrich Bolte, [Londres], 23 de noviembre de 1871. Pg. 260 

2 Laso Prieto, José María. Espíritu de Partido. Proyecto filosofía en español, enero de 2001. 

3 Tse Tung Mao. Obras escogidas, tomo II. Ediciones en lenguas extranjeras, Pekín, 1968. pg. 44 

4 Perspectiva Mundial. Una revista Socialista. James Cannon. La fusión con el AWP de Muste. Noveno capítulo de ‘La historia del trotskismo estadounidense, en 1928-1938’ 

5 Laso Prieto José María, Op. Cit. 

6 Informe de gestión del Comité Central al III Congreso del Partido Bandera Roja. Junio 2001

7 Laso Prieto José María. Op. Cit. 

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