Todo indica que la hegemonía china tiende a afianzarse sobre Venezuela. Trump hace esfuerzos por recuperar el terreno perdido. En este contexto, el país, paso de ser área en disputa, a dependencia china y rusa plenamente, esto es, del bloque que lideran estas potencias imperialistas. Jugada peligrosa de cara a la rivalidad entre las grandes economías planetarias. Aún así, la disputa continúa.

La tesis de plegarse a un imperialismo para enfrentar a otro es de larga data. Surge, de manera espontánea, por ese sentido común que siempre acompaña al oportunismo. Fue asumida por el chavismo tempranamente. Comienza el acercamiento el mismo año en que Chávez asume la presidencia de la República en 1999. Firman convenios los dos países que van a marcar el inicio de un proceso de penetración de capitales chinos con base en inversiones directas e indirectas, profundizando la tendencia de hacer de Venezuela zona en disputa.

Todavía hay quienes rehúyen hablar del revisionismo ya que, desde esta perspectiva, la gente no entiende la categoría. No la conoce. No es digerible. Claro, si no se propaga y explica, difícil que cale en la jerga de la política y del análisis de la realidad desde la rigurosidad científica. Puede ser sustituida por su contenido; socialismo de palabra, capitalismo de hecho. Pero la creemos necesaria para poder ubicar su realización, que se expresa de muchas maneras. Desde las más “cultas” a las más vulgares. En el caso que nos ocupa se articulan ambas formas. El revisionismo chino, que parte del mismo seno del partido comunista, y del nativo chavista. Socialismo de palabra, imperialismo de hecho el primero. Socialismo de palabra, capitalismo y dependencia de hecho, en el chavismo. Así, el uso de la categoría es importante.

Recordemos que ellas, las categorías históricas, resumen más que conceptos. Es un espíritu concreto el que dimanan, como es el caso que nos ocupa. Es más que eso de socialismo de palabra. Tiene una historia muy larga ya. Sobre todo el revisionismo en el poder. Las circunstancias actuales, con China a la cabeza demandan de su uso para la rigurosidad en el análisis. Igual con el chavismo. Vulgar en grado sumo, pero igual revisionismo en toda regla. Es importante este asunto toda vez que el engaño de que lo que se realiza en Venezuela cuenta con la fachada del socialismo, lo que en realidad ha derivado en una nueva versión de dependencia y semicolonialismo, afianzados por políticas fondomonetaristas.

Los chinos siguen alimentando la idea de que aliarse a ellos supone respeto de la soberanía y autonomía de los socios para determinar el desarrollo del país en cuestión. Tesis muy alimentada por el régimen. Hacen ver que las leyes y tendencias del capitalismo en su etapa superior y última, el imperialismo, son diferentes en China. Que se trata de una potencia paternal, aunque impongan políticas como las recién tomadas por Maduro, tan ajustadas a las impuestas por la troika contra los griegos.

El hegemón mundial

Los recientes ejercicios militares de Rusia y China son apenas una señal del poder bélico de este bloque, de sus preparativos para grandes confrontaciones por el reparto del mundo. Demostrando que en este terreno tampoco hay diferencias con otros imperialismos.

En última instancia, la política es continuación de la economía. La economía capitalista se orienta con base en el comportamiento de la cuota media de la ganancia; cómo frenar su caída es lo que conduce a la rivalidad entre las potencias capitalistas, ubiquemos que frenarla supone ampliación del mercado para los productos de una potencia u otra. Fuentes de materias primas más baratas y que eviten el uso de las propias.

Obreros baratos

China, apoyada en la baratura de sus obreros, el despotismo en la planta y sin organización sindical autónoma, materias primas abundantes y baratas, entre otras ventajas, logró alcanzar la más alta cuota de ganancia (G’) a escala planetaria. Imán que atrajo capitales de todas las potencias imperialistas. Ahora, ve el descenso de su G’, producto, principalmente de que, al constreñirse el mercado mundial, principalmente estadounidense, estimulan la demanda interna. Los obreros comienzan a ser caros. Comienza la caída.

Por eso los chinos, ahora herederos del liberalismo, presionan por la ampliación del mercado exterior. Lógico. El liberalismo es propiciado por las naciones que alcanzan competitividad. En lo que logran superar la competitividad de un rival, buscan la libertad para que esa mercancía se realice en ese mercado. En los rubros en los cuales no lo logra, buscan protegerse. Claro, nos referimos a las naciones que se diversifican. China se convierte en el hegemón contando precisamente con el grado de competitividad alcanzado.
Además, pugna china por fuentes de materia prima segura y barata. China es el demandante de materias primas más importante del planeta. También factor que permite frenar la caída de G’. Venezuela en la mira. Son muy baratas sus ofertas. Arrodillado el Gobierno venezolano ante el imperialismo emergente, aprovechan los asiáticos para sacar ventajas.

Así, ya se vislumbra la posibilidad de que hasta la sede del Fondo Monetario Internacional (FMI) se mude a Beijing, según Christine Lagarde, presidente del organismo. Y es que China ya representa la segunda votación en el fondo, además de ser el principal acreedor a escala planetaria.

EEUU, por su parte, guiados por el timonel de turno, un tanto estridente, busca recuperarse a toda costa. Podemos decir que eso le brinda la condición de ser el imperialismo más agresivo del momento. Presenta el imperialismo estadounidense como ventajas del momento, obreros tendencialmente más baratos… de allí la hipocrecia de Trump acerca de la migración. Le conviene al imperialismo yanqui la inmigración de ingentes masas de obreros baratos.

Una vez más el anticomunismo

Los “intelectuales” desatan entonces el anticomunismo. Aprovecha la histeria anticomunista para enfilar baterías contra el comunismo. Risible la afirmación según la cual China supone una conjugación de comunismo y capitalismo. Ese anticomunismo fastidioso parece ignorar cosas elementales de la realidad, de nuestra realidad, y se guían de manera irracional por la fraseología de la mafia gobernante, que por cierto, se legitima mientras más es acusada de socialista o comunista.

A fin de cuentas, la apologética económica en favor del capital, esa que perdió todo el aporte científico brindado en su oportunidad por Ricardo y Smith, levanta tesis axiomáticas que se ajustan a lo impuesto por Maduro en Venezuela o por Tsipras y Macri. Ello explica que sus demandas, de los economistas axiomáticos, se correspondan con buena parte de las Maduradas. Con el preámbulo de que se deben tomar medidas draconianas, siempre solicitan el recetario del aumento en el precio de la gasolina, del IVA, de los servicios públicos, entre otras, unido a la solicitud de fondos al FMI o a multilaterales para reflotar la economía.

De allíl la factura fondomonetarista del paquete. No debe haber dudas de que se trata de una versión venezolana de la tragedia griega. No las de Esquilo o Sófocles, sino de Tsipras. El disfraz de socialistas les sienta bien. De allí el engaño y la traición al pueblo. Los chinos pidieron demás. No solamente las medidas. También más entrega de nuestras riquezas a la voracidad del capitalismo chino, que, por cierto, es tan depredador y enemigo del medio ambiente como los gringos.

Suficiente evidencia de que se trata de una salida en extremo capitalista la tomada por Maduro, por lo que resulta una verdadera tontería que haya gente, intelectuales de alta factura incluidos, quienes piensen que se trata de comunismo el que encabeza Maduro. Vaya cosa a la que conduce el irracionalismo anticomunista.


Las opiniones emitidas son responsabilidad del autor

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here