carlos hermosos
¿Hacia dónde vamos
con la nueva Asamblea Nacional?, por Carlos Hermoso
Hemos dicho que el despotismo en Venezuela es directamente
proporcional al comportamiento de los precios del crudo. Si partimos de que la
base material del despotismo en nuestro país la encontramos en el petróleo,
entonces es una tendencia de larga data. Un siglo lleno de vaivenes pero
siempre la tendencia despótica ha estado presente desde Zumaque I. El
despotismo se explica en la distribución, por parte del déspota, de un recurso
de propiedad colectiva, estatal, y en Venezuela data desde el decreto de Simón
Bolívar para tales efectos, firmado en 1829 en Quito, a su vez herencia de la
corona española.
Esto es lo que le ha permitido al Estado venezolano hacerse
de inconmensurables riquezas bajo ese principio. Chávez se convierte en lo más
conspicuo de esta forma de dominación. Personalidad carismática que logró
seducir a los más pobres y buena parte de los sectores medios, de la
intelectualidad, entre otros, mientras se acordaba con la oligarquía financiera
una Constitución a su servicio que incluía aspectos contemplados en los
acuerdos multilaterales de inversión (AMI), como el trato igual de capitales.
Unido a lo cual se instaura un régimen político con sustento eleccionario.
Al recordar esto, no planteo que la riqueza petrolera y
otros recursos no deban ser propiedad estatal, pero sí que su uso debe
realizarse con base en la inversión para el desarrollo nacional y estar sujeto
al dictado colectivo y democrático y no para aumentar el engreimiento del
déspota de turno. Debe servir la riqueza petrolera para alcanzar la soberanía y
satisfacer las demandas populares. No para que la distribución de la renta haga
más ricos a los ricos y satisfaga las demandas de la oligarquía financiera.
Fuera de la escena el personaje en cuestión —asumido el
legado por una personalidad mucho menos capaz para el engaño, y unida a esto
una tendencia marcada a la caída de los precios del crudo—, el despotismo
recibe serios pesos que parecen llevarlo al derrumbe. La política económica y
social que brindaba recursos a amplios sectores ya no encuentra en la renta
petrolera el recurso para su realización. En vez de apalancar el desarrollo del
país, esta política condujo a la sustitución de la producción nacional por
importaciones con los dólares obtenidos en el negocio internacional del crudo.
Y como corolario queda la destrucción del aparato productivo, lo cual demanda
de un cambio urgente en la conducción del país para su reconstrucción. De allí
surgió la rabia expresada de dos maneras el 6 de diciembre. De una parte, la
voluntad de los opositores a depositar su voto en la tarjeta de la mesa de la
Unidad Democrática (MUD) en contra del gobierno, para darle mayor eficacia a la
respuesta electoral. De otra, la inhibición de buena parte de los chavistas
ante el descontento producto de los mismos problemas que sufren las grandes
mayorías sin distingo, entre ellos la entronización de la inseguridad. Un
sector chavista, que parece ser pequeño, voto también por la tarjeta de la MUD
u otra de la oposición.
Ello explica que los despotizados —aquellos que reivindican
esa irracionalidad expresada en el afecto al Comandante supremo, en el amor al
déspota, y quedan subyugados a éste— se sientan traicionados por “esos pobres
que recibieron un apartamento y comida, hasta elevarlos a clase media y hoy se
inclinan a favor de la oposición”. No ve el despotizado que la vivienda es un
derecho conculcado durante décadas, sobre todo en los últimos lustros. No ve
que la alimentación es un derecho consagrado en la Constitución. Se atreven a
decir que Chávez les dio vivienda y ahora lo traicionan. Pero quienes así
piensan, quienes así se expresan de los “pobres desleales”, son aquellos que
ven en el despotismo, en el déspota más bien, un fetiche que le permite
legitimar aquello que señalara Marx —palabras más, palabras menos— de que el
despotismo encuentra su base objetiva en la distribución por parte del déspota
de la riqueza que depara la explotación de un recurso de propiedad colectiva.
Por ello ahora el chavista parece querer desquitarse en los propios chavistas.
Buscan hasta someter al escarnio a quienes se inhibieron. A despreciar a quien
cambió de bando dada la decepción sufrida. El espíritu despotizado en muchos
chavistas los lleva ahora a castigar a quienes los engañaron o traicionaron.
Pero la rotunda derrota sufrida por el chavismo era de
esperarse. Solamente las mentes irracionales no podían ver que el descontento
se traduciría en la inclinación el voto popular hacia la oposición y la
inhibición del votante chavista como propensión. Dado el sistema electoral
implantado en Venezuela, que viola el principio constitucional de
representatividad proporcional, menguada en relación con la Constitución de
1961, el que gana obtiene de manera desproporcionada la representación
parlamentaria. Así, la MUD obtiene más de 70% de la representación con poco
menos del 60 % de los votos.
*Nuevos escenarios
asambleísticos…
Se abre un período bastante controversial. Por más que
busquen entendimientos como los alcanzados desde 2013 a la fecha, cada sector
recibirá las presiones de sus seguidores y de la propia realidad. Además,
recordemos que la fractura en el chavismo está en pleno desarrollo y
ebullición. Que no se exprese en mayores rupturas se debe a la búsqueda de
maneras para frenar el derrumbe. Por su parte, la MUD —disminuida en cuanto a
número de integrantes, con dueños claramente identificados— sufre lo propio.
Más cuando es claro que la votación obtenida no supone un apoyo a sus
políticas. La llamada economía del voto, principalmente para causar mayor
castigo, es lo que le permitió sacar tal respaldo electoral, por lo que es de
esperarse que en la oposición, representada en el parlamento, se produzca
alguna que otra fractura. Sin embargo, creemos que en las primeras de cambio
serán de poca monta, dada la autoridad política alcanzada por la MUD como
institución, aun cuando no ofrezca nada salvo derrotar electoralmente al
chavismo, a partir de lo cual se iniciaría “el cambio”, cuyo carácter y
contenido son desconocidos.
La mayoría calificada de la MUD en la AN cuenta con
facultades que le permiten convocar referendo revocatorio, hacer reformas
constitucionales, producir cambios en los poderes públicos como el Tribunal
Supremo de Justicia, la Defensoría del Pueblo, entre otros. Mucha gente voto
por la MUD para que se produzcan medidas para hacer estos y otros cambios.
Pero, como sabemos, el régimen desde el Ejecutivo y desde las otras instancias
del poder tratará de frenar cualquier medida que signifique más pérdida de sus
espacios conseguidos de manera arbitraria. A su vez, se trata de una
circunstancia que pondrá en el tapete aquello de la heteronomía del poder
burgués en medio de la profunda crisis que sufre Venezuela. Esto es, la llamada
autonomía de poderes —ficción que permite legitimar las relaciones burguesas—
querrá ser “rescatada” en este período por la MUD, aunque la contratendencia se
verá expresada en la connivencia para la atención de los asuntos que ponen en
riesgo el orden. Ubiquemos que a la MUD, por ejemplo, no le va mal con la
Constitución vigente dados los artículos de orientación liberal que anulan las
posibilidades de realización de los derechos ciudadanos, en tendencia, y que
favorecen a la oligarquía financiera como el trato igual de los capitalista
nacionales y extranjeros y lo concerniente al crédito adicional para alcanzar
el equilibrio fiscal, principalmente. Asuntos que también serán obviado,
colocando el centro de “los cambios” en cuestiones subalternas,
dentro de un estilo de retórica encendida que no alude para nada a cuestiones
fundamentales.
La mayoría calificada obtenida por la MUD, a su vez, pudiese
permitirle al chavismo jugar con dos perspectivas. Descargar en la Asamblea
Nacional algunas facultades y medidas, sobre todo de naturaleza económica y
para compartir costos políticos dados los efectos nocivos que tendrían sobre
los sectores populares, resume la primera. De caer en esta trampa, sin dudas
que la oposición parlamentaria decepcionará a buena parte del electorado que le
brindó su apoyo en aras de cambios en su favor. Algo de coherencia puede
encontrar el gobierno con la oposición al frente de la AN, de mantenerse la
política económica tercamente seguida durante tres lustros. Nos guiamos en esta
afirmación por los intereses de clase que representan ambos bandos: el mismo.
Una segunda perspectiva, articulada con la anterior, es la
de restarle facultades a la AN, a la mayoría calificada de la MUD. Sobre todo
en materias políticas, el chavismo tratará de frenar la acción de la AN en
combinación con el irrespeto a su investidura, apoyándose en la movilización
hacia el parlamento de alguna de su gente para crear presión. Se trata del
enfrentamiento permanente y la diatriba encendida para satisfacer los oídos del
chavismo duro, mientras los convenimientos y maniobras guiarán permanentemente
la acción política de los bandos. Seguramente se seguirá fraguando el
convenimiento para salvar a Maduro y en términos más generales, al sistema.
Ubiquemos que la naturaleza de la crisis demanda medidas en una dirección u
otra. O a favor del interés nacional y popular, o en aras del continuismo de la
dependencia del imperialismo chino o estadounidense, mientras se convienen en
el saqueo de las riquezas del país. Se trata de una etapa que dará continuidad
a la participación tras bastidores del poder imperialista. Yanquis, chinos y
rusos, principalmente, se convierten en factores de primer orden para tomar
determinaciones en el curso de los acontecimientos.
Se trata de un proceso muy contradictorio y controversial.
Si hasta la fecha hay connivencia para sostener a Maduro —lo que llevó a la
ruptura de la unidad política en torno de la MUD en 2014—, debe haberla, y con
más razón, para este período. Pero a su vez, hay presiones. Las propias del
gobierno para mantener sus espacios del poder público así como las demandas
políticas de sus bases, dentro de contradicciones que abarcarán cada vez más a
los sectores medios y de base. La MUD sufre lo propio, más cuando están claros
en que el voto no fue a su favor sino en contra del gobierno. El apoyo de masas
a la MUD seguirá siendo tímido mientras no se disponga a confrontar en favor de
las demandas populares. Ese es un aspecto que le pudiese restar empuje a
quienes hoy gozan de mayoría calificada en la AN.
Somos de la idea de que el chavismo se nucleará en torno de
Maduro. No cuentan con la fuerza como para sacrificarlo. Tampoco la tienen como
para negociar una salida con su presencia. La percibimos como una situación
contradictoria. Pero tampoco la MUD cuenta con una fuerza suficiente como para
trabajar en lo inmediato por su salida. Es más, habría que ver si en verdad
quieren salir de Maduro. Y es que la crisis económica y social es de tal
magnitud que buena parte de los factores de la oposición y del gobierno podrían
guardar algo de compromiso para sostenerlo, dentro de un pacto histórico entre
los factores del orden para mantener el sistema capitalista dependiente. En
buena medida eso es lo que explica la postura de la MUD en los tres últimos
años.
*Perspectivas
La crisis que sufre Venezuela es de tal magnitud que demanda
para su superación positiva de la realización de un programa de carácter
nacional y popular, capaz de liberar las fuerzas productivas mientras se
profundice la democracia. Ni la MUD ni el chavismo están interesadas en eso.
Las diferencias entre estos factores del poder ciertamente existen. Incluso,
son serias las contradicciones y la principal es el jugoso botín que supone el
control del aparato de Estado en Venezuela. Representan cada factor intereses
diversos de la oligarquía y de un imperialismo u otro, o de varios. Todo
indica, por ejemplo, que los chinos muestran disposición y complacencia a
negociar con la alternativa que representa la MUD. El chavismo, por su parte,
nunca ha dejado de hacerlo con Estados Unidos. Unos representan un sector u
otro de la oligarquía. El chavismo, por ejemplo, siempre ha tenido el sector
importador en ventaja frente al capital productivo. El sector bancario en nada
puede quejarse del chavismo. Para solo citar ejemplos emblemáticos de los
intereses que representan. Las mafias chavistas cuentan con un inconmensurable
volumen de riquezas que de seguro vienen articulándose a jugosos negocios con
la banca, la especulación financiera, la importación, entre otros business. La
corrupción, como mecanismo de acumulación de capitales, ha dejado lo propio en
manos de estas mafias que hasta aparecen vinculadas al narcotráfico, si nos
fijamos en la detención de familiares del matrimonio presidencial. Entretanto,
sectores de la MUD pugnan también por convertirse en alternativa, pero para la
oligarquía y el imperialismo.
Hay claros visos por parte del chavismo de querer compartir
algo a cambio para mantener la connivencia de sostener a Maduro al frente de la
primera magistratura. Pero los compromisos de lado y lado y las ansias por
hegemonizar el control del aparato de Estado, en medio de la profunda crisis,
harán profundizar las contradicciones a puntos de ebullición. Aunque la
respuesta popular, la protesta de calle, sobre todo, pudiese hermanarlos como
aconteció a raíz de los eventos de febrero-junio de 2014.
Ambos factores están conscientes de que la crisis de
Venezuela es muy severa y demandará de medidas muy drásticas para el pueblo y
el interés nacional, de cara a los sectores que representan. Esto es, por ser
factores al servicio de la oligarquía financiera, se inscriben en la
perspectiva de satisfacer sus demandas con una recomposición de la economía que
les brinde los beneficios esperados. Sobre todo cuando el peligro del sistema
esté en juego. Ello supone una política económica que volcará el peso de la
crisis en las espaldas del pueblo trabajador y de los más necesitados. Las
diferencias se pudiesen inscribir en la evasión que querrá hacer un sector u
otro de las consecuencias y la raíz de esas políticas acusándose unos a otros.
Por lo pronto, parecen hermanados en el aumento de la gasolina, con todo y la
drástica caída de la demanda de la gente para adquirir lo básico para vivir.
*La Asamblea Nacional
con mayoría calificada de la MUD, debería…
Somos de la idea de que los asuntos a atender por la nueva
AN, desde una perspectiva nacional y popular, pueden ser ordenados. En primer
lugar los cambios contingentes y constitucionales en función de la salida de
Maduro. Recordemos que a partir de abril de 2016 se puede activar el proceso
revocatorio. Más allá, puede producir medidas en función de una constituyente o
arrogarse la propia AN tal condición dada la mayoría calificada con la que
cuenta. Cambios en la Carta Magna que afectan severamente la economía
venezolana, comenzando por el artículo 301 que garantiza el trato igual a los
capitales extranjeros que a los nacionales. El equilibrio fiscal con base en la
deuda pública vía créditos adicionales debe ser borrado de la Constitución.
Ubiquemos que este endeudamiento se realiza con base en una gran
discrecionalidad dados los parámetros que se fijan para adquirirla. El
equilibrio fiscal debe alcanzarse con base en la producción de bienes y
servicios. Eso sí debe contar con rango constitucional.
Asimismo, puede la AN producir medidas en favor de los
trabajadores atendiendo las modificaciones que se demandan de la Ley Orgánica
del Trabajo en cuanto a que vulnera la autonomía sindical. Bajo el argumento de
que como el Estado “está” a favor y “al servicio” de los trabajadores y del
pueblo, e impulsa una “revolución socialista”, la acción sindical debe
supeditarse al Estado y al gobierno. De allí que los funcionarios del Estado
deben estar al servicio de la “revolución” (art. 45 de la CRBV; art. 21
DLOTTT), y por consiguiente, las nuevas relaciones deben irse fomentando por la
vía del impulso de cooperativas, comunas, estatización de propiedad privada,
EPS, etc., no por elevación de fuerzas productivas. La destrucción de fuerzas
productivas que el régimen ha aupado es una acción retrógrada pintada de
igualitarismo. Bajo esta orientación, además, se afianza el sistema de
seguridad social sobre la renta petrolera. Consolidan y fomentan relaciones
laborales desreguladas, flexibilizadas y anarquizadas, amparadas por discursos
de solidaridad, trabajo “voluntario”, cooperación, etc.
La AN debería derogar decretos-leyes firmados por Chávez
desde 1999 referidos a acuerdos de doble tributación con países imperialistas y
de alto desarrollo tecnológico, por los que el Estado deja de percibir más de
17 mil millones de dólares cada año. Cuestión que hasta algunos pensadores
chavistas lo han planteado. Asimismo, puede la AN derogar decretos-leyes
sucesivos de promoción y protección de inversiones extranjeras que permiten
garantías que comprometen el interés nacional.
Puede la nueva AN derogar acuerdos y compromisos
internacionales que lesionan el interés nacional, tal como el acuerdo con China
para la elaboración del mapa hidrogeológico en una superficie de 927 mil
kilómetros cuadrados, el territorio nacional menos una ñinguita, que lesiona
severamente nuestra soberanía nacional. Igual tratamiento debe darse a la
presencia de Venezuela en Mercosur. Mientras no se alcance una escala de
disminución de las asimetrías en relación con países como Brasil y Argentina de
tal magnitud que permita la mayor competitividad en distintos rubros, mientras
se protege la producción nacional, nuestro país pierde en este tipo de
integración, mientras favorece a los más desarrollados.
Estos son aspectos fundamentales a exigir a la AN y la
mayoría calificada. Todas estas disposiciones y más le darían un carácter de
cambio verdadero a la nueva AN. Debe comenzar, por supuesto, con una amnistía
abarcante de los presos y exiliados políticos.
Somos de la idea de que es mucho pedir lo escrito en los
párrafos anteriores. Creemos que, por el contrario, esta AN se verá envuelta en
serias contradicciones e inconsecuencias. Aunque las contradicciones pudiesen
llevarla a decisiones que en el marco de la profunda crisis general desemboquen
en rupturas de significación. En el transcurso, se deben apoyar aquellas
medidas que permitan ejercer la función contralora de la AN. Que rescate su
carácter deliberante y de foro sobre asuntos de importancia nacional. Que
combata la corrupción y garantice la unificación presupuestaria. Si se atreve a
activar la política y las medidas que conduzcan al revocatorio, hay que brindar
todo el apoyo, unido a una política que vaya más allá de la mera salida del Presidente.
Esto es, impulsando el programa político como base para superar la crisis y
reconstruir el país sobre las bases de la democracia, el desarrollo y el
bienestar.

Todo esto supone un proceso muy complejo que debe conducir a
una política de unidad y alianzas en correspondencia con las tendencias,
acontecimientos y objetivos. Las luchas están por venir en corto tiempo. La
disposición de la gente a pelear ya no podrá ser frenada bajo la estrategia de
esperar otra fecha electoral. La unidad de los factores políticos y sociales
pudiese avanzar en una dirección inédita, a eso debemos estar preparados para
asumir la avanzada en el proceso de articulación de fuerzas. La que corresponde
a los sectores sociales en conflicto puede ser una constante dada la clara
orientación de descargar en los trabajadores el peso de la crisis, a ello
debemos brindar nuestros mayores esfuerzos.
Carlos Hermoso
Caracas, 16 de diciembre 2015

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