Revolucionario, socialista, de izquierda, son palabras que le quedan grandes a muchos, especialmente a quienes pretenden identificarse con ese modo de pensamiento amparados bajo la ambigüedad de un híbrido de ideas que no tiene coherencia entre la práctica y la teoría. Esa, lamentablemente es la filosofía del socialismo del siglo 21 que se practica en Venezuela.

Un gobierno que reprime, persigue a la disidencia, amenaza y cercena libertades jamás puede denominarse de igualitario. Una cosa es la legitimidad de origen y otra el ejercicio del poder y sus hechos.


Debilidad en ambos bandos
Los acontecimientos de calle que se iniciaron en febrero de este año dejan varias lecturas para el análisis, revirtiendo los augurios de los puristas sobre los riesgos de tomar la calle. Mas daño hizo, en todo caso, la dispersión de criterios.
La resultante de aquellos días es que tanto gobierno como oposición salieron debilitados mientras el liderazgo estudiantil comienza a tomar cuerpo. Lo que si no parece detenerse es la caída libre de la popularidad del gobierno.
Los hechos de febrero también dejaron al descubierto el instinto represivo del gobierno y su escasa capacidad de tolerancia. Lo demás, lo reflejan todas las encuestas, incluyendo la de Schemel.
Injusto caso
Esta nueva generación de estudiantes tiene piso y características propias. No es un símil de la generación del 28. Es la del 14 que ha tenido que sobreponerse a una bota opresora que persigue hasta conculcar libertades. Los contextos, obviamente son distintos.
Lo cierto es que nunca antes en el país los estudiantes habían sido víctimas de tantos vejámenes ni de una persecución tan continua que finalmente ha terminado encarcelándolos por solo delito de disentir, reclamar justicia, presupuesto justo para las universidades y bienestar.
Cientos de jóvenes estudiantes que han sido presos con expedientes maquillados de delitos inexistentes. Muchos de ellos han recobrado su libertad de manera condicionada como si el hecho de estar en la calle o pensar distinto a este desastre fueron un delito y un crimen de guerra.
Uno de los casos mas injustos, es el de Sairam  Rivas, representante de la generación del 14 que ha logrado sobresalir por su coraje y determinación. Acción imperdonable para los mediocres que no han podido detener su ascenso como dirigente estudiantil quebrando el tubo del centro de estudiantes de su escuela en la UCV.
Su participación cívica y combativa en las protestas de febrero la mantienen bajo encierro en calabozos de la policía política. Lejos de doblegarse, la prisión ha fortalecido a esta joven dirigente que no está dispuesta a negociar sus ideas bajo ninguna circunstancia. La dignidad es su carta de presentación.
Ejemplo de lucha
Sairam Rivas está detenida sin ninguna causa y debe ser liberada. Lo contrario es entender que se abusa del poder para callar las voces
Sairam no está sola. Son cientos de miles los que piden su libertad que ya tuvo como antecedentes agresiones físicas de parte de los colectivos cuando solicitaba justicia por otros compañeros detenidos. Mantenerla mas tiempo presa es una arbitrariedad que en nada ayuda al gobierno.
El 8 de mayo, entre gallos y medianoche, artificio predilecto del gobierno, Sairam y el grupo que estaba acampando en la Plaza Alfredo Sadel son injustamente detenidos y trasladados al Comando Regional 5 donde comenzó un penoso periplo en celdas del Palacio de Justicia y el Sebin.
Entre las múltiples afrentas a su dignidad personal está el hecho de pasar casi dos meses sin ver la luz solar, además de las restricciones y el trato despectivo como si se tratara de una prisionera de guerra.
Sairam Rivas es el ejemplo de una Venezuela que lucha en resistencia y que jamás, por muchas que sean las presiones, va a claudicar ni a doblegarse.
Pedimos su libertad y la de todos los presos políticos y le recordamos al gobierno que tanto ensañamiento no hace otra cosa que mostrar los protuberantes puntos de sutura de un gobierno que se dice democrático pero que actúa con un garrote verde oliva.

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