En la trágica situación en la que se encuentra Venezuela, para madres, padres, familiares y docentes ha sido cuesta arriba mantener a niños y niñas al margen de las noticias que impresionen o puedan quebrantar su “inocencia”, mantenerles fuera de esa información y de la realidad de las protestas, represión y enfrentamientos se ha convertido incluso en recomendación de profesionales. Pero por más esfuerzos que hagan, la realidad es avasallante, en especial para quienes viven o estudian cerca o en los sectores donde se dan dichos eventos, cada vez con más intensidad.

En muchos casos son víctimas en carne propia de la represión, de los gases lacrimógenos y de la pérdida directa de familiares y/o amistades bien sea por heridas, prisión o muerte. Según las cifras manejadas por el Ministerio Público, desde el inicio de las manifestaciones van 21 niños, niñas y adolescentes asesinados hasta el mes de julio de 2017. Sin embargo, las familias hacen esfuerzos por protegerle e incluso preservar sus tiempos de juegos, aunque a veces sea imposible.

El equivalente al papel del trabajo para las personas grandes, es el juego para las personas chicas. En la infancia, jugar es un ejercicio por medio del cual de manera natural vamos introduciéndonos en las reglas sociales y los valores que serán la base fundamental de nuestra ética y moral más adelante. El juego permitirá no solo el desarrollo físico-motor, sino también y en especial, el psicológico-emocional y moral. Para Vigotsky (pionero de la Psicología Social) el juego tiene dos componentes importantes: uno que lo coloca como factor de desarrollo, ya que permite saber, conocer y dominar objetos y/o situaciones desarrollando el pensamiento abstracto, y otro que lo ubica como un valor socializador donde a través de acciones espontáneas, socializas aprendiendo y transmitiendo valores, costumbres y la cultura que les rodea y que caracterizan el medio social donde viven y el tiempo histórico que les toca vivir.

Así, el juego deja de ser solo un rasgo predominante de la infancia para “perder el tiempo” y se debe apreciar como un motor del desarrollo, que sintetiza dialécticamente el proceso de madurez y exigencias del medio social necesarios para ser Personas. De allí la preocupación porque siempre y a pesar de cualquier circunstancia niños y niñas tengan espacios para el esparcimiento libre, no normado por grandes, ni mediado por artefactos u objetos. Libres para que la creatividad y la emocionalidad pueda desarrollarse y servir de mediadora en la socialización no solo como sujetos pasivos sino como sujetos activos de su propia historia.

El juego, desde esa perspectiva, es para el desarrollo de la niñez una herramienta que permite evaluar y conocer cómo se sienten, cómo están pensando la realidad y qué opinan sobre el mundo que les rodea. Aún en las peores circunstancias, durante la infancia jugaremos y en ese juego recrearemos la vida tal cual nos toca vivirla.

Recientemente nos sorprendió el articulo “Juego de niños en la rebelión de 2017” de Gabriel Blanco y por comentarios de otras personas en diversos sectores populares y en parques infantiles, ya se ven niños y niñas jugar con escudos de cartón, emulando a los chicos y chicas de la Resistencia. En este novedoso juego, unos debían ser de resistencia con la recreación de todos los implementos que ello implica (escudos, piedras y capuchas) y otros debían ser GNB. Al observar el juego también se notó que pocos querían representar el rol de ser la GNB. Este detalle en particular es lo que más sorprende, pues nos muestra cómo estos niños y niñas están valorando a los actores de la tragedia que les envuelve, dejando ver la capacidad de discernimiento entre el bien y el mal que tienen, lo que resulta en una sorpresa agradable, por supuesto.

Podemos recordar que en nuestra niñez jugábamos al “Policía y Ladrón” y obviamente en los juegos siempre se quiere estar en el bando ganador, en el bando de los “buenos” y en ese entonces ser policías, atrapar al ladrón y llevarlo tras las rejas, significaba ser bueno, estar del lado correcto, suponía entonces pelearse por representar ese papel. Quererlo, significaba que se iba por el buen camino en la formación de valores que nos llevaran a ser más adelante buenos ciudadanos, significaba mostrar valores positivos y distinguir claramente “el bien y el mal”, lo correcto y lo incorrecto en la sociedad.

Hoy, la realidad de nuestra infancia es diferente y se pelean por ser de la Resistencia, asumir el rol de jóvenes “libertadores” que pelean en las calles contra las fuerzas del Estado, contra la GNB y la PNB, es decir, contra la policía, representados como el “bien” y las fuerzas policiales como el “mal”. Lo que resulta en un dato curioso del significado que tiene este momento histórico y el papel que están jugando sus actores principales en la imaginación de nuestra infancia.

Por su parte, las “niñas” asumen el papel de colaboradoras, guías o “madres” de la Resistencia, las que ayudan para que no sean arrestados ni heridos, las que les orientan y apoyan, pero en ningún caso participan del lado de la GNB, estos no tienen esa figura femenina son solo hombres. La realidad de cómo con armas de fuego y gases tóxicos las fuerzas policiales y militares reprimen a jóvenes de la Resistencia parece marcar el valor simbólico que se le atribuye a estos nuevos actores de los juegos infantiles de hoy.

Paradójicamente, desear ser y parecer de la Resistencia significa también asumir, estar -hasta ahora-, en el bando que parece que pierde y que hasta pueden morir, porque no tienen la misma fuerza para enfrentarse -son piedras contra armas- lo que lo hace aún más peculiar. Pero es esto también lo que rescatamos del juego de hoy como elemento interesante y merecedor de estudio, es el rechazo a jugar en el rol de GNB, que se debería suponer son “los buenos”, el orden, el Estado.

¿Por qué será que las niñas no quieran aparecer en ese bando y solo son actoras de la Resistencia? ¿Será que nuestra infancia entiende el papel que la GNB está asumiendo como el de “Los Malos”? ¿La Policía y la Guardia perdieron el respeto y admiración que en otrora la niñez podía tenerles? ¿Se puede decir que hay un cambio en el significado simbólico de estos actores? ¿Cuán generalizada está la Rebelión Democrática, que ya aparece en el imaginario colectivo de nuestra niñez?

Cuando decimos que sorprende positivamente hacemos referencia a que, efectivamente, nuestros niños y niñas están entendiendo que los cuerpos de seguridad del Estado han decidido ubicarse en el lado de los malos, de los represores, los verdugos, los esbirros del régimen y no de la justicia. Que lo tengan claro es una buena noticia en este mar de malas noticias, porque significa que por encima de la tragedia y la crueldad que mucha de nuestra infancia está viviendo en su mundo de valores, está sacando un aprendizaje positivo, está distinguiendo entre el bien y el mal. Malo fuese que quisieran seguir a esta GNB y PNB, porque no puede ser ejemplo positivo la violación sistemática de los derechos humanos, agredir, vejar y maltratar a la ciudadanía, robar y matar al pueblo y a nuestra juventud.

Esto nos indica que hay esperanza, si nuestra niñez se ubica del lado de la Resistencia como lo correcto y valora su actuación como la correcta en defensa propia, de la democracia y de Venezuela y esto lo supone como un valor positivo, nos indica que vamos bien. Este juego simbólico también puede significar que niños y niñas consideran que esta batalla la ganará la Resistencia y por eso ubican ese lado como el de los buenos, como el ganador queriendo estar en ese rol a la hora de jugar.

El juego de roles nos muestra la realidad social y el contexto donde están viviendo niños y niñas, nos permite estimar cómo se está gestando su escala de valores y también nos dan una idea de cómo el enfrentamiento entre jóvenes de la Resistencia y cuerpos policiales y militares está presente hoy como parte importante de su cotidianidad, con tanta fuerza que aparecen representados ya en los juegos simbólicos de esta época en Venezuela. El deseo es a que a estos niños y niñas de hoy no les toque ser protagonistas juveniles de esta guerra y su adolescencia la vivan en una Venezuela con democracia, libertad y justicia social. Deseamos que todo quede para nuestra infancia de hoy como un juego simbólico, para eso estamos luchando.

Por: Angeyeimar Gil e Hisvet Fernández

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