Para los economistas, chavistas u opositores, neutrales o nini, la crisis será superada, o atemperada, luego de atenderse el comportamiento de las variables macroeconómicas. El problema lo ubican en los controles, la indisciplina y desequilibrio fiscal, la inflación, en la no unificación del tipo de cambio, principalmente. Su superación, por tanto, la alcanzarían con la adopción de medidas que apunten a revertir cada uno de estos comportamientos erráticos, sin ubicar para nada el problema de la distribución de la riqueza nacional. Por lo que no se atiende lo medular de la crisis.

La crisis venezolana es, como dice uno que otro agente económico, un asunto multifactorial. Esto es, son muchas sus determinaciones y eso es cosa cierta, claro está. Solo que analizar el asunto obliga a establecer cuál es la determinación principal. Los economistas, al menos una inmensa mayoría de ellos, la ubica en los controles. A partir de allí se resuelve el problema bajo la guía de las fuerzas del mercado que distribuiría, de manera armoniosa, los factores de la producción y el cambio. ¡Vaya dogma!

Es por ello que alertan, permanentemente, que debemos tragarnos el sapo lo más pronto posible; que hemos esperado demasiado y que mientras más pospongamos las medidas, la cosa será más grave. Son medidas draconianas que para nada se pueden obviar según esta perspectiva. Claro, que afectará a la gente, afectará a los que viven del salario, no a los que importan, a los que juegan con la especulación, a los que forman parte de la banca, entre otros. O sea, afectará a quienes se inscriben en aquella expresión que hiciera culta el maestro Uslar Pietri, ¡los pendejos! Premisa que en nada entusiasma a la gente a apoyar a quienes esto proponen.

La esencia del origen de esta crisis, eso parece ya indubitable, la encontramos en una política -que sí la hay- que sustituyó la producción nativa por la importada. Se crearon condiciones óptimas para que el producto importado adquiriera una gran capacidad competitiva frente a la producción interna como esa de importar a dólar preferencial. Se quiebra buena parte de la planta y se gasta en bienes importados. En defensa del chavismo, esto no fue su invento, pero sí fueron ellos quienes lo llevaron a su máxima expresión.

Salir de la crisis con base en no afectar a los dueños de los medios de producción, bajo el argumento de que ellos son los creadores de empleo y no se les puede espantar, luce muy propia de un sentido común: el de los ricos. La gente que no posee nada salvo su talento y capacidad para el trabajo, lo más que puede hacer es emigrar. Pero siempre hay más. Hay, por ejemplo, una gran reserva de fuerza de trabajo. En la medida en que -siguiendo el dogma- se levanten los controles y dentro de ello, se “sinceren” los precios, como en efecto se viene haciendo, las ganancias suben y la pobreza crece. Con ello se satisface a los de siempre para que no emigren, que no emigren sus capitales, claro. Pero, crece la elongación y con ello el descontento, la rebeldía y la búsqueda de una salida distinta.

En definitiva, vivimos una disyuntiva. Eso explica que no aparezca una salida clara del lado del gobierno, que no sea lo mismo hecho y dicho hasta ahora, y la esperanza de que suban los precios del crudo, mientras subastan las riquezas del país para hacerse de un dinerito y mantener la ruta trazada por “el comandante”. Son muchas las oraciones para que suban los precios del petróleo, que acompañan a las que lanzan para que llueva. Pero parece que los dioses le juegan la mala pasada que le hicieron en su oportunidad a otras culturas. No aparecen los milagros sino hasta que así lo determine la naturaleza, o las leyes de la economía del capital.

Por su parte, la mayoría de los factores de la oposición no dicen mucho al respecto, salvo los economistas, que dan la cara de manera ejemplar en favor del capital. Parece que decir lo que piensan realmente, luce impolítico. Razón tienen. Ya con los asomos en la Asamblea Nacional hay suficientes evidencias.

Mientras, los episodios en las tablas del principal teatro de la política, sigue su secuencia. Ya comienza a cansar a muchos. Pero la función debe continuar. Es un riesgo para ambos contenedores. Pero el chavismo busca sacar ventajas no solo con los rezos sino también tratando de sembrar alguna esperanza con la puja de la gran subasta del país.

Sacar a Venezuela de la crisis luce controversial. Producir para satisfacer las necesidades de los venezolanos con bienes nacionales supone un serio compromiso, que pasa por afectar a quienes han buscado la ganancia fácil yendo en contra del interés nacional. Qué decir del popular. Producir venezolano supone proteger la economía nacional. Esto es, nuevas relaciones con el exterior. Nueva política bancaria que, haciendo barato el crédito, se canalice el ahorro social a la producción. Una nueva política impositiva basada en el impuesto progresivo a la producción de bienes y servicios y no el tributo al ciudadano. Una nueva política económica que no afecte al hombre trabajador sino a los que crearon este desastre. Esa debe ser la salida. Seguir el camino griego no parece conducir sino a un mayor desastre.


Tomado de Efecto Cocuyo

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