Por Pedro Arturo Moreno

El 20 de enero de 1970 nace BR, luego de una división en las filas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que a su vez había sido un desprendimiento de AD diez años antes. Culminaba la agitada y afiebrada década de los 60, en la cual sectores de izquierda, como el MIR y el PCV, y otras fuerzas políticas insurgen con la lucha armada contra el viraje sectario, represivo y pro estadounidense que tomaba la naciente etapa democrática surgida luego del derrocamiento de la dictadura de Pérez Jiménez.

Nace pregonando la necesidad de construir una fuerza político-social que le diera piso a la democracia popular como tránsito hacia el socialismo. Basa su programa en la necesidad de cubrir en el mismo esfuerzo histórico tareas nacional liberadoras, democrático burguesas y otras que fueran sentando las bases para nuevas relaciones sociales de producción que satisficieran las necesidades materiales y espirituales de los venezolanos dentro de un desarrollo económico acelerado que tendiera a convertir la renta petrolera en estructura productiva para romper las ataduras de dependencia que remachaban al país como exportador de materias poco elaboradas e importador de bienes finales.

En 1976 empiezan a decantarse nuestras filas de tendencias foquistas y ultristas, pues se consideraba que las acciones militares de la vanguardia no podían sustituir las luchas económicas, políticas y reivindicativas propias de los obreros, campesinos, estudiantes, vecinos y ciudadanos en general. La década de los 80 nos encuentra insertos en las luchas de masas, pero un intensa acción represiva nos causa significativas bajas en dirigentes, cuadros y militantes, tanto por la propia confrontación violenta como en la tortura y en la cárcel.

En sus análisis de 1987 ya BR advertía el colapso de la renta petrolera como dinamo de la economía venezolana y avizoraba la posibilidad de derrumbe de la estabilidad política alcanzada por los gobiernos bipartidistas por la continuada destrucción de los avances sociales que se habían logrado en empleo, salud y educación, principalmente, cuestión que se evidenciaría con la revuelta popular de 1989 conocida como el “Caracazo”. Desde 1988 comenzamos a tener participación en los procesos electorales con una organización política legalmente inscrita (Movimiento por la Democracia Popular-MDP), aunque BR seguía siendo clandestina.

Posterior a esto, nuestro partid levanta la consigna de un Gobierno de Salvación Nacional para enfrentar la crisis y ser alternativa a la intransigencia de los partidos en el poder que ni siquiera eran capaces ni tenían disposición de introducir cambios sustanciales en el régimen de democracia representativa que ya lucía desgastada y no convocaba a las mayorías nacionales. Esta postura motiva el acercamiento con sectores civiles y de las fuerzas armadas que estaban preocupados y andaban en preparativos de un levantamiento militar. BR participa en ambas intentonas cívico-militares de 1992, aportando en todos los sentidos a que estas acciones pudieran enrumbar el país hacia cambios que nos acercaran a nuestros planteamientos programáticos de desarrollo económico con justicia social, de independencia, de libertad y de una democracia que no se limitase al mero hecho del voto.

Durante el segundo gobierno de Rafael Caldera (1994) optamos por abandonar cualquier forma de acción armada, legalizamos nuestro partido y lanzamos todos los esfuerzos en la vinculación con las luchas de masas, en el crecimiento de nuestras filas y en la promoción de alternativas unitarias para conjugar fuerzas de los sectores progresistas, democráticos y revolucionarios. En las elecciones de 1998 obtenemos, con una votación propia, una curul en el Congreso Nacional en la persona de nuestro secretario general Gabriel Puerta. Frente a la incertidumbre de lo que en verdad representaba la propuesta del candidato Hugo Chávez, decidimos no apoyar a nadie a la Presidencia y dar libertad a nuestros militantes.

En 1999, en el debate en torno a la Asamblea Constituyente, participamos activamente en todo el movimiento asambleario y lanzamos nuestra propuesta de cuál Constitución debería relevar a la de 1961. Considerábamos que muchas de las cuestiones que se introdujeron eran avances, principalmente lo relativo a derechos sociales y derechos humanos; sin embargo advertíamos de los peligros del excesivo centralismo y de muchos retrocesos en lo económico, incluso comparándola con la de 1961. Con la firme convicción de que la Constitución de 1961 debía ser cambiada, pero a la vez oponiéndonos a la que se proponía sancionar en 1999, decidimos abstenernos dejando claros cuáles eran nuestros motivos.

La historia reciente de los últimos 13 años es más conocida y en ella nos hemos ganado un lugar en la lucha contra este régimen despótico, oprobioso, estafador y autocrático. Hemos contribuido con todas nuestras posibilidades a desenmascarar la farsa de este “proceso” que nada tiene de revolucionario.

BR ha hecho de la verdad no tan sólo un valor ético sino una cultura política que hemos asumido a todo riesgo y que hoy es imprescindible para que la Política (en mayúscula) no siga siendo asociada a la trampa, el manejo turbio y la mentira. Defender los intereses de los trabajadores, de nuestro pueblo y de nuestro país es el gran compromiso que siempre nos ha guiado y que hoy reivindicamos como característica de la autenticidad revolucionaria.

¡LA ESPERANZA ES EL CAMBIO POPULAR!

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