Nuevamente el régimen nos pone a los opositores a la defensiva luego del llamado a elecciones presidenciales, lo cual  nos ha llevado a discutir si participamos o nos abstenemos. En honor a la verdad, desde que el chavismo tomó el poder, cada cierto tiempo saca una medida populista, inmediatista o electoral para poner a la oposición en un dilema casi que existencial.

¿Cómo enfrentamos a la dictadura?, es la pregunta que muchos se hacen. ¿Ignorándola, participando, absteniéndononos, en la calle, denunciándola? Pues en esas discusiones se nos ha ido una parte importante de estos casi 19 años del régimen chavista. No niego la necesaria y oportuna discusión o debate sobre el punto de ir o no ir, participar o no participar en el proceso electoral convocado. Pero sin antes definir el con quién, para qué y cómo, dentro de una estrategia y táctica adecuada, no tiene fuerza y credibilidad ni sentido convocar a la participación del pueblo en esa jugada.

El con quién, para qué y cómo, es lo que le dará la fuerza y el empuje a la decisión final de ir o no ir a los centros electorales a ejercer el derecho a votar. Desgastarse en discusiones estériles y burocráticas en nada sirve para lograr la salida del régimen. Por eso es importante que el ciudadano de a pie, el pueblo llano, se organice para así tener la fuerza suficiente para llevar a cabo una política que represente y defienda sus intereses, sea ésta votando, rebelándose o la combinando distintas formas de lucha, como lo hizo durante varios meses del 2017, cuando se puso contra las cuerdas a la dictadura con la segunda rebelión democrática del siglo XXI. Esto último se ha reiterado y señalado muchas veces y lo seguiremos haciendo hasta el cansancio, ya que es la forma más auténtica, poderosa y democrática de lograr el cambio político que necesita Venezuela.

Delegar la dirección política y económica solo a tecnócratas, burócratas o a supuestos líderes que por una cuestión meramente coyuntura se convierten en representantes del pueblo, es un error que el pueblo no debe seguir cometiendo, ya que el pueblo es quien más padece y conoce su realidad, además de que tiene la capacidad y madurez para dirigir su propia acción política. ¿Qué ha pasado en estos años? que el pueblo, al no estar organizado, es fácil de manipular o engañar por supuestos líderes o representantes, cuando en realidad solo  buscan al pueblo cuando lo necesitan para sus intereses grupales e individuales. Esas posiciones han impedido y obstaculizado el verdadero avance de una organización popular y democrática en la ciudadanía. Esas actitudes de sectarismo y prepotencia lamentablemente se ven  en el quehacer de la oposición en Venezuela, y creen que porque hoy tienen votos, diputados y alcaldes o tienen los recursos económicos para proyectarse, los convierte en los máximos representantes de la oposición y del pueblo. Eso, por lo mínimo, es un acto de soberbia y prepotencia que solo los va convirtiendo en meros charleros de la política venezolana.

Ese es el gran obstáculo que debe sortear el pueblo para poder dar la discusión y el debate necesario. Asimismo, se debe atender la organización de base que se necesita para poder salir de manera urgente de este régimen que nos está matando de hambre. Definir el con quién, el para qué y el cómo, desde una visión del pueblo es lo más sensato. Pero para las elites no, porque implicaría desprenderse de algunas cuotas de poder que no están dispuestas a ceder.

El definir una línea estratégica y táctica como pueblo organizado para unificar y accionar, dejaría en segundo plano la discusión sobre el punto de participar o no participar en el proceso electoral. Lo fundamental, lo principal y urgente es discutir cuál es la estrategia y la táctica para enfrentar victoriosamente a la dictadura madurista. Tener esto claro dinamizará el accionar opositor y del pueblo en general, y se podrá definir si participar en las elecciones convocadas por la dictadura, que es solo un episodio y una forma de lucha, más no la única.

Dictar una línea política desde las alturas de un cargo político o burocrático, sin palpar el sentimiento y opinión de la gente, no es más que el reflejo del distanciamiento entre quienes se creen los representantes del pueblo y los verdaderos intereses de éste. Es como aquel, que se queja de las colas o de la falta de alimentos, pero nunca ha hecho una cola ni ha pasado hambre. Esos que ven la realidad pero no la sufren, son, entre otros, los que limitan y obstaculizan la organización del pueblo.

Por eso el dilema es cómo nos organizamos para dar la lucha en todos los escenarios que la realidad nos presente. El dilema es la definición de una estrategia unitaria que combine distintas y disímiles formas de lucha para enfrentar a esta dictadura. Ese es el dilema y al cual que hay que darle salida con urgencia y rapidez, sin sectarismos exclusiones, grupalismo o intereses personales. Este debate pasa por acordar una propuesta programática de cara al pueblo y confiando en que en sus manos está la reconstrucción nacional. Con su aporte no solo en la salida del régimen, sino también con su participación real en la nueva política de la recuperación económica, política y social del país; que el pueblo se convierta, a través de las asambleas ciudadanas y/o populares, en agente del cambio democrático y popular. Solo así se podrá dar al traste con este régimen oprobioso delincuencial y militarista ,y enrumbar a Venezuela por la senda de la democracia, el progreso y el bienestar.

Es urgente una  vanguardia, una dirección política que oriente el movimiento espontáneo del pueblo, que ha demostrado hasta la saciedad disposición a luchar. Necesitamos un vanguardia con inteligencia, con cultura, con sentido de patria, sentido del cambio, con compromiso unitario, que responda a los intereses de las mayorías. Esos elementos son parte fundamental de esa dirección política que el pueblo anhela y exige. Que permita dar golpes certeros y puntuales al régimen como respuesta a cualquier acción dictatorial que busque distraer, confundir o maniobrar para que las mafias permanezcan en el gobierno. Nuestra fortaleza radica en el accionar en conjunto, en unidad, con una solo línea de acción y una solo voz de mando, luchando por los mismos objetivos e intereses. Cuando esto último esté claro, el pueblo, debidamente organizado, se sumará entusiastamente a luchar, a movilizarse y la discusión de votar o no votar, que en este momento es lo inmediato, será secundario, ya que con un pueblo organizado puedes presionar y arrinconar al régimen con el propósito de que sean sus intereses y los de Venezuela los que prevalezcan.

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