Hablar sobre el Miss Venezuela me ha sido algo ajeno, ya que solo me ha interesado el tema para señalar lo lastimoso que significa que algunas niñas-mujeres compitan, desde su cuerpo y luego de someterlo a toda clase de torturas, a ver quien cumple la meta de “belleza” estereotipada y perversa. Lo que podría denominar, sin que me quede nada por dentro, uno de los iconos de la mercantilización del cuerpo de las mujeres, ya que las mujeres somos reconocidas como objeto sexual de los hombres, como madres, como putas o locas. Este año, sin embargo, es imposible no hablar de este evento ya que mis ojos, como muchos otros, estaban atentos ante un necesario pronunciamiento, dedicatoria, mención especial, recordatorio o como quiera que lo hicieran, sobre tres participantes que fueron connotadas noticias en este año, no precisamente por la belleza, sino por lo espantoso de sus muertes.


Estoy hablando de Mónica Spear (29 años) Miss Venezuela 2010, asesinada víctima de la violencia callejera por inseguridad, Génesis Carmona (23años) Miss Turismo 2013 asesinada víctima de la violencia política por represión que paramilitares oficialistas realizaron contra una protesta. Como decía un twit en febrero de este año, en el marco de las protestas ciudadanas y estudiantiles contra el Gobierno: mueren dos Mises, “una Miss Venezuela asesinada haciendo Turismo y una Miss Turismo asesinada haciendo Venezuela”. Pero no podemos olvidar a Anaís Osío (25 años) candidata este mismo año al concurso de Miss Venezuela y quien muere de infarto, ya que a sabiendas de su cardiopatía, rebajó 30 kilos para lograr el “estándar de peso” solicitado en el concurso; muere víctima de la violencia simbólica por alienación.
Tres mujeres, tres jóvenes, tres muertes relacionadas con concursos de belleza, muertes que podían evitarse y que no tuvieron garantía a una “vida libre de violencia” como contempla la Ley Orgánica y tal como el Estado tiene la obligación de garantizar a todas las mujeres venezolanas.
Lo más distorsionante de este concurso este año fue su mención a la violencia contra las mujeres y su hipócrita espectáculo para recordar a las víctimas, mencionadas en genérico, vaciadas de identidad para silenciar a las víctimas de carne y hueso, las concretas con nombre y dolientes, y naturalmente para encubrir al victimario. Estas pretenden ser olvidadas, porque podrían empañar la noche “tan linda como esta”.
Pero por las calles de ciudades y pueblos se escuchan los pasos de mujeres y hombres jóvenes que están empeñando su vida en la reconstrucción del país, buscando la verdadera liberación de las mujeres de toda forma de violencia que obstaculice la emergencia de su singularidad y apostando con esta lucha a una verdadera democracia económica, política y social. Mónica, Génesis, Anaís y todas serán reivindicadas más temprano que tarde, porque este silencio no se convertirá en olvido.
Hisvet Fernández
Psicóloga Social, Feminista

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