El enorme desastre económico, social y político que hoy padece nuestro país muestra el fracaso de quienes se presentaron como salvadores de la patria, como adalides de la justicia y como constructores de un nuevo orden social más justo y humano. Pero lo que nos han traído es destrucción de nuestras capacidades productivas, elevando la dependencia y la vulnerabilidad del país y socavando su soberanía; robo y corrupción del erario público a máxima potencia, ineficiencia e ineficacia en la atención de los servicios públicos; restricción de las libertades democráticas, represión, tortura y asesinatos contra los luchadores sociales y políticos, todo lo cual conforma una verdadera dictadura de nuevo tipo, posmoderna, donde el resto de poderes se arrodilla ante el Ejecutivo y éste es dirigido como un Estado militar-policíaco.
Y lo peor es que esta crisis la construyeron en un período de gigantesca renta petrolera, exacción fiscal y endeudamiento sin límites. Sin embargo, han construido un adefesio que es insostenible y se ven en la obligación de cambiar algunas cosas para dejar todo igual y permanecer a como dé lugar en el poder. Y esas medidas anticrisis van dirigidas contra todo el pueblo y en especial contra los sectores más pobres, los asalariados, los trabajadores, los pequeños y medianos productores y los ciudadanos de a pie.
La extendida militarización de la sociedad venezolana alcanza ahora un nuevo peldaño con la decisión del TSJ de permitirles a los efectivos militares su práctica afiliación partidista y la realización sin tapujos de proselitismo fuera y dentro de los cuarteles. Este es un nuevo paso de avance para la institucionalización de la dictadura y el militarismo en el país.
Este avance de la partidización de la fuerza armada ocurre en medio de las peleas intestinas del partido de gobierno y sus aliados. Con ello pretende Maduro mantener el respaldo de la FANB, cuando su gestión de gobierno ya no encuentra eco ni apoyo en el seno del pueblo y se muestra incapaz de solventar los graves problemas que agobian a la nación. La militarización se acelera en el marco del anuncio de las medidas anticrisis de Maduro, medidas que vienen afectando drásticamente a los sectores populares y favorecen más aún al capital financiero, en particular al sector bancario.
La reciente creación de la Brigada Especial contra Grupos Violentos, bajo el mando directo del ministro Rodríguez Torres, fortalece la base represiva que se prepara para responder a la respuesta popular en rechazo a las medidas anticrisis.
Triste e inmerecido papel el que se le asigna a un ejército cuyo origen lo distingue como forjador de libertades. Grave responsabilidad de un Jefe de de Estado al arriesgar la institución armada al desprecio y al rechazo ciudadano. En su obsesión de poder, Maduro parece no entender lo obvio o no conocer al pueblo de Venezuela, no se apaga la candela echándole combustible.

¡Venezuela exige un cambio político!

¡No más represión! ¡No más presos políticos!
Comité Político Nacional
Partido Bandera Roja

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