Se
utiliza un palabrerío aparentemente de avanzada, progresista, democrático, pero
cuando se contrasta la ejecución de estas políticas con lo que se dice nos
encontramos con la verdadera naturaleza que orienta la visión del régimen sobre
el sistema educativo. Términos como “continuo humano” y humanismo social”
encierran graves contradicciones y hasta un contrabando ideológico. Decimos
esto porque hoy en día existen corrientes posmodernas que reivindican la esfera
de “lo humano” dentro de los parámetros del neoliberalismo, se habla entonces
de la formación “del capital humano”, de la “responsabilidad social de la
empresa” que no es más que la manipulación del concepto “humanismo”
desarrollado por los pensadores marxistas. Como lo hemos dicho, esencialmente
el humanismo es social, por tanto es un error conceptual exponer que la
educación bolivariana está basada en el “humanismo social”; planteamiento éste
que es manifestado en todos los documentos que definen la educación bolivariana.
Necesariamente,
para alcanzar una sociedad más humana, Venezuela debe transitar por el camino
del conocimiento, la investigación y el análisis científico. ¿Se construiría un
nuevo republicano con las ideas sustentadas por Simón Bolívar en el siglo xix, cuya sociedad ideal era el liberal-burgués
del siglo de la
Ilustración? De igual manera centra el actual diseño
curricular propuesto por el Ministerio de Educación en el “continuo humano”,
presentándose contradicciones importantes. No puede existir un desarrollo
humano si al mismo tiempo se promueve el culto a la personalidad, el
mesianismo, el pensamiento único y la unilateralidad en la visión de la historia,
negadora del pensamiento crítico y dialéctico.
Sin
embargo, la concepción pedagógica científica y marxista del continuo humano es
el proceso histórico-dialéctico del ser humano en su lucha por la superación y
liberación de la opresión social y económica, en fin, la superación de la
pobreza, la injusticia y la desigualdad. La educación bolivariana está alejada
de esta última concepción pedagógica y más bien su postulado del “continuo
humano” está en la dirección del “aprendizaje para toda la vida” que promueve la ONU a través de la UNESCO, cuyas fuentes de
financiamiento entre otros lo lleva a cabo el Banco Mundial para programas; que
por cierto están siendo utilizados aún por el actual régimen.
Ya
sabemos que estos programas financiados por la banca mundial neoliberal sólo
buscan los ajustes educativos requeridos por el nuevo orden mundial del sistema
económico globalizado, en donde Venezuela continúa siendo un país dependiente
al que se le sigue asignando el papel de productor de materia prima (hidrocarburos)
para la gran maquinaria capitalista neoliberal e imperial que hoy sojuzga a los
pueblos.
Por otro
lado, conceptuar de “socialista” a la educación venezolana es otro
contrasentido respecto al verdadero significado de esta categoría. Para la
teoría socialista, por ejemplo, transformar al mundo, a la sociedad es hacer al
hombre más humano, un mundo en el que el hombre pueda ser el mismo, es mejorar
la calidad de vida para todos los trabajadores, en donde se respete el derecho
inalienable de todos los seres humanos a vivir en un sistema de libertad que
garantice la realización plena de cada uno como individuo con sentido de
pertenencia, solidaridad y responsabilidad social.
De todas
las revoluciones conocidas por la historia, la socialista es la única que no
busca cambiar una forma de explotación por otra, ya que la propiedad social de
los medios de producción da inicio a un proceso que conduce a la eliminación de
toda forma de explotación. Y esta tarea no se le asigna a ningún partido ni
líder en particular, por el contrario el socialismo es la más amplia libertad
política, la más amplia participación del pueblo, en especial sus trabajadores.
Mal pueden hablar de libertad y democracia participativa, protagónica, etc.,
quienes por el contrario manipulan y reducen cada vez más las formas de
participación política de la sociedad, muy a pesar de lo anunciado en su
discurso.
Ejemplos
del control de los movimientos sociales y de la sociedad toda, los expresa el
régimen con la creación desde el mismo Estado de los consejos comunales, las
contralorías sociales, consejos de trabajadores, entre otros, que pese a las
buenas intenciones que supuestamente los orienta se han convertido en apéndices
de la maquinaria del Estado, dependiendo financieramente de éste y por tanto
proclives a ser coaccionados, manipulados y chantajeados a voluntad de su
“creador benefactor”. Son instancias totalmente dependientes del Ejecutivo
Nacional, carentes de la autonomía necesaria frente al poder.
El
socialismo plantea la superación de la enajenación del ser humano, crea las
condiciones para la instauración de una sociedad más justa que vaya echando las
bases de la sociedad en la cual impere el reino de la abundancia hasta el punto
de poder cumplir con el principio “de cada quien según capacidad, a cada quien
según su necesidad”.
No se
puede crear un nuevo ciudadano con valores y principios de justicia,
solidaridad, unidad, respeto, tolerancia y democracia si el desarrollo del
pensamiento se inscribe no en la conciencia social sino en su control a través
de una sola idea de interpretar el proceso histórico de la sociedad. La
integridad y totalidad del pensamiento, es decir; su visión holística
desaparece. De allí que la educación bolivariana no rescata la concepción
integral del nuevo ciudadano, no es liberadora. Se estaría, entonces,
imbuyendo, persuadiendo a creer en una idea, y esto es adoctrinamiento,
ideología en tanto falsa conciencia, muy alejado de las concepciones
científicas.
La Educación
Bolivariana no entra pues en la naturaleza de la teoría socialista, ni
menos aún su pedagogía. Paulo Freire (1921), uno de los personajes que más han
aportado a la pedagogía contemporánea con una posición de izquierda, en su
tesis de la “pedagogía del oprimido”, señalaba que no se puede concebir una nueva
sociedad, un nuevo hombre, una nueva educación y una nueva cultura, sino existe
una acción práctica y transformadora de la realidad. La realidad para Freire es
un proceso histórico concreto y dialéctico que busca emancipar y liberar al
hombre y la mujer de toda opresión y alienación. Esta pedagogía sienta las
bases de una nueva pedagogía en franca oposición a la tradicional, que a través
de técnicas para la enseñanza de la lectura y la escritura a los adultos busca
la reflexión y el cambio de las relaciones del individuo con la naturaleza y
con la sociedad; el objetivo esencial de la educación que propugna es liberar a
la persona, no uniformarla ni someterla.
Por otro
lado, el pedagogo marxista Antón Makarenko (1888) consideraba a la pedagogía
como un fenómeno integral, que concreta una posición ante el mundo y se vincula
a una práctica política y económica. Frente al reto que constituye armonizar
los intereses sociales con los particulares de los educandos, Makarenko
responde involucrando a éstos en la búsqueda de soluciones a los problemas
cotidianos, haciéndolos copartícipes en la organización de la vida escolar y
productiva, generando lazos de colaboración, respeto, autoridad compartida y
disciplina. El logro obtenido con esto consistió en formar personalidades productivas
y solidarias con su pueblo y la nueva sociedad.
La
educación bolivariana no pretende desarrollar esta concepción progresista de lo
social; por el contrario, apunta hacia una concepción corporativista de la
sociedad, al desarrollo del culto a la personalidad, el mesianismo, el
pensamiento único y el ejercicio autoritario del poder formal como ya lo hemos
dicho.
¿Qué educación proponemos?
Debemos
responder pues en el terreno teórico. La educación que proponemos tiene que ver
con una concepción democrática, popular, científica y gratuita. Es decir, una
educación para las mayorías, con mayores oportunidades a quienes menos
posibilidades tienen, donde lo democrático implique la más amplia participación
del pueblo en los asuntos fundamentales del país, en la elevación de la cultura
para decidir lo mejor para sus intereses. Una educación basada en la
adquisición del conocimiento científico como un proceso reflexivo, crítico,
analítico, porque el cambio de conciencia se da en una sana confrontación de
ideas, de conceptos en un debate libre y plural. Es contradictorio con esta
noción el querer imponer el cambio de conciencia por la vía administrativa, con
decretos, imponiéndolo autoritariamente. Esto último es la negación de la
naturaleza del individuo, del ser humano, los hombres adquieren conocimientos
en la diversidad y conociendo las herramientas científicas.
Adoctrinamiento
es lo más alejado a la dignidad del hombre, es simple espíritu de secta. Por lo
demás el desarrollo de los pueblos se logra en la medida en que sus ciudadanos
adquieren conocimientos científicos, se adentran en la investigación, en el
análisis, no a través de la metafísica ni de los saberes empíricos. Las
personas no obtienen un cambio de conciencia por la vía de la imposición, con
ello se niega la esencia de la naturaleza del hombre.
La educación que proponemos debe colaborar en el rescate de
la ética y la moral pública, en la formación de una nueva cultura ciudadana que
rompa con el servilismo, la mentalidad semicolonial, que exalte el patriotismo
y la solidaridad, la honradez en la administración de los bienes públicos, la
disposición al trabajo y la creatividad en función social; la condena a todo
tipo de vicio, despilfarro y afán de especulativo. Es la formación de un ciudadano
con conciencia de pertenencia hacia los bienes de la nación, que contribuya a
restituir el Estado de Derecho para un ejercicio cabal de la justicia, donde
sea castigado verdaderamente el corrupto y sean recuperados los bienes
sustraídos a la nación. Es una educación que interroga al ciudadano, al
individuo acerca de su misión, su quehacer en el mundo, en su país.
Esta
propuesta para el debate debe tomar en cuenta también el mundo psicológico del
individuo, pues en está área también y principalmente está actuando el régimen,
en la conciencia del niño, el joven y el adulto. Se dice que se quiere formar
“un hombre nuevo”. Veamos de qué se trata. En principio encontramos el culto
por lo mesiánico que domina fundamentalmente en lo político. Se refuerza la idea
según la cual alguien (el líder) vendrá a cambiar nuestra situación personal,
de vida, el país, la suerte personal. Ello trae aparejado un sistema de valores
acomodaticio que hace al individuo más oportunista, conformista, resignado a
vivir con lo poco que se tiene, sin mayores aspiraciones a salir de la pobreza
material, vivir al día y en consecuencia sometido.
La
educación en valores debe formar una conciencia donde es el individuo el que
crea, transforma su propia realidad, que ve el futuro con optimismo y no
fatalmente, con más razones y deseos de que las cosas suceden cuando se lucha
por ellas. Desde esta perspectiva se forma un individuo con conciencia crítica,
organizado para convivir en una sociedad verdaderamente democrática y de
justicia. 
El Movimiento
de Educadores Simón Rodríguez sostiene que la educación venezolana tiene que
responder a las necesidades de desarrollo de la sociedad en su conjunto, un
desarrollo concebido como un cambio sustancial que modifique las instancias
económicas, sociales y políticas de nuestro país, y que siente bases para una
nueva sociedad, verdaderamente democrática, participativa, con equidad, donde
haya trabajo digno para todos; en la cual el derecho a la salud, educación,
vivienda y seguridad sean una realidad para todos los venezolanos. Por lo
tanto, nos inscribimos en un auténtico proceso de cambio.
Los
cambios en la educación son posibles de realizarse si a la par se mejoran las
condiciones de trabajo docente, es decir; las condiciones físicas y ambientales
de las instituciones educativas y las condiciones profesionales y pedagógicas
para el desempeño docente.
¡Por una educación democrática, científica y gratuita!
¡Por la defensa de la carrera docente!
¡Por el mejoramiento de las condiciones de vida del educador!

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