Venezuela me sigue generando desesperación, indignación y ganas de que todo cambie drásticamente. Sin más muertes qué lamentar, sin la pérdida de jóvenes valientes, sin más niños muriendo antes de ejercer por primera vez su derecho al voto, sin más heridos y detenidos y que logremos vivir, solo eso, vivir. Sin embargo, esa salida aspirada por muchos aún no se vislumbra al final del túnel.

Pero de todo lo que nos pasa como venezolanos hay una situación que considero es de las más preocupantes. La GNB y la PNB, ambos cuerpos de seguridad del Estado, que deben protegernos y en quienes como ciudadanos debemos confiar, se han puesto su mejor traje de verdugos, de asesinos, de inhumanos. Cada historia de horror materializada por efectivos de estos cuerpos de “seguridad”, es peor que la anterior. Actúan como delincuentes, muestran caras de satisfacción cuando cometen sus fechorías, parece agradarle lo que hacen, sus discursos ante las víctimas cuando agreden y violentan -según las historias que hemos leído y escuchado- dan cuenta de su deshumanización, del sadismo que los embarga, del disfrute de sentirse poderosos ante los ciudadanos que luchan un país y que no han cometido delito alguno.

Leyendo la última reconstrucción que conseguí sobre lo que paso con Neomar Lander, me preguntaba: el funcionario que disparó esa bomba, ¿sabrá que fue él quien asesinó a Neomar? Creo que debe saber ahora que mató a un chico humilde, de solo 17 años, que tenía sueños y deseos de vivir, planes y un futuro que él le arrebato. ¿Querría él matar a alguno de los manifestantes? ¿Qué sentirá? ¿Tendrá hijos? ¿Qué dirá su familia? ¿Les habrá contado que fue él quien disparó esa bomba? ¿Sentirá remordimiento o celebrará su acción?

Muy a mi pesar, mientras escribía este artículo, conocí de la muerte de Fabián Urbina, adolescente aún, por el impacto de una bala. Rápidamente recibimos un mensaje de voz enviado por Whatsapp que me dio la respuesta a mis interrogantes. “Lo que pasó, pasó…” fue una frase que dijo un funcionario de la GNB, con la que intentaba justificar la acción de un compañero al accionar un arma de fuego en el control de una manifestación en el distribuidor Altamira el pasado lunes, 19 de junio, donde además resultaron heridos al menos 7 manifestantes. Decía el militar que dejaba en la opinión de sus compañeros lo que ellos, en el lugar de quien accionó el arma, hubiesen hecho al verse “presuntamente” sin salida ante la acción de la manifestación, justificando disparar un arma de fuego y asesinar como una forma de defensa.

Esa frase la considero la peor muestra de deshumanización, decir que “lo que pasó, pasó” es pretender que se olvide lo sucedido, es minimizar la acción, es no reconocer los errores, es no asumir que se actuó mal, que se equivocó, eso a su vez supone la no rectificación, cuando no se asume un error, en este caso criminal. Es muy difícil reflexionar para cambiar la forma de actuar, es decir, en otra oportunidad, la acción será la misma.

No hay forma de justificar que un funcionario de la GNB lleve a una manifestación un arma de fuego, cuando está expresamente prohibido internacionalmente su uso para el control de manifestaciones. No hay forma de justificar que siendo tantos funcionarios los desplegados en cada manifestación, con disposición de motos y vehículos, digan que se sentían acorralados. No hay forma de justificar que un funcionario de la GNB se justifique con esa frase.

Entonces ¿qué pasará con esos hombres y mujeres cuando todo esto pase y comencemos la reconstrucción nacional? ¿Cómo se mantiene en cargos de seguridad nacional y ciudadano a hombres y mujeres que celebran y disfrutan asesinar sin razón, robar y humillar a quienes debían cuidar y proteger? ¿Cómo dejar la autoridad en quienes actúan como delincuentes? ¿Cómo se olvida que fueron ellos y ellas quienes día tras día asfixiaban al pueblo? ¿Cómo se olvida que fueron ellos y ellas quienes mataron a casi un centenar de venezolanos sin ninguna razón? ¿Cómo se olvida que disparaban bombas lacrimógenas en perfecta horizontalidad para que pegaran directamente en los manifestantes? ¿Cómo se olvida que usaron armas de fuego cuando está prohibido? ¿Cómo se olvida?

Las policías y los miembros de los cuerpos castrenses deben por antonomasia ser honestos, correctos, inspirar respeto y los que hoy forman parte de estos cuerpos de seguridad no cuentan con ninguno de esos valores, entonces ¿Cómo sigue la cosa? ¿Qué será de ellos en la nueva Venezuela? Esta pregunta, aún sin respuesta, ronda mi mente, insistentemente, ojalá también se pasee por la mente de todo el pueblo venezolano. El futuro también debe ser de justicia.

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