El mal llamado “aumento” de 30% decretado por Maduro resulta una burla para los trabajadores y sus familias. Una vez más, el tiro salió por la culata, pues lo que produce es rabia en el pueblo, ya que ante una escalada de precios de casi 900% —según cálculos seriamente sustentados— y una inflación de más de 200%, la gente no se come el cuento de las bondades de este ajuste, que solo es un engaño con fines electoreros. La ciudadanía, cuando va al mercado en busca de algún producto o bajo el inclemente sol en las inmensas colas callejeras, sabe que esos billetes extra no le alcanzan para casi nada, y entonces aumenta la rabia y la irritación.

El incremento de precios viene determinado, entre otras razones, por la especulación producto de la escasez, la inflación y los canales de comercio alternos estimulados por el gobierno (el más conocido, el “bachaqueo”), que junto a la múltiple paridad cambiaria —que tan jugosas ganancias ofrece a los corruptos vinculados a la importación— han creado esta locura económica que vive el país y enriquece a una minoría mafiosa. 
Esto ya no se aguanta. La gente está desesperada, muchas veces buscando un medicamento o unos repuestos para el vehículo familiar o para el transporte colectivo, que no encuentran ya que los corruptos se hacen de los dólares preferenciales para colocarlos en mejores espacios y obtener pingües ganancias.
El aumento del salario mínimo es una medida electorera que ni siquiera remedia la estrepitosa caída del salario real, que apenas recibe una pequeña nivelación compensatoria, pero —al no estar acompañada de medidas capaces de estimular la producción— este aumento será devorado de inmediato por nuevos incrementos de precios en la especulación y más inflación.
La otra estafa es el aumento del ticket de alimentación, que en realidad es una trampa brutal ya que no representa ninguna incidencia en los beneficios de los trabajadores porque no tiene incidencia en el ahorro ni en el salario real de quien trabaja. Es solo un dinero extra que tampoco cubre la inflación. 
Otro gran engaño sería decir que los aumentos de sueldo son el origen de la inflación, como aseguran algunos economistas dizque opositores. Mentira. La inflación es resultado de la destrucción del aparato productivo y la emisión de billetes sin respaldo por parte del Banco Central para pagar estos aumentos. Es al contrario. El aumento de salarios es presionado por la devastadora realidad de los aumentos de precios, la escasez, la destrucción de la oferta de productos y la destrucción del aparato productivo nacional.
Pero no les basta. Junto a este incremento demagógico, el gobierno anuncia un nuevo endeudamiento interno mayor a los cien mil millones de bolívares. Buena parte de los cuales son en corto plazo. Compromisos que suponen emisión de más papel moneda sin crecimiento del producto interno bruto (PIB), y por consiguiente este mayor endeudamiento público solo traerá más presión inflacionaria y más aumentos de precio.
Mientras tanto, la importación de bienes a 6,30, además de estimular el bachaqueo y la trampa, busca crear un espejismo en la gente, una nueva y más falsa ilusión de cara al proceso electoral. Anuncian avances importantes en el camino del triunfo contra la supuesta “guerra económica”, que refuerzan con la propagación de “denuncias” de supuestas incautaciones que pretenden evidenciarlo. Con ello esperan aumentar su muy menguado caudal electoral.
Esta maniobra no logra el efecto esperado. Por el contrario, la gente se irrita más, sobre todo cuando debe destinar su salario a la compra de una dieta alimentaria cada vez menos nutritiva y más precaria.
No podemos quedarnos pasivos a esperar un salvador, o que esto se resuelva por un golpe de suerte. Es el tiempo de la movilización, de pelear contra la burla y el alto costo de la vida y por un aumento general de sueldos y salarios, acompañado de medidas que impidan que se convierta en sal y agua. Pero aumento sin cambio político tampoco funciona. A la par, debemos promover el voto para quienes de verdad representan el cambio y no la cohabitación con el poder chavista, debemos luchar por un cambio en la conducción política de la nación, capaz de echar las bases para el desarrollo y el bienestar de los venezolanos. Una oposición de verdad.
Cualquier fórmula de continuidad —así cuente con el apoyo de los factores colaboracionistas dentro de la oposición y de las oligarquías nativa y extranjeras— solo servirá para alargar los sufrimientos y penurias del pueblo venezolano. La lucha por un cambio de verdad y urgente no se hace esperar. El programa de Reconstrucción Nacional debe ser elemento fundamental para constituir una nueva, superior y más amplia unidad que encare con valentía los retos que nos plantea la catástrofe que hoy sufre nuestro país. Nuestro pueblo tiene suficientes reservas morales, sociales y políticas para edificar una sociedad de progreso, bienestar y desarrollo, que eche al basurero de la historia a este régimen despótico y autoritario y abra las alamedas a la libertad, la felicidad y la prosperidad.

Comité Político Nacional
Caracas, 18 de octubre de 2015

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