Alguien, identificado con el régimen chavista y a quien no conocemos, buscaba argumentos para defender el llamado “proceso”. Señalaba que en la tradición petrolera y la cultura rentista del país estaba la raíz de la crisis que padece la gran mayoría de venezolanos. Al menos guardó la decencia hacia la inteligencia venezolana de no hablar de una guerra económica. Sin embargo, dio como para que dijéramos algunas cosas al respecto.

Quienes asumen hacer una revolución deben revolucionar. Sobre todo, fundamental y principalmente, revolucionar el desarrollo de las fuerzas productivas. Educación, salud, servicios en general y medios de producción, deben ser revolucionados. Las proezas de la revolución soviética guarda dos momentos emblemáticos en su desarrollo: en plena guerra civil, entre 1917 y 1920, y luego de la segunda Guerra Mundial. La destrucción de la economía encontrada por los comunistas, dirigidos en el primer caso por Lenin y en el segundo por Stalin, es de una magnitud suprema. Sin embargo, los comunistas de aquel momento no le echaron la culpa a nadie sino que se pusieron a construir. Desarrollo diversificado en grado sumo, comenzando por la industria pesada. Sustituyeron importaciones por producción nacional.

La proeza de los republicanos entre 1931 y 1939 es también emblemática. Aún en medio de la guerra, su proeza no tiene parangón en la historia de España. No acusaron los republicanos al Gobierno anterior de nada. Se pusieron a construir. Igual, podemos decir del Che, hasta que su obra incipiente es traicionada y se entrega la revolución cubana a la llamada división internacional del trabajo socialista, aprobada por los revisionistas bajo el mando de Kruschev y asumida por Fidel y Raúl Castro. El Che, por cierto, siendo presidente del Banco Nacional de Cuba, cambió el signo monetario en dos días, luego de lo cual se fortaleció el nuevo signo y, por ende, aumentó el poder adquisitivo del pueblo cubano. Ejemplo que la historia económica, incluso burguesa, no puede esconder.

En Venezuela, a estas alturas, resulta ridículo eso de culpar al Gobierno anterior. 19 años es mucho en una llamada revolución en un país como Venezuela. Nada se ha hecho para sustituir importaciones por producción nacional. Nada se ha hecho para afianzar el desarrollo de la industria pesada y la electrificación. Nada se ha hecho para recuperar al menos la producción nacional en rubros en los cuales antes se había producido un plus que permitía exportar ¡cuando los adecos y copeyanos! Tal es el caso de rubros agroindustriales, o el café. En aquel período se llegó a satisfacer cerca del 100% de la demanda interna de carne, 100% de calzados y textiles de producción nativa, rubros que se llevaron, en este período, a apenas 20% con la llamada revolución chavista. Son tantos ejemplos que demuestran que el chavismo llevó a su máxima expresión aquello de la sustitución de producción nativa por producción importada, que resulta una estupidez echar la culpa al Gobierno anterior.

Las leyes promulgadas por el chavismo afianzaron esta tendencia. Además de incorporarnos a Mercosur y establecer alianzas estratégicas con chinos y el Brics, se produce la Ley de protección y promoción de inversiones en 1999. Junto con las leyes de doble tributación del mismo año y el artículo 301 de la Constitución, sientan los chavistas, en conjunto, la base jurídica para que Venezuela se afiance como productora de petróleo a cambio de importar lo demás. Esto es, en la división internacional del trabajo se afianza el perfil de Venezuela como proveedor de petróleo a cambio de importar lo demás. No se hizo nada para hacer lo contrario.

Lo que debe hacer una verdadera revolución es sustituir la importación por producción nacional. Se hizo lo contrario, solo que esta vez a nombre de una revolución y llevada a su máxima expresión, profundizamos la desindustrilización iniciada por Cap II. Pero tampoco se hizo nada en materia bancaria, fiscal y tributaria, monetaria, deuda pública… Todo a su máxima expresión, de lo malo que hicieron lo adecos y copeyanos incluyendo la corrupción.

A nombre de una tal revolución se destruyó al país. A nombre de una tal revolución se sigue destruyendo al país. Ahora más con el Arco Minero. A nombre de la tal revolución pasaremos de país petrolero, a un país petrolero y minero, solo que ahora la destrucción de la economía irá pareja a la destrucción del medio ambiente y de las fuentes hídricas de la Guayana venezolana. ¿A quién echarle la culpa?

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