El asunto es que no se aprecia que exista algo de eso. Condiciones como las que hemos vivido o sufrido para salir de la dictadura parecen extremas. La hambruna, la migración, el deterioro de todo, de los servicios, la educación, la pérdida de empleos, entre muchas otras cuestiones, resumen las condiciones objetivas. El descontento no se ha hecho esperar. Las manifestaciones de disposición de la gente han sido claras. Una y otra vez el pueblo, las grandes mayorías, han expresado sus deseos de cambio en todos los terrenos. Allí se resumen las condiciones subjetivas en buena medida. Pero no bastan. Hace falta una dirección política. Es imprescindible. Así se completarían las condiciones subjetivas.

De allí que pareciera que existe la necesidad de que se aclaren algunos conceptos. Es probable que exista ignorancia al respecto. O bien, deben ser recreados y ubicarlos en la circunstancia actual. Podemos generalizar señalando que la estrategia y la táctica tratan de la sabiduría para dirigir la lucha política. Por lo que se trata de un asunto fundamental del combate político, más cuando estamos en medio de momentos definitorios en favor o en contra de un lado u otro. Momentos de definiciones y de equilibrios que bien pueden encontrar en esta sabiduría hacia donde se incline la balanza.

La estrategia debe partir de las fuerzas con las cuales contamos. Además, las reservas. Es fácil establecer que las fuerzas principales las encontramos en el más grande descontento de la gente contra la dictadura. Las reservas podemos establecerlas en la presión internacional, así como en la agudización de las contradicciones entre las grandes potencias y de su aprovechamiento en favor del desalojo de la dictadura.

La estrategia, a su vez, alude al golpe principal en cada situación concreta. Eso, en momentos, ha sido definido por la oposición. Al menos en una oportunidad, a finales de 2018, el Frente Amplio, lo definió con claridad, pero luego se fue difuminando ya que no hubo prosecución en la línea política acordada. Salir de la dictadura con base en lo establecido en la Constitución, para buenos entendedores fue lo definido.

Posteriormente se hacen cosas que no van en esa dirección. Circunstancia que confunde. Debilita las fuerzas. Esa fusión entre la circunstancia política y el objetivo estratégico debe ser aprovechada al máximo, de lo contrario el enemigo avanza. Se recupera y puede hacerse, nuevamente, de la iniciativa política. Eso ya nos ha pasado. De allí que estas definiciones son de urgencia. El objetivo estratégico y el camino a seguir. El que debemos privilegiar. En torno del cual deben articularse todas las formas de lucha y las maniobras tácticas.

La táctica, por su parte, debe servir en todo momento a la estrategia. No se debe confundir la estrategia con la táctica. Sobre todo en momentos en los cuales el objetivo estratégico está en el tapete, como es la circunstancia que nos ocupa. Debe atender lo relacionado con la combinación de las distintas formas de lucha y organización.

Como vemos se trata de asuntos que deben ser definidos de manera clara. Si la oposición en verdad tiene la disposición de acabar con el oprobio imperante debe constituir un estado mayor que esté formado de manera amplia, por gente que en verdad atienda estos asuntos con la sabiduría y disposición del caso. Es la mayor exigencia a la nueva unidad a constituirse.

La personalidad y el liderazgo

La personalidad en la historia juega un papel importante en el curso de los acontecimientos. Haciendo a un lado aquello del caudillismo, del mesianismo, que no es algo particular de los venezolanos, se requiere de personalidades que se pongan al frente de esta dirección política.

En cualquier caso, las condiciones históricas van creando sus personalidades. En favor o en contra de los pueblos. Chávez es un claro ejemplo de cómo determinadas condiciones históricas pueden configurar una circunstancia en la cual un individuo de esa calaña juegue el papel de héroe.

Caudillismo o mesianismo se han realizado a plenitud en Europa. Los países más desarrollados en términos capitalistas, también de los más cultos, han sufrido del despotismo personal en una manera dantesca. El nazismo y el fascismo es su expresión acabada. Franco en España, precisamente llamado el caudillo, también es una muestra clara al respecto, aunque no gozaba del carisma de sus colegas.

El protagonismo popular, de las masas, de la gente, tiende a ser acallado por quienes entienden la historia desde esta orientación mesiánica. Pero, a la postre, son las masas las que hacen la historia y serán quienes interpreten correctamente sus aspiraciones los que pasarán a la historia como sus genuinos representantes. Como dignos representantes de un momento histórico. Será la historia la que los colocará allí o no.

El liderazgo que demanda la sociedad venezolana en estos tiempos será de quienes, siendo ejemplo de entrega desinteresada a la lucha contra la dictadura, también lo son de probidad en el manejo de recursos.

La fuerza del ejemplo

La ética y la moral son asuntos a atender en el contexto de la estrategia y la táctica. Sus objetivos deben formar parte de los principios superiores. El objetivo principal de salir de la dictadura debe guiar la política unitaria y las decisiones políticas acerca de las formas de lucha y organización.

De esta manera, la política, sustentada en la ética concreta que imponen las circunstancias, le darían un perfil que la haría, a su vez, más eficaz. Abonaría en la construcción de una fuerza material concreta. El ejemplo de quienes dirigen sería, en sí mismo, una fuerza poderosa.

Hay que borrar el bochorno de quienes se vendieron en la Asamblea Nacional, única institución realmente legitimada con la votación ciudadana. El chavismo, confiado en la posibilidad de encontrar gente de esta estirpe, seguramente seguirá en esta política de perversión. La descomposición ha llegado a tal escala que la actuación inescrupulosa es vista por la irracionalidad chavista como jugadas políticas legítimas. Pero la barrera no puede ser otra que el compromiso y la probidad.

Vivimos tiempos difíciles. Pero podemos crear vientos de optimismo. Todo dependerá de la posibilidad de labrar una nueva unidad política sustentada en el principio ético de colocar los intereses superiores por encima de aspiraciones particulares.

A esto debe contribuir la formulación de un programa político que anime a las grandes mayorías. Se sigue oyendo la especie según la cual un cambio político va a significar más sacrificio para los trabajadores. Bajo el argumento de que la crisis es muy profunda, según esta tesis, deberemos pasar un período de grandes penurias. Pero, en cambio, se señala que deben brindarse garantías a los creadores de empleo. Que el empresario debe gozar de la ventaja absoluta de que sus rendimientos estarán garantizados. Vaya cosa. Ni tan calvo ni con dos pelucas. Se trata de conciliar aspiraciones. Se trata de reunir consensos que permitan marchar juntos. El sentido nacional puede permitir encontrar el equilibrio. Los trabajadores deben encontrar satisfechas sus demandas inmediatas. Lo que se logra con producción para satisfacer la demanda interna. Producción con interés nacional y popular. Más en un país que bien puede superar esta tremenda crisis de manera rápida, contando con el espíritu de trabajo del venezolano y su preparación y de las inmensas y variadas riquezas de nuestros suelos.

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