Violencia individual, conflictividad social y el inevitable cambio político

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VENEZUELA VIOLENCIA SAQUEOS
Hisvet Fernández | @HisvetF

Hisvet Fernández | @HisvetF

Investigadora en Psicología Social y Sexualidad. Profesora de Psicología Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado.

 

Las personas necesitamos niveles de estabilidad y acceso, en las condiciones materiales de existencia mínimas para mantener una estabilidad emocional en rangos considerados de “normalidad”. No es esta palabra la mejor para utilizar cuando hablamos de actuaciones humanas, pero sí la que la mayoría logra entender con facilidad. Las personas somos seres que funcionamos bajo la dinámica de nuestras dimensiones biológica, psicológica y social, y por más esfuerzos que se hagan por que no sea así, lo que pasa en cada una de estas dimensiones afecta irremediablemente a las otras.

Cuando las condiciones materiales de existencia y su acceso (social o masivo) se convierten en una calamidad para la mayoría del país, como que la Canasta Básica según Cendas Mayo 2016 se ubicó en Bs 303.615,19 y la Alimentaria en Bs 226.462,17, lo que significa 20 salarios mínimos para adquirirla, esta mayoría empobrecida dará muestras de afectación psicológica y por lo tanto reaccionará en colectivo con niveles mayores de conflictividad social.

Cuando las carencias están directamente relacionadas con la sobrevivencia mínima, las reacciones serán más fuertes tanto individual como colectivamente.

Cuando nos referimos a las condiciones materiales de existencia y su acceso, también tenemos que tomar en cuenta que no todas las carencias producen las mismas afectaciones y reacciones. Poder acceder a viajes, paseos, recreación, buenos trajes, artículos de confort, incluso vivienda, educación, y en general eso que se llama la “buena vida”, que en mi opinión es el conjunto de Derechos Humanos de esta época, no es lo mismo que no poder acceder a los alimentos, las medicinas, el agua, la luz, el gas, el salario mínimo. Hay diferentes carencias y de acuerdo a la falta, producen diferentes reacciones personales y colectivas. Cuando las carencias están directamente relacionadas con la sobrevivencia mínima, las reacciones serán más fuertes tanto individual como colectivamente.

En Venezuela hemos vivido un franco deterioro de las condiciones materiales de existencia en los últimos años, pero en los últimos dos, hemos dado un salto cualitativo que nos coloca en una situación nunca vivida en cuanto a la escasez y el difícil acceso en general a los productos básicos. Esto se encuentra por el orden de 58,9% en el mes de mayo de 2016 según Econométrica, con una escasez de alimentos y bebidas de 83,4% (aceites y grasas 99,2%, semillas oleaginosas 93,6% y azúcar, chocolates y derivados 91,9% y carnes 89%), mientras la de productos de primera necesidad fue de 84,9% (97,6% en productos de cuidados personales y 67,3% en productos cuidados del hogar). Esta situación toca la sobrevivencia de la colectividad.

Esto se acentúa diariamente y tiende a profundizarse en los productos de primera necesidad. Pero empeora al no tomar medidas correctivas ni permitir los cambios necesarios para superar la situación, incluso los cambios políticos que puedan atemperar las reacciones de la colectividad, sometiendo así a la población a una situación extrema de afectación y por tanto obligándola a situaciones también extremas de reacción.

Violencia y sociedad

Los seres humanos, cuando están [email protected] a situaciones extremas en las cuales sienten la incapacidad de responder ante sus necesidades y la de sus familias, se ven [email protected] de niveles de angustia excesivos y no controlables de manera cotidiana con sus propias recursos, tanto materiales como espirituales.

Solo una actividad como hacer mercado o adquirir cualquier producto, es hoy una tragedia para la mayoría de la población venezolana.

Esta situación les lleva a la pérdida de su salud mental y social. Nuestra población está hoy viviendo el día a día con preocupación excesiva, alteración mental, irritabilidad, impotencias, contradicciones constantes, ansiedad, miedos, rabias, sentimientos de injusticia, de minusvalía, depresión y/o agresividad, lo que acarrea repercusiones físicas a su salud y enfermedades nerviosas generadas por la situación crítica y la imposibilidad de manejarla. Solo una actividad como hacer mercado o adquirir cualquier producto, es hoy una tragedia para la mayoría de la población venezolana.

Vemos como hay un aumento en el número de consultas psicológicas, incluso de niños/as que asisten por crisis de ansiedad, trastornos de pánico, de humor, del sueño y depresión. Una mamá comentaba, en una cola, que su hijo de 8 años le dijo: “Mamá, nunca olvidaré esta época tan horrible, estas colas tan largas y esta hambre de todo y te prometo que nunca más votare por ellos”, en alusión a la crisis y al Gobierno actual. Este es el sentimiento manifestado por un niño de 8 años que se vuelve escándalo colectivo para expresar lo que se está cocinando en el sentimiento en Venezuela.

La reacción individual inequívoca es la ira y su consecuente deterioro de la salud mental y la alteración emocional, pero la reacción colectiva es la lucha social

Buscar a toda costa el alimento es a la necesidad alimentaria la respuesta individual, el equivalente de lo que la conflictividad social es a la grave situación generalizada que vive la población. La reacción individual inequívoca es la ira y su consecuente deterioro de la salud mental y la alteración emocional, pero la reacción colectiva es la lucha social. Esta se presenta, en un primer momento, espontánea y sin objetivo claro u organizado o sin objetivos políticos y sociales definidos. La primera e individual es una alarma que si no es atendida oportunamente, se vuelve una calamidad social. Pero la segunda, contradictoriamente, es el camino para la solución general.

Conflictividad social y cambio

A la par con esta grave situación, que rebasa con creces las reacciones individuales, observamos reacciones colectivas espontáneas que nos dan muestras de una conflictividad social que se incrementa y que por más intentos de manipulación discursiva para tapar la realidad o tergiversarla por parte de actores políticos, y por más represión que se ejerza sobre la población por parte de actores policiales, militares e incluso grupos de civiles armados del Gobierno nacional, no hay manera de pararla.

De manera natural y socialmente sana, la población cuando ve sobrepasada su posibilidad individual de solucionar la situación adversa, y cuando esta situación es compartida por tantas personas de manera similar, busca los canales colectivos para darle respuesta.

La crisis alimentaria ha detonado una escalada de conflictividad social preñada de violencia en igual proporción al no acceso a los alimentos y productos de primera necesidad

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró en mayo de 2016 al menos 641 protestas y 52 saqueos y 32 intentos en los primeros 5 meses de 2016. Las protestas por alimentos aumentaron 320 % en comparación con mayo de 2015. Son 172 protestas por escasez y desabastecimiento solo en mayo de 2016. Estamos hablando de 21 protestas por día en Venezuela, 37% más que en mayo 2015. La crisis alimentaria ha detonado una escalada de conflictividad social preñada de violencia en igual proporción al no acceso a los alimentos y productos de primera necesidad, que es vivida como violencia social con responsables bien identificados.

Cofavic considera en un comunicado público que “los hechos del Caracazo deberían estar presentes en la memoria histórica de nuestras autoridades y hacer todo su mejor empeño para evitar que se vuelva a repetir en nuestro país una situación tan grave, que dejó enlutados a centenares de hogares venezolanos y que manchó de manera generalizada la memoria institucional e individual de nuestras fuerzas de seguridad”. Continua el comunicado planteando que la situación del país es grave y debe ser atendida sin dilaciones. “La proporción de un desbordamiento social es inimaginable en las condiciones actuales de violencia endémica y frustración que presenta Venezuela”.

Ante situaciones de conflictividad social las soluciones deben ser oportunas, eficientes y bien conducidas para que puedan absorber la conflictividad social, evitando su desborde y representar aspiraciones inmediatas, mediatas y a largo plazo de la población que está en conflicto. En este sentido, en Venezuela más de un 80% de la población se ha manifestado por un cambio político democrático como lo es el referendo revocatorio al Gobierno nacional, y léase bien se trata del revocatorio al Gobierno, no solo al presidente Maduro.

Por esta razón, quienes están liderando las instituciones del Estado, en especial el CNE y el Ejecutivo nacional, deben asumir la responsabilidad de facilitar el camino que ya el pueblo venezolano escogió según indican todos los estudios de opinión, incluso oficialistas, como es el referendo revocatorio. No hacerlo, y colocar obstáculos, es colocar al país en el camino de más violencia y estimular un enfrentamiento muy peligroso entre las fuerzas militares y el pueblo desbordado en las calles.

El pueblo venezolano quiere cambio de Gobierno, no solo cambio de Presidente. Por eso está dando la pelea en las calles con una especie de revocatorio en las calles. No escucharlo es un acto autoritario que no quedará impune, dadas las consecuencias que traería. Esa es la solución que tenemos y que debemos asumir como ciudadanía, con toda responsabilidad.

Foto: www.gusivision.com.ve

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