No logra la dictadura salir airosa en materia económica. Y todo se le viene abajo. Crece el descontento popular y avanza la unidad de los trabajadores y el movimiento social.

La producción de petróleo se estancó. En el primer semestre de 2022, apenas supera los 700 mil barriles. Por ende, se estanca el crecimiento del PIB y sube el déficit fiscal. De allí que —aun superada la hiperinflación— la tendencia inflacionaria galopante se come lo poco de creación de salarios de que gozaban los empleados públicos. A lo que se agrega que, con la tijera de ONAPRE, se recortan los aumentos y se violan los elementos contractuales, como imposición de la dictadura en esta materia. Se recortan las pensiones de 30 a 22 dólares.

El asunto de la distribución de la riqueza subyace como la determinación fundamental en la problemática. La dictadura favorece a la oligarquía de muchas maneras y atenta contra las condiciones de vida de los trabajadores. Se mete en contradicciones nada fáciles de superar. Debe crear demanda. Pero no tanto como para afectar la cuota de ganancia de los inversores en la esfera de la producción o del comercio.

El estancamiento en la tendencia creciente del PIB, que veíamos desde finales del año pasado, no da como para incrementar la recaudación. Tampoco ha crecido la producción petrolera. Los ingresos por minería, siempre desconocidos, parecen no haber fluido en el mismo volumen de 2021. Es que los problemas entre los sectores de la guerrilla colombiana abocados a ese negocio —que garantizan parte de la producción y el contrabando— pueden haber afectado los ingresos.

En resumen, crece el desequilibrio fiscal. Los gastos son superiores a los ingresos. Los dólares usados para mantener barata la divisa proveniente del BCV, o de las que drenan ingresadas del contrabando de metales, forman parte de los mecanismos de distribución de la riqueza en favor de la oligarquía.

De una parte, los importadores se hacen del mercado interno, al colocar productos más competitivos en calidad y precio. Si se trata de bienes no producidos en el país, los importadores tienen un mercado cautivo. Por su parte, los bienes producidos acá, al enfrentarse a un producto similar importado, no pueden competir ni en calidad ni en precio. No olvidemos que los capitales extranjeros son más competitivos que los nativos. Tiende a estancarse la producción nativa, más si el crédito sigue frenado debido a lo alto del encaje.

Apuesta Maduro a las Zonas Económicas Especiales y a la Ley Antibloqueo para atraer inversiones extranjeras. Sigue al dedillo el fetiche dominante en la fase superior del capitalismo: sin inversión extranjera no es posible el desarrollo. China es el emblema tanto en ZZE como en inversiones directas. Olvidan estos fetichistas que hay países que han alcanzado el desarrollo sin inversión extranjera alguna. Valga el caso de Japón y Corea del Sur, entre otros. Incluso, estadounidenses y alemanes alcanzaron su revolución industrial sin inversiones extranjeras. Cuando las hubo, las dirigían a áreas de interés nacional estratégico. Los chinos recibieron las inversiones dentro de un proyecto para convertirse en gran potencia mundial y disputar la hegemonía, objetivo que alcanzaron con creces.

Con las ZZE, la dictadura les brinda a los inversores extranjeros ventajas asentadas principalmente en las condiciones para la sobrexplotación obrera. Ésa es la principal ventaja comparativa que ofrecen. Se suma la eliminación de impuestos a las inversiones. De ñapa, les eliminan los aranceles por importación de medios para la empresa.

Implantan un orden jurídico supraconstitucional que prohíbe denunciar cualquier torcedura de los inversionistas, bajo el argumento de que se trata de secretos de Estado, de interés nacional. Asimismo, se apelará al orden jurídico internacional para atender controversias, lo que viola la Constitución. Estas ZZE se unen, en su carácter antinacional, a la eliminación del doble tributo. Ya sectores chavistas, resaltando Luis Britto García, parecen haber visto su naturaleza. Aun con todas esas dádivas, esperemos a ver si logran atraer capitales. Es que la división internacional del trabajo parece limitar las inversiones a petróleo, minería y algo en maquila. Turismo también luce, por lo que entregan la isla de La Tortuga a este proyecto, entre otras zonas con potencial.

Los resultados esperados con esta política entreguista no se verán en el corto plazo. A excepción del petróleo, cuya producción la dictadura aspira a elevar en 33% a través de Chevron. Además, parecen haber regresado los chinos y rusos al área. También en minería hay inversiones, pero por lo turbio de estos negociados no se conocen montos. No se sabe de producción y comercio. Investigadores de la materia calculan que 80 % se realiza mediante el contrabando.

Entretanto, la dictadura recorta sueldos y salarios, y retarda el pago del bono vacacional. Argumentan que no cuentan con recursos. Evitan que se incremente el circulante monetario para contener la inflación.

Las condiciones provocan un creciente descontento entre los trabajadores asalariados. Tanto los empleados por el Estado como por la empresa privada, se sienten burlados cuando se producen aumentos nominales de salario, pues inmediatamente se desvalorizan por la inflación. Además, cuentan con la guillotina de la ONAPRE para recortar los incrementos.

Este descontento abarca a sectores que se vienen alejando de las políticas chavistas. Por lo que la unidad, aun con tropiezos, comienza a dar frutos de significación estratégica. Sirve de base una plataforma de luchas y un plan de acción que contemple el impulso de una acción nacional. A eso le teme la dictadura, por eso ya hay gente presa. Más aún le teme si se inscribe este proceso unitario a un programa político alternativo de carácter popular y nacional. A eso hay que apostar.

Publicado en El Pitazo

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